Inesperada reunión

1365 Words
Renata alzó su celular y llamó a Owen. Era una persona muy impaciente y, aunque se imaginaba lo peor, prefería saber de una vez en lugar de pasar todo el día con la incertidumbre. Su corazón latió con fuerza al escuchar cada tono de llamada, hasta que una voz al otro lado respondió con un "Hola". —¿Qué pasa? —dijo nerviosa. Hubo un silencio y luego una risa nerviosa. Renata frunció el ceño. ¿Eso era una buena señal? —Verás, amor... ¿Recuerdas a Tara? Mi amiga de la universidad... —Sí, la supermodelo —respondió Renata, llevándose el lápiz de madera que sostenía entre los dedos a la boca. —Ella tiene un club en el centro de la ciudad y quería saber si querías ir un rato para despejarte de lo que pasó anoche. —En otra situación, la rubia se habría negado, pero ahora que su relación estaba tan mal, decidió aceptar. —Claro, cariño —dijo con dulzura. —Genial. Pasaré por ti a las diez de la noche, ¿te parece bien? —Owen estaba tanteando el terreno. —Está bien, amor. Te amo. —Owen colgó sin responder al gesto de afecto. Aun así, Renata sonrió emocionada. No le gustaba salir, pero haría el esfuerzo por su novio, con la esperanza de arreglar las cosas porque realmente no quería perderlo. Se concentró en sus asuntos del día. Al menos ahora podía trabajar con más tranquilidad, sabiendo lo que Owen había querido decirle esa mañana. A las seis en punto, tuvo su última cita con una pequeña familia que acababa de comprar una casa en los suburbios. Después de eso, regresó a su apartamento, se duchó y eligió un vestido acorde al lugar. La mayoría de su guardarropa gritaba elegancia y formalidad, pero recordó que tenía un hermoso vestido rojo que le llegaba justo por encima de los muslos, lo bastante corto como para llamar la atención. Se maquilló y peinó, alisó un poco su cabello y se puso unos tacones altos, plateados. Mientras se preparaba, escuchó la cerradura del apartamento abrirse; Owen había llegado por ella. Sonrió frente al espejo, le gustaba su aspecto, aunque siempre recordaba lo que había debajo de la fachada. Negó con la cabeza, desechando esos pensamientos, y se dio la vuelta cuando Owen entró en la habitación. El castaño la miró de arriba abajo y sonrió al ver lo hermosa y sexy que estaba. —¿Lista? —Renata asintió mientras tomaba la mano de su novio. No tenía idea de lo que le esperaba en aquel club. Renata lo recibió con un beso suave. Quería comportarse de forma cariñosa, no quería más peleas, y esperaba que Owen pensara lo mismo. Para su suerte, él no dijo nada negativo, ni siquiera sobre su atuendo. Esta vez, no se había vestido tan mal como en otras ocasiones, cuando solía llevar sus largas faldas plisadas y blusas que no mostraban absolutamente nada. Owen estaba sorprendido de lo bien que había escogido su ropa. Se veía muy sexy. Owen abrió la puerta del copiloto para que Renata subiera, y luego él se acomodó en el asiento del conductor. Manejaba con calma; quería que esa noche fuera memorable. Tal vez podrían hacer algo divertido. La idea lo emocionaba y sonrió. —¿Estás feliz? —preguntó Renata al ver la sonrisa brillante de su novio. —Tengo expectativas para esta noche —admitió. Tenía que saber si Renata volvería a ponerse en modo “monja” o si podía soltar cualquier esperanza desde ahora—. Prométeme que te soltarás un poco. La rubia dudó. No creía que fuera a ser más que una noche de bebida y baile, y con eso no tenía problema. —Lo prometo —dijo entusiasta, y Owen sonrió con más intensidad. Llegaron al club, que estaba en su máximo apogeo. Owen entregó las llaves al valet y tomó a Renata de la mano para entrar. La música retumbaba por todo el lugar; algunas personas bailaban junto a sus mesas, otras en la pista, y otros