—Rosé, ven aquí —dice Fabiola, quien es la segunda a cargo después de la gerente de recursos humanos.
—¿Señorita Carranza, en qué le puedo ayudar? —a mi en nada —me da una respuesta rápida, cortante, su mirada es desdeñosa.
—Es la gerente Sony Le, quiere verte ahora mismo la jefa de recursos humanos —me insiste.
—Esta bien, enseguida voy con ella —respondo y doy la vuelta para ir con la gerente Le.
Al llegar toco la puerta de su oficina y al no escuchar respuesta de nadie, me asomo, la veo entre una pila de documentos.
—Entra, toma asiento —ordena amablemente, deja lo que hace y enseguida me atiende.
—Señorita Amery, la he llamado aquí para hablar con usted sobre trabajo.
Me pongo algo nerviosa, pues no sé exactamente para que me ha mandado a llamar, me pregunto si ya no les gustan lo que hago y voy a salir catapultada a la lista de los desempleados.
"¿Sería que me quieren despedir?" y es que ni debería preocuparme por mi futuro, ya la tengo resuelta, o al menos, eso dice la gente acerca de la gente que tiene dinero, y yo lo tengo.
En cada segundo mi mente vuela, y mi imaginación casi me mete a clavos.
Creo que me dejaría el ego por el suelo y la confianza que tengo en mi talento hecho un fiasco. Habia estado pensando que mis diseños eran muy bien recibidos y había una alta demanda por ellos.
—Siéntase tranquila, solo le voy a hacer una propuesta —me dice la mujer, ella es la Licenciada Sony Le.
—¿Si? es que me tiene en ascuas —digo mirando en las paredes de su oficina, realmente necesita un diseño de inmediato.
—Jajaja —se ríe y dice —se lo que piensas, que el diseño de mi oficina está mal, pero no es por ello que lo conservo, el diseño lo hizo quien en vida fuera mi esposo, así que van sentimientos de por medio —explica y puedo ver una pizca de tristeza en su mirada.
—¡Oh, lo siento mucho! —dije asintiendo.
—No, no te preocupes, así es la vida, de solo el hecho de nacer, debemos aceptar que también vamos a morir en algún momento —dice sonriendo.
—Lo tomas con mucha madurez, eres una mujer fuerte —hago la observación.
—Mi esposo murió hace ya seis años, así que si he llegado a superar ese dolo'r, aunque no niego, siempre lo he extrañado.
Al verla así hablar sobre su vida y tragedia, hacerlo con alguien como yo, que soy una total desconocida, me digo a mi misma que, ella es muy confiada, lo que a mí me hace falta.
Ya se, yo soy como una flor, un capu'llo que aún no quiere abrirse a los demás.
Ella me saca de mi ensimismamiento, me dice lo siguiente:
—Vamos a promover tu cargo para ser la diseñadora de interiores de autos Rocco, S.A. será en la sucursal principal, en Detroit, Míchigan.
Puse mi cara rígida, eso significaba volver a Estados Unidos, y era algo que no quería hacer. Al menos, no todavía.
Ella claramente se dió cuenta que no tenía tanto interés en la propuesta. Así que me miró a los ojos y dijo:
—El CEO es quien ha solicitado, quiere trabajar de la mano contigo.
—¿El CEO? Me extrañó muchísimo que dijera eso.
—Ha visto tu trabajo y lo ha elogiado.
—¿Eso hizo?
—Si, y regularmente el no hace eso, así que le debe haber gustado mucho tu forma de hacer los trabajos de diseños —dice canturreando la gerente de recursos humanos, la señora Le.
—Señorita Le, yo me siento bien trabajando y viviendo en esta Ciudad, además no quiero volver a los Estados Unidos, no todavía —le hago saber mi postura.
Ella me mira como si le sorprendiera mi negación, me dice.
—Ganarás mucho mas allá, la Empresa te facilitará un apartamento, te asignarán un vehículo para tu uso personal, no tienes que preocuparte por nada —dice ella viendo si ahora sí estoy satisfecha con la propuesta.
No sabe que no me importa el dinero y los beneficios que me ofrecen. El dinero, me sabe a hiel.
He estado en un constante enojo con mi abuelo, y fue de aquella noche en que me pidiera casarme con ese hombre. Sin embargo, extraño mucho a mi abuelo.
—Si no hay más que charlar, quiero retirarme —le hago saber a la señora Le
—Esta bien, al menos dime que lo pensarás —dice insistiendo en ofrecerme el cargo.
—Esta bien —digo y me alejo de las oficinas de arriba.
Bajo la perspectiva de Alexis Rocco.
La señora Sony es un fiel colaborador, se cruza a la oficina contigua a la que estoy, me mira resoplando, se que tiene mucho que decir.
—Tu Chica si que es dura —sonrío ante su observación, y quien mejor que yo para saberlo.
—Si, y seguirás insistiendo —aviso, ella me mira con sigilo y me dice.
—¿Espera, no es mejor si le dice quién se lo está pidiendo y te la llevas a trabajar a tu lado? —me mira con suma curiosidad.
—No, no puedo hacerlo.
—¿Porque no?
—¡Es tu esposa! —insiste Sony en recordarme.
—A las mujeres no se les entiende —respondo.
—¿Mujeres? Yo diría que hombres adictos al trabajo que se olvidan que tienen una esposa por ahi —me lo dice como estocada final.
—No entenderías Sony, a ella prácticamente la obligaron a casarse conmigo y yo lo acepté en ese momento porque mi abuelo me lo había pedido y ...
