Me llevaré el Volvo

834 Words
Cuando comenzaba a estresarme por la demora, me informan que estaba todo listo. Reviso los documentos y en efecto están muy bien elaborados. — Lo felicito señor verdugo, son muy buenos — reconozco y también me doy cuenta de que había realizado pases de conducir para cada una de las identificaciones, lo que era bueno. — Me alegra que sea de su agrado — responde. — Estaré en contacto con usted para cualquier cosa que necesite — comento. Me giro para salir de ahí sin escuchar su respuesta. Sé que el hombre está feliz por la cantidad de dinero que le di por estos documentos. Salgo de aquel lugar y comienzo a buscar un sitio para comprar un auto, uno que no llame la atención. — Sea bienvenida a Autos Flavio. ¿En qué le puedo colaborar? — pregunta una de las asesoras. — Busco un auto, uno que sea sencillo — sonrío para generar confianza. — Por supuesto, tenemos a disposición un Volvo XC60 a muy buen precio — sonríe. — Después de usted — señalo el camino. Ella comienza a mostrarme el auto que había mencionado, sin duda alguna, con este auto podré pasar desapercibida. La mujer intenta por todos los medios enseñarme autos deportivos de lujo, puesto a que antes de entrar en aquel lugar, había cambiado mi vestimenta por una no tan deportiva, aunque tampoco no tan elegante. — Me llevaré el Volvo — respondo a su insistencia. — Claro — pude ver la decepción en sus ojos. No me importaba en lo absoluto que esa mujer me odiará, por no haber comprado el auto que ella quería. Me concentro en hacer toda la documentación necesaria por la compra. Cuando todo está listo, me subo al auto y conduzco hasta aquel apestoso hotel. Miro por todos lados y observo que ya no había ninguno de los hombres de Dominik. Entro en aquel sitio sin dejar de observar la situación de una forma no tan sospechosa. Consigo entrar sin que nadie repare mi existencia. Reviso la habitación, solamente para asegurarme que no hay nada extraño. Consigo observar que todo estaba en orden, incluso mis tesoros. Tome la decisión de quedarme únicamente por esta noche e irme a primera hora. No podía quedarme o de lo contrario, esos hombres volverían pronto y no es lo que deseo. Aseguro que la puerta para no llevarme sorpresas. Me doy una ducha, cuando salgo me debato en sí debía colocarme un pijama o ropa deportiva para en caso de huir. Mi instinto me advertía que debía irme de inmediato, me estaba colocando ansiosa y no podía dejar de mirar por la ventana. Aún me encontraba envuelta en la toalla mirando hacia afuera de la habitación. Llevo mi mirada hasta mi ropa y decido vestirme con la ropa deportiva. Apenas termino de hacerlo, meto todo en la maleta que había comprado, me coloco la gorra y destapo el televisor para sacar el dinero y la memoria. Guardo todo y me aseguro que nada se me queda. Cuando me aseguro que todo estaba listo, me cruzo la maleta y justo cuando estaba por salir de la habitación, pude ver que aquellos hombres regresaban al hotel. Salgo con cuidado y entrego la llave de la habitación, agacho la mirada para que no me vean. Paso por el lado de uno de los hombres y no se da cuenta de que era yo. Camino de forma disimulada hasta el auto, me subo y lo enciendo para huir de aquel lugar. — Debo huir… — murmuro para mí. Consigo escaparme de ellos por segunda vez el día de hoy. Respiro profundo al saber, que nuevamente conseguí colocar distancia. Conduzco con cuidado para evitar un accidente, sin embargo, la velocidad a la que iba, no era la permitida por la ley. Al observar uno de los carteles de uno de los pueblos cercanos de donde estaba, consigo respirar sin problemas y bajo la velocidad. Conduzco sin detenerme, no sabía a donde ir y esconderme de Dominik. Llego hasta una gasolinera y me detengo en aquel sitio, lleno el combustible y cuando termina de llenarse, entro a la tienda que ahí había, para cancelar lo adquirido, junto con comida suficiente para el viaje. Regreso al auto y reanudo mi viaje. — Va a ser un largo viaje — menciono al subirme. Si estuviera una persona en este momento, pensará que estoy loca por hablar sola. Después de todo, quizás si lo esté. No puedo negarlo. Comenzaba a sentirme somnolienta, ya había pasado tres pueblos y me encontraba en el cuarto pueblo de este viaje. Detengo el auto apenas encuentro un hotel más decente que el anterior. Tomo mi maleta y entro. — Una habitación por favor — le pido al hombre que masticaba con la boca abierta y el cual se veía repugnante. — ¿Cuántas noches? — pregunta. — Una — respondo. — Ciento cincuenta coronas — responde. — Aquí tienes — extiendo el dinero y él me entrega las llaves.
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