3. Persecución

2394 Words
Fernando llegó a la ciudad de México con su bebé en brazos, y al primer lugar al que se le ocurrió ir fue a la pensión para estudiantes. Allí había vivido los últimos años, porque el dinero que su padre le depositaba para la renta de un departamento, él lo ahorraba para montar su consultorio; de esta forma, sin que sus padres lo supieran, había vivido en una modesta casa para estudiantes. Ninguno de sus amigos sabía sobre su verdadera posición económica, no solía presumir ni vivir con lujos, pensaba que  la fortuna era de su padre, a él solo le pertenecía lo que podía lograr con el esfuerzo de su trabajo. — Buenas noches señora Hilda ¿todavía está vacía mi habitación? ¿Me puedo quedar unos días? — Le preguntó a la mujer que le abrió la puerta, y que era la dueña de la casa. — ¡Fernando! ¿Qué haces aquí con ese bebé? Pasa, pasa hijo, sí, todavía está vacía, tal como la dejaste. — Muchas gracias, estoy exhausto, pero debo ir a comprar algunas cosas para la bebé ¿Le importaría cuidármela un momento? No tardaré nada. — Está bien hijo, ve, yo me quedo con ella. Está muy chiquitita ¿De dónde la sacaste? — Ya le contaré todo, no tarda en despertar y ya se terminó la leche que traía en la mamila. Fernando salió, cerca de ahí había un supermercado y dentro había una farmacia, afortunadamente tenía su tarjeta, ademas del dinero que había ahorrado para montar su consultorio. Compró todo lo necesario: pañales, algunas mudas de ropa para la pequeña, ropa para él (porque había abandonado su maleta), la fórmula especial para la recién nacida y más biberones. Tenía conocimientos básicos sobre el cuidado de un bebé, lo que había aprendido en la carrera, lamentó no haber elegido la especialidad de pediatría, pero gracias a dios, tenía una idea vaga de lo que tenía que hacer. Volvió a la pensión y la señora Hilda, ya había bañado a la criatura, le había lavado las mamilas y la había envuelto en una sábana limpia. — Qué bueno que ya volviste, la bañé porque por que se hizo popó y se ensució toda, ya no traes pañales en la maleta. — Muchas gracias Hilda; sí, aquí traigo de todo, también la fórmula para alimentarla. — Lo ideal sería que la alimentara su madre ¿Dónde está ella? ¿Por qué no vino contigo? — Ella… Ella está muerta — Se le quebró la voz al decir esas palabras, la adrenalina de la huida, no le había dejado tiempo para llorar la muerte de su amada. — ¡Dios bendito! ¿Es tu hija? ¿Te quedarás con ella? — Sí doña Hilda, yo soy el padre, y soy lo único que tiene, de ahora en adelante viviré sólo para ella. — Dios te bendiga hijo, no cualquier muchacho de tu edad, tiene los suficientes pantalones para asumir una responsabilidad así. Vístela, mientras yo le preparo la mamila, porque no tarda en llorar. Después de alimentarse, la bebé quedó dormida, Fernando la acostó sobre la cama y le colocó almohadas alrededor; era muy pequeña para moverse, pero mejor prevenir. Aprovechó para ducharse con la puerta abierta, para estar pendiente de su hija, e intentó dormir (tenía que descansar); planeaba ir a buscar sus profesores, esperando que alguno lo pudiese recomendar en algún hospital, para entrar a trabajar. Afortunadamente, Mariana durmió tres horas continuas después del biberón y él pudo dormir un poco. Cuando amaneció, le pidió a la señora Hilda que cuidara a la bebé, debía ir a la universidad, tenía que encontrar un trabajo pronto. Siempre fue el mejor alumno de su clase, además contaba con el aprecio de todos sus profesores, así que no dudaba que alguno podría brindarle ayuda. Al primero que buscó fue a su asesor en el internado, el doctor Flores. Le explicó lo que le había pasado, y la necesidad que tenía de trabajar para poder hacerse cargo de su niña. El doctor Flores llamó a un hospital y pidió que lo entrevistaran. Él mismo se ofreció a hacerle una carta de recomendación; todo parecía estar saliendo bien, esperaba que al estar en una ciudad tan grande, “El checo” no pudiera encontrarlo. Salió de la universidad y pasó por una cabina telefónica, compró una tarjeta, necesitaba comunicarse con sus padres, que debían estar muy preocupados por él, tenía que haber regresado el día anterior. Estuvo llamando, pero no tuvo éxito, la línea sólo sonaba y sonaba, era como si no hubiera nadie en la hacienda. Caminó hacia la salida de la universidad, una camioneta con unos hombres sospechosos estaba estacionada afuera, los hombres colocaban un cartel en un poste. Se