“El hombre muere tantas veces como pierde a cada uno de los suyos.” Publio Sirio. Hasta ese momento, 20 minutos después, William ya había derribado a unos cuántos pero aún se encontraba afuera. > se dijo a sí mismo en su fuero interno. Corrió hacia la entrada, sin dejar de disparar y esquivando balas a la vez, pero sólo le bastó voltear a un lado para darse cuenta de los azules ojos idénticos a los suyos agonizando sobre el suelo, entonces algo se sacudió dentro de sí mismo. > —¡Caleb! —le gritó—. ¡Caleb! —volvió a llamarle, pero éste apenas mostraba signos vitales—. ¡Caleb! —volvió a gritar sin saber que más decir, lo miraba instantes y los demás miraba hacia el frente, los lados y arriba mientras disparaba en ataque y defensa al mismo tiempo. Tras él habían otro

