Relación abierta

1028 Words
Tara Orr y Austin Blake eran una pareja muy diferente a lo convencional. Ambos tenían una mentalidad demasiado liberal como para enfrascarse en promesas de amor eterno o un "te amo". Todas esas cosas cursis les daban mucha pereza. En lugar de eso, se prometían aventuras, muchas noches de alcohol y sexo desenfrenado. Austin había conocido a Tara en una de esas sesiones interminables donde los flashes no paraban y los cuerpos se movían al ritmo de la música. Él era fotógrafo, ella una modelo reconocida, y en el mundo de las pasarelas y las cámaras, sus caminos se cruzaron más de lo que cualquiera hubiera anticipado. Lo que empezó como una conexión profesional se transformó en algo mucho más liberador y despreocupado. Un "gusto a primera vista", como decía Austin. La atracción física fue innegable, pero lo que ambos descubrieron fue que no solo se trataba de eso. Con el tiempo, algo más profundo, aunque completamente fuera de las convenciones, comenzó a crecer entre ellos. Llevaban ya cinco meses de lo que más parecía una relación sin ataduras, una combinación de diversión sin compromisos y un respeto tácito por la independencia del otro. Ni Tara ni Austin eran de esos que creían en el amor eterno o en las promesas solemnes. Lo que tenían era libertad. Y eso, a su manera, los hacía sentirse más unidos que muchos otros. Aquella tarde, Austin no quería más que relajarse. Había terminado una sesión fotográfica antes de lo previsto y lo único que le apetecía era sentarse en el sillón y dejar que el tiempo pasara sin preocupaciones. La televisión encendida, su mente en modo descanso. No era como si necesitara mucho más para estar bien. El sonido de su teléfono vibrando y una pregunta de Tara rompieron ese estado. —¿Recuerdas las orgías a las que asistimos con las universitarias? —preguntó Tara, sin apartar la vista de su portátil, donde estaba revisando algunas fotos. Austin dejó escapar un suspiro mientras hacía un zapping sin ver realmente nada. —Sí. ¿Por qué? —musitó, sin levantar la vista. Estaba cómodo, con los pies sobre la mesa, el cuerpo relajado, pero su mente aún divagaba entre las imágenes de la sesión. Había un recuerdo particular de una rubia que le rondaba. La forma en que lo miró y luego le dijo que tenía novio. Lo odió por completo. Pero claro, no todos podían tener una relación tan... liberal como la suya. —La chica pelirroja de aquella vez... me está invitando a una fiesta este fin de semana. —Tara sonrió, algo entusiasmada por la idea. Austin la miró de reojo, claramente no tan interesado. —Sabes cómo terminan esas fiestas. —Austin la miró, levantando una ceja, aún sin cambiar de canal. No le apetecían esos lugares últimamente. Tara rió suavemente y dejó su portátil a un lado con un sonido sordo, más molesta de lo que intentaba aparentar. Se subió al sofá, sin ningún tipo de vergüenza, y se sentó sobre Austin, quitándole el control remoto y mirándolo fijamente. —No sé qué hacer contigo, me rindo. —Su tono era una mezcla de frustración y diversión. Austin, con una sonrisa ligera, le dedicó una mirada cansada y dejó el control en la mesa. Sin querer admitir que ya no le interesaban tanto esas fiestas, pensó en lo que realmente quería hacer. —Vale, te pongo atención. —La tomó por la cintura y le dio un beso fugaz en los labios. Ambos sonrieron, aunque la tensión entre ellos seguía flotando en el aire. —¿Qué quieres hacer entonces? —Tara se encogió de hombros, como si la respuesta fuera tan obvia que no valía la pena decirla. Austin pensó un momento, considerando sus opciones. —¿Por qué no vamos a tu club y escuchamos la presentación de Lucas, mientras pensamos en algo más divertido que hacer después? —Alzó una ceja, como si esa fuera la solución perfecta. Tara sonrió, divertida por la propuesta. Decidió no discutirlo. —Sería bueno. —Se levantó, comenzando a desvestirse. Austin la miró, sabiendo lo que seguía. Ella era una mujer segura de sí misma, y eso le gustaba. Estaba acostumbrado a ese tipo de libertades, sin necesidad de palabras. —Quizá podamos encontrarnos con Owen y su novia. —La frase de Tara lo hizo fruncir el ceño. No es que le cayera mal Owen, el amigo de Tara, pero no le gustaba la idea de compartir espacio con él en ese momento. —¿Owen? —Austin soltó un mohín, ya previendo lo que seguiría. —Sí, apenas ayer lo vi. Ya sabes... se volvió un mandilón. —Tara sonrió con suficiencia, mientras Austin soltaba una risita sarcástica. No era la primera vez que oía sobre Owen y sus problemas con su novia. —¿Y por qué será? —dijo Austin, con tono juguetón. —Supongo que el amor. —Tara sonrió, y Austin casi se echó una carcajada. —O tal vez la chica sea muy buena en la cama. —La broma hizo que Tara comenzara a besar el cuello de Austin. La química entre ambos siempre fue innegable. —Es muy linda y sexy, además de ser muy exitosa. —Austin dejó escapar un gemido bajo, mientras sus manos buscaban la cintura de Tara, apretándola con más intensidad. —¿La conoces? —Ahora la curiosidad de Austin había despertado. Tara, con su estilo desenfadado, siempre estaba rodeada de gente interesante, pero nunca le había hablado mucho de Renata, que casualmente se llamaba igual que su hermosa nueva jefa. Sería que… —Sale en todas las revistas de negocios. —Tara respondió mientras seguía moviéndose ligeramente sobre él. Austin la miró, intrigado. Ahora una duda se implantó en su mente, sería mucha casualidad si se trataba de la misma persona. Estaba claro que no la conocía del todo, pero estaba dispuesto a averiguar más. —Pues debería conocerla también. —Sonrió, besando a Tara con una pasión desenfrenada mientras la recostaba sobre el sofá. El deseo creció entre ellos con rapidez, ambos dejándose llevar por la conexión tan fuerte que tenían...
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