—¿Y? ¿Que pasó?
—Pasé la noche en su habitación la noche en que la conocí y nos convertimos en esposos —hago silencio y ella se agita queriendo saber mas.
—¿Qué, no me digas que la forzaste a ser tuya?
—Ganas no me faltaron, pero no pasó nada de eso —explico.
—Se lo insinué, pero ella no captó.
—¿Y que hiciste para insinuarte?
—Pedirle que me bañara, me desnudé.
—¿Y ella hizo eso, bañarte?
—Si, lo hizo.
—¿Y que más pasó?
—Nada.
—Pero...¿como que nada?
—¡Nada! Se me disparó todo, pero ella no reaccionó, tuve miedo de mis deseos y dejé su habitación en la misma noche, o ella era demasiado inocente, o en verdad yo no le hice sentir nada.
—¡Wow!, ¿juras que eso pasó?
—Si —agacho mi mi vista para ver una foto de cartera que llevo conmigo.
Sony me mira y agita su cabeza como si sintiera pena por mi.
—No me mires así, tu mejor que nadie sabes lo que es amar. —inquiero a recordar.
—Si y presisamente por eso, no te entiendo, veo que ella te gusta, pero no la has buscado en todo este tiempo.
—Es porque no soporto estar al lado de alguien que quiere y suspira por otro.
—Entonces, divórciate de ella y asunto arreglado.
—No es así de fácil —le aclaro, ella es raflá con sus sugerencias.
—¿No me digas que ahí en ese cuerpecito hay un corazón descongelado?
—Lo hay —respondo y doy la vuelta.
Expreso lo último y me quedo en silencio, y es que aún cuando dejara esa casa aquella madrugada, siempre he estado pendiente de lo que hace mi querida esposa Rosé.
Yo solo le he dado el espacio suficiente para que sane su corazón y luego me lo entregue a mi, es obvio que Sony no sabe eso, y tampoco se lo digo.
Mis celos volvieron a mi desde el momento en que me dí cuenta que uno de mis empleados habia estado queriendo acercarse a ella, entonces pensé en la manera de llevarla a la sucursal principal para tenerla ante mis ojos, pero ella acaba de negarse a aceptar esa oferta.
Y es que las personas como yo, siempre amamos el control, sin mostrar que estamos sobre la jugada. Es una manera sutil de ser el que lleva la última palabra.
—Jefe, ¿regresas hoy mismo a Estados Unidos? —pregunta Sony.
Ella y yo nos conocemos desde mi época en que viví con mi madre, siempre ha sido mi amiga y ahora ella es mi persona de confianza en esta sucursal.
Hace un año atrás, Rosé fue contratada para trabajar en el área de diseño, enseguida Sony supo de quién era ella, yo ya le había hablado acerca de mi matrimonio fugaz.
Así que me invitó a venir aquí unos dos meses después. Al ver a Rosé trabajando aquí, me entró una sensación que no describo en su totalidad.
Ella causa en mi lo que en vida mi madre causaba en mi, tranquilidad, armonía, me invita ser yo mismo, a exigirme, me hace querer compartir, pero solo con ella a mi lado.
—Sony quiero que busques a la señorita Amery y la convenzas de aceptar la oferta, ni lo hagas ofreciendo dinero, no le interesará, ella lo tiene de sobra.
—"Ump que bien la conoces" —dice haciendo gestos para hacerme enojar.
—Entra por el lado del ego, su orgullo —expongo.
—¿Ah si? —me dice mirándome con interés.
—Es la mejor diseñadora, pero ella no lo sabe, así es que hazle saber. También dile que allá tiene más oportunidades de aprender más, de poner en práctica muchas mejores ideas, con eso, ella aceptará.
—Si eso pasa, me daré por vencida de que la conoces bien —me lanza dardos envenenados.
—Esta bien —digo.
Paso por el lado de unas empleadas, me pregunto en qué mundo vivimos, ellas prácticamente me están coqueteando abiertamente y es cuando pienso, ¿de qué esta hecha Rosé? vió mis atributos y no le dió ni dolor de ojos, ¿sería por que le parecieron miserias? Pero eso es casi imposible, porque estoy seguro que no había visto la pirinola de ningún otro hombre.
—Jefe, si aquí supieran quién eres, ni saldrías vivo de aquí —me recuerda Sony.
Para mí gran sorpresa aparece Rosé ante Sony, pero ella ni siquiera dirige su mirada a mi que voy acompañando a Sony.
—Señora Le, quería pedir una disculpa de como me fuí de su oficina, y pedirle que me dé unos días para pensar bien a detalle ese puesto.
—Oh... me parece bien —exclama Sony mostrando su alegría.
—Es que si ahí aprenderé nuevos diseños y algo más novedoso, sería algo bueno, pienso. —dice Rosé mostrando alegría.
Mientras ella habla, sin percatar mis ojos la miran fíjamente sin apartar mis ojos, ella ni aún así me vuelve a ver, en cambio el empleado aquel se acercó a ella y la hizo ir con él, de inmediato mi furia se desató.
—Despida a ese empleado —ordené a Sony, ella me sonríe burlándose y me dice.
—Uy, eres un CEO de cuidado, los empleados deben tener que cuidar su trabajo —me enfurecí y salí de ahí a zancadas.
Nunca antes me había puesto así, perder el control, me senté en mi auto, solo para estar pensando e imaginando a ese tal Alan al lado de ella, mirándola sin detenerse.