Clímax perfecto

1339 Words
POV IGNACIA RECUERDOS PASADOS William había estado conmigo todo el tiempo. Conversábamos con naturalidad, como si nos conociéramos desde hacía años. De vez en cuando, brindábamos entre risas, disfrutando de la amena charla. —¿Sueles venir a fiestas como esta? —me preguntó finalmente, mientras daba un sorbo a su vaso. —No, la verdad es que no. Hoy es una excepción —respondí. Y entonces, como un relámpago, volvieron a asaltarme esos sentimientos de culpa. —¿Ah, sí? ¿Por qué? —me miró curioso. —Prefiero no hablar de ello —contesté, tratando de desviar el tema. —Oh, lo siento. No tienes que contarlo si no te sientes cómoda —respondió con una sonrisa comprensiva. —Gracias —dije, aliviada por su respeto. En ese momento, Irene y Bryant se unieron a nosotros. Irene miró a William con expresión de sorpresa, levantando una ceja de forma casi imperceptible antes de guiñarme un ojo. Sabía exactamente lo que trataba de decirme. —Ignacia, ¿te importaría que me lleve a Irene un momento? Quiero mostrarle algo —preguntó Bryant, mientras rodeaba a Irene con un brazo. Ella se sonrojó al instante. —¿Mostrarle algo? Adelante, no hay problema —respondí con una sonrisa provocadora, disfrutando del rubor que invadía el rostro de mi amiga. —Gracias, Ignacia. Vamos, Irene —dijo Bryant, tomándola de la mano. —Gracias, cariño. Te veré más tarde —me dijo Irene, siguiéndolo con pasos apresurados. No pude evitar reírme al verlos partir. —Parece que las cosas van bien entre esos dos —comentó William entre risas. —Definitivamente —afirmé, sonriendo. De repente, todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor. —¿Ignacia? ¿Estás bien? —William me sostuvo, preocupado. —Sí, solo me siento un poco mareada. Creo que bebí más de la cuenta —dije, dejándome caer contra su pecho en busca de estabilidad. —Ven, vamos afuera. Un poco de aire fresco te ayudará —me rodeó con el brazo y me condujo a través de la multitud hacia el exterior. Una vez fuera, nos sentamos en un banco del jardín. El cielo, repleto de estrellas, y la luna llena creaban una atmósfera casi mágica, como sacada de un cuento de hadas. Apoyé mi cabeza en su hombro, mientras él mantenía su brazo alrededor de mí. Su cercanía me provocaba sensaciones que no lograba entender del todo, como una chispa recorriendo mi cuerpo al sentir su contacto. Anhelaba su calor, su olor, su presencia... incluso sus labios. El alcohol parecía intensificar cada emoción. —William —dije, rompiendo el silencio. —¿Sí? —respondió, mirándome. Levanté la cabeza y lo miré directamente a los ojos. —Lo siento mucho —murmuré. William alzó una ceja, desconcertado. —¿Sentir qué? —preguntó, visiblemente sorprendido. Sin pensarlo, acerqué mis labios a los suyos y lo besé. La sensación que recorrió mi cuerpo era indescriptible: una mezcla de seguridad, deseo y amor se apoderó de mí. Jamás había experimentado algo así. No había nada comparable en este mundo. Él se quedó inmóvil al principio, sorprendido por mi audacia. Me di cuenta de lo que acababa de hacer y me alejé rápidamente. Su rostro mostraba una mezcla de confusión y asombro. ¡Qué tonta fui! ¿En qué estaba pensando? ¿Por qué bebí tanto? Esto no puede acabar bien. —Lo siento... —balbuceé, mientras me levantaba para irme, incapaz de mirarlo a los ojos. La vergüenza y el arrepentimiento me invadían por completo. Sin embargo, antes de que pudiera alejarme, sentí su mano sujetando mi brazo. Me giré lentamente, pero no lo miré directamente; en su lugar, fijé la vista en el suelo, abrumada por mis propias emociones. William apartó con delicadeza unos mechones de mi rostro y acarició suavemente mi mejilla. Sus ojos se clavaron en los míos y mi corazón dio un vuelco. —William, de verdad lo siento. Fui una tonta. Entiendo si estás enfadado conmigo... —comencé a disculparme, pero me interrumpió acercándose de nuevo y besándome con suavidad. Esta vez, fui yo la que