Su vestido azul sobre el suelo, su brasier sobre el espaldar de mi sofá y sus bragas sobre el estéreo de mi departamento. Observo sus senos subir y bajar delante de mí, su cabello rubio desordenado a ambos lados de sus hombros, su labial color rojo hecho un desastre. Cierro mis ojos, la chica deja besos en mi pecho, su desnudez con la mía, sus manos acarician mis brazos, sus labios suben por mi mentón, pero al momento de llegar a mis labios, volteo mi rostro y lo evito.
Me levanto con ella en mis brazos, la coloco de espaldas en mi sofá, comienzo a follarla más y más fuerte, cubro su boca, evito escuchar un poco sus gemidos, vuelvo a cerrar mis ojos, los cierro con tanta fuerza que llega a doler, al abrirlos con un poco de dificultad la observo.
–Bruna... –susurro más para mí, aunque sé que ella lo ha escuchado, pero no intenta alejarme, es más, me fuerza a continuar.
–Sí, sí, vamos Amaro, de esa forma, follame de esa manera.
Lo hago, me vuelvo voraz y todo un primitivo, me vuelvo un animal, pero es que su rostro esta delante de mis ojos, sus ojos grandes, sus pestañas largas, su cabello rubio. Es como si tuviera a Bruna debajo de mí, haciéndola mía cuando siempre se nos daba la oportunidad de hacerlo.
Un gemido fuerte brota de los labios de la chica, continúo dándole más y más seguido, hasta que me vengo e inmediatamente me alejo de ella y tomando mis cosas camino hasta el baño de visitas. Quito el condón y lo hecho al inodoro, me doy una ducha rápida, solo para quizás quitarme su tacto, sus besos, su rastro.
Me detengo frente al espejo, me observo detalladamente, gotas de agua caen de mi cabello húmedo, coloco mi ropa de dormir y vuelvo a repetirme una y otra vez en mi mente.
‘Lo volviste hacer Amaro, has vuelto a tus jodidos consuelos.’
Salgo del cuarto de baño, la rubia a quien ni siquiera me tome la molestia de preguntar su nombre, esta vestida, arregla su maquillaje y yo sin esperar a que me lo diga llamo a un taxi. Ella toma sus cosas y camina hasta la puerta, tomo camino detrás de ella, me cruzo de brazos, la observo, si tan solo fuera ella, se que no se iría y se quedaría junto a mí, pero es que simplemente nadie, podrá igualarla en muchas cosas.
–Un placer coincidir contigo, Amaro, tan exquisito y único como dicen las revistas, feliz noche.
–Gracias, feliz noche.
Sonríe de lado y abriendo la puerta del departamento sale de este, termino de cerrar la puerta y coloco el seguro. Me doy media vuelta y tomo camino a la cocina. Allí busco un vaso y vierto jugo de naranja, me doy un sorbo, tomo unas botanas y tomo rumbo a mi habitación.
Enciendo el plasma, me recuesto en mi cama y coloco la laptop en mis piernas, al encenderla y entrar a mi usuario, ese fondo de pantalla me da la bienvenida. Una foto de Bruna en el yate de su hermano, sonriente, su cabello desordenado, el ancho mar azul adorna toda la parte de atrás. Llevo mi dedo índice hasta la pantalla, es como si quisiera sentirla nuevamente, es como si fuera capaz de rozar su rostro y sus labios.
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– ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué después de tanto?
–Bruna, por favor, no ahora, no es momento.
– ¿¡Disculpa!? ¿No es momento? ¿Y cuándo es el momento, Amaro? –su mirada fija, brazos cruzados. – ¿Terminar? ¿Por qué? ¿Qué hice mal?
–Nada.
–Sabes muy bien que detesto que no me digan nada en concreto, ¿Cuál es el motivo de que terminemos? Tú me quieres y yo a ti, Amaro, ¿Qué ocurre?
Tomo una bocanada de aire y me levanto del escritorio de la oficina que recién me dieron, la rodeo, me coloco delante de ella, mi mano derecha ahueca su mejilla, ella intenta arrebatarla, pero tengo más fuerza que ella y evito que así sea.
–Para lograr tener lo que deseo, debo forzarme más, tú me impides que sea de esa manera –veo como claramente aquello le hiere, a mí no. –Te quiero Bruna, pero tengo prioridades, y lo que más quiero, es sacar a mi familia de aquel barrio pobre, yo...
– ¡Amaro! Te lo he dicho, puedo ayudarte a que rentemos un departamento con ellos, siempre te he ofrecido mi dinero, yo amo a tu familia, tú sabes que yo... –la detengo con prisa, el claro desespero en su voz.
–No se trata de esto, Bruna, de que tú siempre quieras poner el dinero por encima de todo.
– ¡¿Disculpa?! ¿Lo dice el hombre que ahora tiene prioridades? –arrebata mi mano, intento tomarla nuevamente, ello lo evita. – ¡No me toques! ¡No me toques! –habla entre dientes, el enojo tan palpable. –Eres un desvergonzado, ahora resulta que soy yo quien te impide todo, Amaro, cuando fui yo quien dejo de salir y hacer cosas rutinarias por ti, ¡Por ayudarte! ¡Por…!
–No te obligue hacerlo –noto lo dolida que ahora está, noto sus ojos llenarse de lágrimas. –Quiero ser importante, Bruna, quiero valerme por mi mismo, quiero callar la boca de muchas personas, quiero y necesito hacerlo solo.
– ¿Y el amor? ¿Y el supuesto amor que sientes por mí? –en ese momento las lágrimas corren por sus mejillas.
–No todo es amor, Bruna.
–Amaro... –susurra, limpia sus mejillas. – ¿De verdad? ¿Me alejaras a mí? A mí, que tanto di por ti.
–Prioridades Bruna, otras mentalidades, surgir, ser importante, ser...
–Ok –me detiene, me mira fijamente. –No me busques más, de todas las personas, de la que menos esperaba una estaca, fue de ti, creo que es momento de dejar a un lado mi manera dócil de tratar a las personas –intento hablar, ella toma sus cosas, comienza a caminar a la salida. –Espero Amaro Martin, que nunca llegues arrepentirte de esto, espero que, logres lo que desees, y que tus prioridades se cumplan, suerte y adiós.
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Y me arrepiento...
Si, claramente me arrepiento de haber alejado a la única persona a la cual deseaba contarle al final del día mi avance en la empresa. Creí que, estar solo era mi mejor opción, que poner mis prioridades por encima del amor que sentía por ella, era la mejor decisión.
Luego me enteré, dos semanas después, que Bruna se había marchado, ni siquiera tuve el impulso de irle a buscar, luego de unos largos meses casi un año, hundido en el trabajo, recibí la noticia de su matrimonio.
Bruna se casó...
Fue lo único que mi mente intentaba procesar, ni siquiera quería saber con quién, solo allí supe que definitivamente ella había dejado de ser aquella dócil mujer para pasar hacer una mujer correcta. Sin una pizca de remordimiento y con decisiones claras. Supe que la había perdido desde el momento en que cruzo la puerta de aquella oficina, ni siquiera la perdí en cuanto se casó, no, la perdí antes y yo no me había percatado de eso.
Intente ir por ella, hacerla arrepentirse de lo que ella había cometido, pero no era capaz de ir y enfrentarla, con lo cobarde que soy, eso era imposible, porque fui yo quien decidió apartarla de mí, por solo pensar en mis cosas, en mis sueños y mis deseos. Ahora tengo y nada, tengo todo lo que quería, pero no tengo a Bruna y ella siempre ha sido importante en mi vida y joder, como le echo de menos.
La he necesitado más que nunca, mostrarle la persona que ahora soy, decirle que, gracias a ella y sus enseñanzas, yo estoy en el puesto que estoy. Que gracias a su paciencia y su constante ayuda soy un hombre reconocido, un hombre que cumplió sus prioridades, pero que ahora se da cuenta que el mayor de sus deseos no podrá cumplirse.
El estar con la mujer que aun ama, aquella que visualizo en cada mujer rubia que mis ojos ven, aquella que intento buscar en besos, caricias y gemidos de una noche.
¿Qué Bruna me rompió el corazón? No, claramente no, yo mismo lo hice, yo mismo rompí lo único que ella mantenía vivo y me lo merezco, claro que me lo merezco.