Narra Sophia
Mi alarma suena a las 5:00 am y me levanto feliz, por primera vez en mi vida me hace tan dichosa levantarme temprano. Hoy será un día maravilloso, será el inicio de una nueva etapa para mí, este es el comienzo de lo que será vivir como una famosa modelo.
—Sophi, tu padre está listo para llevarte al aeropuerto.
—Sí, mamá. Ya voy.
Empaco algunas cosas que me hacían falta, y salgo de mi habitación con la convicción de que el día que regrese será convertida en toda una estrella.
—Mi cielo, promete que estarás informándonos todo, apenas abordes el avión y cuando aterrices, me llamas.
—Si madre.
A mis 21 años decido salir de mi bella Montreal con el fin de perseguir mis sueños, desde niña he querido ser una grandiosa modelo o actriz de telenovela, pero digamos que en Canadá tengo mucha competencia, somos demasiadas rubias de ojos azules en un mismo lugar; creo que mis facciones pueden ser de mayor impacto en otros lugares. Así que mi amada amiga Jessica, hace unos días me dijo que una pequeña marca en Los Ángeles California, estaban buscando a una modelo y ella obviamente me recomendó. Mis padres pusieron el grito en el cielo, pero saben que cuando algo se mete en mi cabeza, no hay poder humano que lo quite —a menos me corten la cabeza.
Durante días, me preparé usando todos mis tips de belleza, mis rutinas de ejercicio, mi dieta y todo lo que se requiera para estar al cien por ciento.
Después de despedirme de mis padres y de emprender sola un viaje de aproximadamente seis horas, me pongo en contacto con mi amiga Jess, para que sepa que dentro de poco estaré en la ciudad; también le agradezco por su recomendación y por apoyarme en el inicio de mi carrera. No tengo duda de haber tomado la mejor decisión.
Mis padres esperaban que me inclinara por algo diferente, pero no quería enfrascar mi vida en algo que no me apasionara. Gracias a Dios el apoyo de ellos en mis decisiones siempre ha sido incondicional, son mis cómplices en las locas aventuras que he querido atravesar.
—Mamá, ya he llegado a Los Ángeles. Me dirijo hasta el lugar donde se harán las fotos. Más tarde me veré con Jess.
Sé que mamá ha de estar muy sentimental, pero pronto se entenderá que es lo mejor para mí.
—Hola, soy Sophia Tremblay. Vengo para la sesión de fotos.
—¡Oh, bienvenida!
Un joven de unos veinticuatro años me recibe de manera espontánea, me pide que lo siga hasta el interior de un estudio donde hay un par de chicas más.
—Sophia, es un gusto conocerte. Jessica nos habló muy bien de ti. Soy Ana, la creadora de la marca Blue Socks.
El nombre de la marca fue algo raro para mí, pero aun así recibo su mano y la estrecho con amabilidad.
—Gracias por la oportunidad.
—Ven, antes de iniciar queremos que firmes el acuerdo, al final te daremos tu paga.
Asiento con mi cabeza y recibo el documento que me entrega Ana, la hoja es un acuerdo o permiso para hacer uso de mis pies para hacer fotos de… Esperen, vuelvo a leer el párrafo desde el inicio y dice ¿pies? Pero ¿Qué carajos es esto?
—Disculpa, ¿las fotos serán de mis pies? —pregunto rascando mi cabeza.
—¿Jess no te lo dijo? Nuestro emprendimiento es sobre calcetines. Así que solo necesitamos fotos de tus pies usando nuestras medias.
Creo que debí pedir más información antes de emocionarme y empacar mis maletas.
—Claro, si, ella creo que lo mencionó; debí olvidarlo.
Firmo la hoja porque ya no hay de otra, espero a que la chica se retire y me doy la vuelta para lamentarme unos segundos. Creí que era una gran empresa y es un pequeño emprendimiento de calcetines, para nada hice dieta y ejercicio, de saber que solo eran mis patas no me hubiera esforzado en venir. ¡Ay, mis ahorros!
—Sophia, estamos listos, cuando quieras empezamos.
Le sonrío a la mujer ocultando mi decepción y voy hasta lo que ellos le llama un “set” el cual es un pequeño rincón intervenido en el que han colocado de fondo el nombre de la marca.
El fotógrafo me dice lo que quiere, así que remango las botas de mi pantalón y me pongo las medias para las fotos; fueron unos diez pares de medias que usé y los que intercalé con diferentes poses de mis pies. Luego de una hora y media más tarde, terminamos y escogen las mejores fotos. Ana, siendo muy amable me entrega un cupcake y un sobre con mi paga.
Salgo de aquel lugar sin abrir el sobre, la verdad tenía terror de saber cuánto dinero me darían. Luego de caminar un par de metros con mis maletas en los hombros, tomo un taxi para ir hasta el apartamento de Jess, sentada en la parte trasera del vehículo, tomo aire y abro el sobre con cuidado para mirar su interior; deslizo los billetes que se veían y caen en mis manos solo quince dólares.
—¡No! —grito espantando al conductor.
—¿Qué pasa? —pregunta el hombre frenando de repente.
—Gasté más viniendo a este lugar que lo gané en las fotos, mi padre se va a morir ¡Dios! Debí pedir más información.
El hombre asustado me mira por el retrovisor, pensará que me he vuelto loca.
—¿Quiere que la deje aquí?
—No, usted siga conduciendo solo estoy teniendo una crisis.
Unos minutos después, llego un pequeño edificio. Afuera me espera mi amiga con una gran sonrisa.
—¡Sophi! ¿Cómo te fue con las fotos?
—Me fue bien, aunque tuve una crisis existencial pero ya lo he superado. Sin duda he tenido un inicio en mi carrera, hoy solo modelé mis pies pero por algo se empieza, hoy he dado el primer paso —literal.
—¡Cuánto me alegra! Ven, pasa.
Subimos las escaleras hasta llegar a su algo desordenado piso. Jess, puede ser algo desordenada pero igual aprecio lo que hace, puedo acomodarme aquí mientras encuentre un lugar al que pueda ir.
Los días pasaron, luego las semanas y en un abrir y cerrar de ojos, pasaron tres meses. En esos tres meses gasté el dinero que traía conmigo, incluyendo los quince dólares.
—Escucha, no estés deprimida, quizás pienses que es mucho tiempo pero ya verás que algo llegará.
—Lo sé, pero no puedo dejar de pensar en mis padres. Ayer le dije a mamá que ya me había mudado a un lindo apartamento y que había firmado un contrato con una agencia. Me siento mal por mentirle pero sé que estaría muy triste si sabe que no he logrado nada.
—No te sientas, algo haremos.
Me angustia saber que no me queda nada en el bolsillo y que las responsabilidades no esperarán, me da pena sentir que soy una carga para Jess, pues ya me da alojo, no quiero que me mantenga.
—Voy a conseguir un empleo, haré lo que sea, puedo trabajar hasta cuidando perros, y los días que consiga algo como modelo también lo haré. Pero necesito ganar dinero.
—Creo que hay algo que puedes hacer. Bueno, aun no estoy segura pero la hermana de una compañera de la universidad, trabaja en un restaurante de comida mexicana y el otro día escuché que estaban buscando a una camarera.
—Lo haré, puedo hacer eso, no creo que sea muy difícil.
—La llamaré y preguntaré si aún necesitan a alguien.
—De acuerdo.
No es lo que estaba esperando ahora pero no creo que sea complejo, tampoco creo que tarde mucho tiempo allí. Estoy segura que algo muy pronto aparecerá, lo puedo sentir.