La Bella Durmiente...

1206 Words
Lyz despertó sobresaltada. Otra vez. Una noche intranquila con sueños, de un rostro varonil hermoso y pesadillas del pasado. No lograba descifrar esa maraña de imágenes pero todo el conjunto la puso de un humor extraño. - Hay que dejar el pasado atrás. -Se dijo en voz alta. Esperaba dejar de tener esas pesadillas recurrentes con su ex. Un año, ya había pasado desde ese penoso divorcio, y año y medio desde la última vez que lo vió. Todo se hizo a distancia, a través de abogados. No quería volver a verlo, pero en las pesadillas no podía evitar a ese patán. Aun cansada, muy cansada se despegó de la comodidad de la cama. Esa pesadez de la desilusión, ese cansancio. Comenzaría con un buen café, una barra energética para despejarse las telas de araña. Su hermano había surtido muy bien su camper. Se la había cuidado de maravilla. Era amplia, cómoda y una de las pocas cosas que su ex no se pudo quedar. Mientras el café se hacía, comenzó a abrir ventanas, para ver cómo estaba fuera. Parecía que iba a ser un buen día, luminoso como siempre y fresco. al menos a la mañana. Afuera brillaban los primeros rayos del sol. Se quedó observando unos minutos el paisaje desde allí, el color pardo de las sierras y e los tonos del amanecer. Esos colores sobrenaturales tan impactantes y cálidos! ... iba a ser todo un desafío tomar todo el colorido del entorno para plasmarlo en cada habitación de la casa. Tanta vitalidad se veía y se respiraba. Aun no tenía plan, pero luego de ver al arquitecto tendría un panorama para armar agenda. Era muy temprano así que optó por alistarse, juntó las cosas que podría necesitar: unos lápices, la libreta, agua, una fruta, y las colocó en su mochila de explorador. Tomó su mochila, el bastón y salió con la firme intención de conectar con la naturaleza y renovar fuerzas. Una caminata por las sierras despejaría su mente y activarían su cuerpo. Eso esperaba. Ascendió por el camino, hacia la salida de la propiedad. Era el modo mas sencillo para alcanzar el sendero que observó el día anterior. El otro lado de la propiedad daba a un barranco y no se veía muy seguro para transitar. La característica común del lugar era la aridez; mechados con muy pocos verdes, algún riacho escondido, pero en general los surcos correspondían a lechos secos, esperando por las tan apreciadas lluvias en este lugar. Casi no se encontraban planicies, y era una de las razones por las que no había muchas casas en el lugar. Afortunadamente esa geografía tan accidentada, hacía de las Sierras un lugar alejado de la civilización y el caos. Era un reducto de total paz. A medida que avanzaba veía aves, alguna liebre huidiza y un movimiento aquí y allí, sospechaba eran zorritos. Por fin encontró la bifurcación de camino y descendió hasta un riachuelo. Era un espacio paradisíaco, tan natural, tan increíble que parecía casi irreal. Buscó un sitio para sentarse; y estaba en eso cuando aparecieron los perros muy alegres moviendo sus colas y todo el cuerpo con ellas. - Genial, ustedes otra vez- Los perros del vecino, ocuparon el espacio elegido y ahí se echaron jugando entre ellos. -Vaya; pero que invasivos.- Se los quedó observando asombrada. No iba a sentarse con esas bestias juguetonas. Era mejor evitar que alguno de estos enormes perros le cayera encima. Escuchó a lo lejos unos tañidos, como de campanitas. Al voltear la vista observó a dos hombres a lo lejos entre cientos de cabras. Levantaron los brazos, como una especie de saludo y siguieron su camino. -Podría vivir para siempre en este lugar- suspiró. Se sentó allí mismo y mientras observaba, se relajó por primera vez, sus ojos comenzaron a cerrarse hasta que quedó profundamente dormida. Vince se separó del sendero buscando a sus cachorros, los vió a la distancia y fué hacia ellos. A los pocos metros fueron a su encuentro y lo llevaron hasta ella. Allí estaba Elizabeth, sentada contra una roca. Completamente dormida. Se la veía frágil, pequeña e indefensa. Sus rasgos, mostraban agotamiento, aun relajada por el sueño se notaba la tensión. Era evidente que algo pasaba, y su instinto protector se activó. Sea lo que sea lo que la tenía en ese estado, lo que la molestaba, tenía que desaparecer, la iba a ayudar a pelear contras sus monstruos. Se alejó con sus perros unos metros, los suficientes para no asustarla, necesitaba custodiar su sueño. Se alejó hacia un espacio alto desandando el camino, desde donde la podía observar para estar junto a ella si lo necesitaba. - Quietos ahí- les dijo a los cachorros. Se echaron obedientes, entonces les dió su premio. Se sentó cerca de los perros observando hacia Lyz. Esperaba que desde ese ángulo no lo viera al despertar. El día anterior en el accidentado encuentro el estaba en medio de una discusión de negocios. Había estado hasta ahora, sobrecargado de trabajo, en una actividad frenética entre proyectos. Que si le había ido muy bien, y su estilo de vida era muy cómodo, pero ya no mas. Estaba en un proceso de cambio, hacia una vida mas lenta, orientada hacia la calidad de vida saludable. Sus inversiones le permitían dejar de trabajar definitivamente, aunque no iba a llegar a ese extremo. Necesitaba estar activo y manejar ese exceso de energía que lo caracterizaba. Y en medio de las negociaciones de su agenda, apareció de improviso Ella. No había sentido nunca esa sensación de reconocimiento instantáneo. Sabía que era Ella en cuanto la vió. Y algo la estaba atormentando. Sentía impotencia porque todo es demasiado reciente como para que el pueda hacer algo al respecto, pero lo iba hacer como que se llamaba Vicente Burgueño. Sabía tan poco de alguien que sentía tan cercana. Tendría que tener extremo cuidado en sus movimientos próximos, era inadmisible un error de aquí en mas. De ello dependía su futuro. Luego de cavilar durante 40 minutos decidió emprender el regreso. Tendría que trazar planes muy cuidadosos. - Vamos- les dijo a los canes. Ellos se levantaron y los 3 ascendieron por el camino de regreso. Algún sonido despertó a Lyz. Tal vez la retirada de Vince aunque ella no lo notó. Se desperezó, tomó sus elementos de dibujo y comenzó a trabajar en los bocetos posibles para su trabajo personal. Desde varios ángulos, tomó diferentes opciones del paisaje. Uno de ellos pretendía regalarle a Martin por darle aquella oportunidad. Lo pondría en la sala, detrás de la barra. Era un lugar muy relajante. Por fin se sentía a gusto y descansada. Hacía años no se sentía tan llena de energía. Sólo le quedaba tomar los colores en el mejor momento y para eso tendría muchas oportunidades. Recién en el momento de terminar de plasmar la última línea, cayó en la cuenta que los perros no estaban por ningún lado. Miró a lo lejos y no había rastro de ellos... Se preguntó cuándo se habían alejado que no lo notó. Juntó sus cosas y se encaminó al camper, para alistarse. Hoy tendría un desayuno con Martin y el Arquitecto. Así podría iniciar lo que esperaba, sería su rutina de trabajo.
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