La misma noche Francia, Oradour-sur-Glane Bruno Dicen que todo puede cambiar en un segundo. En un instante puedes sentirte en la cima del mundo, con el viento de la victoria acariciando tu rostro, y al siguiente, ese mismo viento te arrastra hacia un abismo sin fondo, como un castillo de arena devorado por una ola implacable. Pero lo más desconcertante, lo que realmente hiela la sangre, es no ver ese cambio venir. No hay aviso, no hay señal. Simplemente sucede. Es como caminar sobre un puente en medio de la niebla, creyendo que cada paso es seguro, hasta que de repente el suelo desaparece bajo tus pies. Entonces caes. Y no hay tiempo para gritar, para buscar algo a lo que aferrarte. Solo estás ahí, suspendido en el caos, intentando entender cómo el mundo que conocías se de