quedó completamente sorprendida. Pero ese desconcierto se desvaneció de inmediato. Cerré los ojos y le devolví el beso, entregándome al momento. Él me rodeó con sus brazos, atrayéndome aún más hacia su cuerpo, mientras mis manos acariciaban su cabello. Era como si el mundo hubiera desaparecido a nuestro alrededor. No existía nada más, solo él. Todas mis preocupaciones y miedos se esfumaron en ese instante. Estaba flotando en una nube de felicidad. El beso, que comenzó suave y lleno de ternura, se fue tornando más intenso, más apasionado. Era un torbellino de emociones, como si no existiera un mañana. Si hubiera sabido las consecuencias de ese momento, probablemente habría salido corriendo. Subimos a su coche, con el deseo ardiendo entre nosotros y el alcohol nublando nuestros sentidos. Nos dirigimos a su apartamento, pues tenía un lugar propio, y para entonces ya no podía pensar con claridad. Lo que acababa de suceder se desvanecía en mi mente como un susurro lejano. Al llegar a su casa, nos fuimos directo a su habitación, sin decir palabra. Su boca se apoderó de la mía, y nuestras lenguas danzaron al unísono, envueltas en un torbellino de caricias cargadas de pasión. Sus manos se deslizaron por mi cuerpo, desabrochando mi vestido sin esfuerzo, el cual cayó al suelo en un instante. Mientras tanto, mis manos ansiosas hicieron lo propio con su camiseta y pantalones, descubriendo su cuerpo trabajado, que me atraía como un imán irresistible. Quedamos en ropa interior, sin que nuestros labios se separaran ni un segundo. La intensidad entre nosotros no hacía más que crecer, y cada contacto, cada roce, era una chispa que encendía fuegos artificiales dentro de mí. De repente, interrumpió el beso y, con una sonrisa traviesa, me levantó en sus brazos al estilo nupcial, llevándome suavemente hasta la cama. Me dejó caer sobre las sábanas y yo lo atraje hacia mí, buscando de nuevo sus labios con urgencia. Se tumbó sobre mí y comenzó a acariciarme. Cuando llegó a mis pechos, levantó la mirada con ternura, preguntando en silencio. —¿Puedo? —murmuró con suavidad. Qué dulce que aún pidiera permiso en medio de todo. Asentí, y él, con cuidado, desabrochó mi sujetador. Cada contacto de sus manos sobre mi piel me arrancaba suspiros, y con cada caricia, un fuego nacía dentro de mí. Su boca dejó un rastro de besos desde mi cuello hasta mis pechos, mientras sus manos exploraban cada rincón. —William... hazlo. Quiero sentirte —gemí, y él sonrió antes de despojarse de sus bóxers. Nos deshicimos de la última barrera entre nuestros cuerpos, y en medio de la pasión, volvió a besarme mientras entraba en mí con suavidad. Un leve tirón hizo que mi rostro se tensara brevemente. Él lo notó de inmediato, deteniéndose para mirarme preocupado. —¿Estás bien? Si prefieres, podemos parar... —No, sigue —respondí con una sonrisa, y lo besé de nuevo, más ansiosa. Comenzó a moverse, despacio al principio, como si tratara de sincronizar su ritmo con el mío. Cada uno de sus movimientos encendía en mi interior sensaciones indescriptibles. Sus manos recorrieron mi cuerpo, sus dedos trazando líneas en mi piel mientras su boca seguía devorando la mía. El mundo desapareció. No había nada más que nosotros dos. Solo eso importaba ahora. La mezcla de deseo, ternura y emoción crecía con cada una de sus embestidas. Sentía que mi cuerpo vibraba con la misma intensidad que el suyo. Poco a poco, sus movimientos se hicieron más rápidos, más profundos, y lejos de dolerme, lo encontraba completamente embriagador. El clímax llegó sin avisar, envolviéndonos a ambos en una ola de satisfacción. William me miró y me regaló una sonrisa suave antes de besarme con ternura. Se acostó a mi lado, y yo me acurruqué entre sus brazos, dejando que el calor de su cuerpo me envolviera. En cuestión de minutos, el sueño me venció, cayendo en un profundo descanso.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD