—Lo hiciste muy bien, fue maravilloso —felicitó Austin a Renata, sacándole una hermosa sonrisa mientras le depositaba un pequeño beso en los labios. Esta vez era el turno de él para darle placer a Renata. Empezó por recostarla en la cama, subiéndose sobre ella cuidando de no aplastarla. Claro que al mirar un par de esposas que descansaban en una de las almohadas, no pudo evitar mirar a Renata dudoso. ¿Era eso lo que él creía, o estaba equivocado y haciéndose ideas que no eran? —Quiero que las uses conmigo —dijo Renata, con sus mejillas rojas, totalmente avergonzada pero sin un rastro de duda, mientras se mordía el labio y miraba atenta la reacción de Austin—. Confío en ti, Austin. Austin se acercó a ella, besándola nuevamente. Había corrido con mucha suerte al tenerla a su lado, sintién