simplemente bebían como si no hubiera un mañana. Las luces de colores cegaban poco a poco, haciendo difícil caminar sin tropezar. —Pero mira a quién tenemos aquí —dijo un hombre tan corpulento como Owen, acercándose a saludarlo efusivamente. El castaño no tuvo problema en devolverle el saludo de igual manera, soltando así la mano de Renata—. Caramba, ¿acaso Tara planeó una reunión y no me lo mencionó? —Owen soltó una carcajada; su viejo amigo Brad había sido el capitán del equipo de fútbol americano en su universidad. Aunque solía hacer más tonterías de las que decía, siempre había sido un buen compañero. —Parece que sí —respondió Owen, dándole una palmada en el hombro, aún emocionado de verlo. —¿Y quién es esta preciosura que está detrás de ti? —Brad alzó una ceja y miró a Renata, recorriéndola con la mirada. Ella levantó una mano como saludo y sonrió amistosamente—. Soy Brad, preciosura. Renata estaba emocionada de conocer a los amigos de Owen. Era raro, porque él nunca la había presentado con nadie, ni siquiera con sus padres. Siempre alegaba que estaban de viaje, en un crucero o cualquier otra excusa que se le ocurriera. A veces, Renata pensaba que Owen no quería presentarla porque se avergonzaba de su aspecto. —Bueno, deberíamos buscar a Tara y preguntar qué significa todo esto —dijo Owen, con una risa nerviosa mientras volvía a tomar la mano de Renata, llevándola hacia una terraza. Se sorprendió al ver a varios amigos reunidos ahí. "¿Qué está pasando?", se preguntó Owen. —Vaya, mira a quién tenemos aquí, ¡qué gusto verte! —exclamó Max, acercándose a ellos con una botella de vodka en una mano y un vaso en la otra. Había claramente invitados inesperados. Owen empezó a ponerse nervioso y soltó una risa incómoda. Renata, por su parte, estaba complacida, era la primera vez que conocía a los amigos cercanos de su novio. Max le extendió una copa a Renata con una sonrisa. —Y otro trago para la bella dama —dijo Max. Renata le devolvió la sonrisa y tomó la copa. Ella no solía beber mucho, solo lo necesario, nada que la hiciera perder el control o la noción del tiempo. Así que una copa no le haría daño. —¿Pero cómo...? ¿Cuándo...? —Owen seguía perplejo, sin entender del todo por qué estaban allí. Tenía que haber sido idea de Tara. —¿Quién crees que sea la culpable de que estés aquí hoy? —bromeó Brad, señalando con la mano a su espalda. —¡Chicos! —La voz de Tara resonó detrás de ellos. Caminaba como toda una diosa, tomada de la mano de Austin. Todos le sonrieron, era la reina de la fiesta—. Owen... amigo, pensé que no vendrías, y veo que no vienes solo —dijo con una sonrisa socarrona. Renata notó su actitud, pero su atención se desvió hacia el chico de cabello n***o, alto, de cuerpo atlético y ojos enigmáticos que la observaba. Renata se sintió perdida en su mirada por un instante, no podía creer que se tratara de Austin, su fotógrafo. ¿Qué estaba haciendo aquí? Pero desvió su mirada a las manos entrelazadas de ambos chicos, sintiendo que se había perdido de algo. Owen hizo un gesto nada amigable al cruzarse con Austin, lo que dio a entender a Renata que el chico no era de su agrado. Se preguntó por qué. Un grito desde la piscina llamó la atención de todos en la terraza. Se levantaron de sus asientos y vieron que un joven había caído al agua. —Apenas llegas y ya estás borracho. No tienes remedio, Samuel —dijo Tara, poniendo las manos en la cintura mientras miraba a su amigo. Luego hizo una seña a Brad y Max para que lo ayudaran. Estos dos, como búfalos, levantaron el cuerpo mojado y ebrio de Samuel. Owen se acercó a Tara, dejando a Renata sentada en una mesa, degustando su bebida. El castaño necesitaba una explicación.
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