escondió detrás de una columna para que no lo vieran, su instinto le decía que eran los hombres del “Checo”. Cuando al fin la camioneta se alejó fue hasta el poste y arrancó el cartel, no podía creer lo que estaba pasando. Se trataba de un anuncio de la policía «Se busca secuestrador de menores, este hombre, viaja con una bebé de tres semanas de nacida, la cual fue arrancada de los brazos de su abuela en la ciudad de Campeche, se otorgará una recompensa de un millón de pesos a quien proporcione información sobre su paradero» Fernando, comenzó a sudar frío, esos delincuentes sabían dónde encontrarlo, tenían su fotografía y también sabían que había estudiado en esa universidad. Con el cartel en la mano regresó al despacho del doctor Flores, tenía que buscar trabajo en otro lado, definitivamente, quedarse en la ciudad ya no era una opción. — Perdón que lo moleste nuevamente doctor, pero necesito irme de la ciudad lo antes posible. ¡Mire! Le mostró el cartel y el doctor quedó estupefacto; porque conocía bien a Fernando, era su mejor alumno y era imposible que de un día para otro, se hubiera convertido en un secuestrador de menores, así que decidió ayudarlo. — Lo único que puedo hacer por ti es enviarte con el doctor Machado, es un amigo mío, él tiene un dispensario médico en Chiapas. Siempre está necesitando médicos que se quieran unir a su labor altruista, no se gana mucho, pero estarás lejos de la civilización; piensa que podrás criar a tu hija lejos de esos delincuentes. Nunca se imaginarán que te fuiste a un lugar como ese, primero buscarán en todos los hospitales de la ciudad. — Tiene razón doctor, entre más internado esté en la selva será mejor, mi idea era montar un dispensario en mi pueblo, así que podré hacerlo en alguna comunidad indígena en Chiapas, y de paso voy a poder proteger a mi niña. — Bien, te sugiero que saques la mayor cantidad de dinero de tu cuenta lo antes posible. Allá donde vas no es tan fácil encontrar un banco, además debes prevenir, si la policía está coludida en esto; podrían bloquear tu cuenta bancaria y vas a necesitar dinero para moverte, si lo llegas a necesitar encuentra la manera de avisarme. Tal cómo se lo dijo el doctor, fue directamente al banco con la idea de sacar todo el dinero que tenía. Pidió cancelar su cuenta, y todo iba bien hasta que la señorita que lo estaba atendiendo, entró en la oficina del gerente del banco. Intuyó que algo estaba pasando porque la señorita estaba tardando demasiado, el gerente estaba llamando por teléfono y en unos minutos, una patrulla se estacionó afuera del banco. Salió de la sucursal y se acercó a una mujer que llevaba una niña de la mano, habló con ellas para pasar desapercibido. El doctor Flores tenía razón, ya su cuenta bancaria estaba reportada, no iba a poder sacar el dinero que tenía. Llamó a la universidad y le dijo al doctor Flores lo que había pasado, rápidamente, el doctor convocó a todos los profesores e hicieron una colecta, que luego le llevó el dinero a la pensión. — Tienes que irte ya, tu fotografía está por toda la ciudad, no sólo en los bancos, también en las terminales de autobuses, toma — le dio las llaves de un auto — este auto era de mi esposa, íbamos a venderlo, ya está viejito, pero funciona perfectamente. Llévatelo, tienes que viajar por carreteras federales, probablemente, las casetas de peaje estén alertadas para detenerte. — Gracias doctor, algún día voy a pagarle todo lo que ha hecho por mí. — No te preocupes, usa tus conocimientos para ayudar a toda esa gente que lo necesita, con eso me daré por pagado. — ¡Fernando tienes que irte ahora! — Dijo la señora Hilda, entrando a la habitación muy alterada. — ¿Pasa algo? — En la sala están unos hombres, dicen ser policías, no tiene uniforme, pero vienen armados, preguntaron por ti, mi hija les dijo que ya habías cancelado la habitación y habías regresado a tu pueblo, pero insisten en revisar la casa. — ¿Hay alguna otra forma de salir de aquí? — Preguntó el doctor — Sí, hay una escalera que sale a la calle de atrás. — Bien, Fernando toma tus cosas y sal por esa escalera, doña Hilda y yo saldremos por el frente, subiremos al auto y te vemos en la calle trasera, nosotros llevaremos a la niña, si te ven, no la llevarás contigo. — Está bien, por favor, si algo me pasa sálvenla, y llamen a mis padres para que ellos se hagan cargo de ella. — No te preocupes, todo va a salir bien. El doctor se quitó la bata, para que los delincuentes no