Felipe caminaba por las amplias aceras del lujoso vecindario, pero, aun así, su mente no estaba allí, aunque caminaba con tranquilidad y su cabeza asentía cada vez que alguien lo saludaba más por educación que por conocerlo, su mente estaba en el pozo oscuro que eran sus recuerdos, creyó que había superado aquello, pero hoy se daba cuenta que era un soñador, aun lo seguía siendo, iluso, se dijo una y otra vez, al tiempo que llegaba a una plaza. Se dejó caer en el primer banco que vio, y hecho su cabeza hacia atrás, para de ese modo ver el cielo y sus nubes, recordaba cuando era un niño, como le atraían aquellas cosas blancas esponjosa, y la angustia lo tomo por sorpresa. A pesar de ser domingo, el lugar estaba desolado, claro las personas de ese vecindario no tenían la necesidad de llevar