se dieran cuenta de que era médico, tomó a la bebé y la puso en los brazos de la señora Hilda; los dos tenían aproximadamente la misma edad, bien pasaban por una pareja de esposos, sólo esperaban que la hija de ella, no fuera cometer algún error que los delatara. Pasaron frente a los delincuentes, el doctor dijo en voz alta cuando salieron. — Amor, no te preocupes, ya vas a ver que mi abuela va a quererte mucho, cuando sepa que al fin después de tantos años de casados, pudimos tener un hijo. La señora Hilda se sonrojó por el comentario, pero funcionó, los hombres los miraron, pero siguieron insistiendo en que los dejaran revisar las habitaciones. Fernando respiró cuando vio llegar el auto, se subió y sus cómplices bajaron. Viajar solo, manejando con una bebé tan pequeñita fue muy complicado, tuvo que detenerse varias veces; a darle de comer; a cambiarle el pañal y a arrullarla en brazos para dormirla. Pero por fortuna, parecía que Mariana sabía cómo comportarse, dormía la mayor parte del tiempo. El doctor Machado ya había recibido una llamada del doctor Flores, ya estaba enterado de la situación, así que ya le tenía un lugar destinado, Amatenango del Valle, una comunidad rural en los Altos de Chiapas. — No se preocupe doctor, Flores ya me puso al tanto de su caso, puede confiar en mí, en Amatenango la gente se rige por usos y costumbres. Allí son los pobladores los que imparten la ley, no hay manera de que los policías corruptos lo encuentren y la comunidad necesita un médico, ya verá que la misma gente, lo va a defender hasta con su vida, si es necesario. — Gracias doctor, se lo agradezco mucho. Es lo que necesito, un lugar donde nadie pueda encontrarnos. Fernando llegó a la comunidad, Amatenango del Valle era una pequeña comunidad en una elevación natural, rodeada de un valle cubierta de maizales. La gente llevaba más de un año solicitando un médico, pero difícilmente encontraban uno que quisiera dedicar su vida a atender una comunidad indígena en medio de la selva, y sobre todo, tan lejos de la civilización. El pequeño dispensario médico, contaba con un consultorio, un cuarto de exploración (que hacía también de quirófano), y la parte trasera tenía una habitación y un baño, por el momento, él no necesitaba nada más. La gente del pueblo estaba de fiesta, después de tanto suplicar tenían un médico, la gente humilde suele ser la más agradecida y también la más altruista. Rápidamente, las mujeres se organizaron para llevarle de comer al doctor todos los días, lavarle y plancharle su ropa, y hasta para cuidar a su hija, mientras él trabajaba. El tiempo pasó, y así creció Mariana, corriendo en el campo, ayudando a las mujeres a cosechar el maíz, el frijol, cortando calabazas. Durante su niñez, asistió a las clases en la primaria rural del pueblo, tomando clases en una telesecundaria en su adolescencia, viajando a caballo hasta el pueblo más cercano para ir al bachillerato. Hasta que llegó el momento de ir a la universidad. — ¡No papá! No quiero estudiar medicina, yo no tengo la misma vocación que tú, no me voy a ir a estudiar a la capital. Estudiaré aquí, en Chiapas, voy a estudiar ingeniería agrónoma, durante años he visto como se pierden cosechas, cómo se infestan de plagas, y estoy segura de que esa es la forma en la que puedo ayudar a mi pueblo; así que no insistas. — ¡Está bien! Será como tú quieras, buscaremos una pensión para estudiantes, no contamos con los medios suficientes cómo para rentar un departamento. — Sí, no te preocupes, en cuanto conozca mis horarios de la universidad, buscaré un empleo de medio tiempo. — Ay, Mariana, cada vez te pareces más a tu madre hija, eres igual de hermosa que ella y también igual de obstinada. — ¿Sabes papá? Me encanta que me hables de ella, sé que la amaste tanto que nunca volviste a casarte, pero me gustaría que rehicieras tu vida. Todavía eres joven y guapo, ahora que me vaya a Tuxtla no quiero dejarte solo. — No te preocupes por mí, dedícate a estudiar y ven a visitarme en las vacaciones y por favor, recuerda lo que hemos hablado, nada de r************* . — Sí, papá, te lo prometo Mariana no entendía por qué su padre había decidido aislarse del mundo, le había enseñado a amar el pueblo que los acogió, y su única ilusión era estudiar para encontrar la manera de ayudar a la gente. Pero sabía que había algo que él no le decía, y ahora que era adulta, lo iba a averiguar.
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