Desaparecer de mi vista.

1240 Words
Era medio día. Había vuelto de andar a caballo, me encontraba en mi Ciudad natal, en Milton, Ontario. Había pasado un mes desde que regresara de Nueva York, ya no quería saber más de la vida de la gente, en este caso la de Vanesa y Sebastián, me dolía cada vez que pensaba en ellos. Aldana mi amiga resintió demasiado con su tío, le dijo que lo creía inteligente, pero que era un caballo, lo llamó tonto manejable, y un títere de esa mujer. Sebastián en ese momento de reclamos le había respondido que dejara de actuar como una niña, que abriera los ojos, que tenía ceguera por mi, que no me mantuviera en un pedestal, que yo era una persona manipuladora. Cuando Aldana me hizo saber las palabras expresas de su tío, lloré casi todo el día, yo había mantenido limpia mi reputación en toda una vida entera, y mi hermana Vanesa me había puesto por los suelos en solo unos cuantos días. Aldana por supuesto me defendió de esas acusaciones, ella respondió a su tío Sebastián con todo su arsenal posible. "No puedes decir eso de Rosé, no la conoces como yo, ella nunca exigió nada a nadie, sola se llevó su dolor, ella fue empujada a la soledad, aprendió a asicalarse sola como las vacas, ella nunca tuvo el tiempo de quejarse, por que también de la crudeza de la vida, aprendiera a conocerse, a hacerse mas fuerte através del dolo'r, su fuerza fue hecha de sus momentos mas oscuros y dolorosos, ella era una perla, ella era una mujer hecha en diamante, pero aún así ella vale mucho mas que todos los diamantes juntos" "Tío Sebastián, ya nunca mas volveré a mencionarte el nombre de mi amiga Rosé, solo espero que cuando te des cuenta, no sea demasiado tarde" Él le había respondido en ese momento a su sobrina lo siguiente: "Que no tenía nada de que arrepentirse. Si en algo había fallado, era en acercarse a mí y ser amable mas de la cuenta y hacer que eso me confundiera a tal punto de yo creer que él estaba enamorado de mi, dijo que me consideraba una mujer muy inestable mentalmente. Dicen que la mejor medicina para el alma, es el tiempo. El hombre dizque con quién me casé, desapareció de mi vista esa misma noche, así como había aparecido ante mi de la nada, así mismo se había esfumado, no me quedaba más que felicidad por la misma razón. Entre mi abuelo y esa persona, prácticamente me había visto obligada a casarme por el estado civil, y esa misma noche del compromiso de Vanesa y mi noche de bodas, después de nuestra boda civil, él apareció en mi habitación. Por si no fuera suficiente, esa noche él me hizo una que otra petición fuera de lugar desde mi punto de vista y al día siguiente cuando desperté, ya no estaba a mi lado, la cama estaba vacía. El había desaparecido, así como llegó. Finalmente, unos meses después, decidí que iría al reino unido a terminar la carrera de diseño gráfico, me faltaban dos años, mi abuelo siempre me repetía que yo no necesitaba estudiar, que talento me sobraba y dinero también. Cuando él me decía estas cosas, yo me reía, pues tenía razón desde su analogía, pero desde mi percepción, yo necesitaba terminar de pulir mis dotes y afinidades, de ahí que me volviera experta en el área, tanto así que después de terminar la carrera en los siguientes dos años, decidí quedarme a trabajar en Londres, se preguntarán, ¿qué pasó con mi matrimonio? Pues supongo que sigue en pié y pienso que si mientras nadie me perturba, por mi no había problemas en estar dizque casada. El principio de todo mi mal... Había sufrido un accidente automovilístico junto a mis padres, ellos fallecieron el mismo día, quedaba yo con unas contusiones en los tendones de los pies, era insoportable el dolo'r, no sufrí un golpe severo, yo ya sabia que había hecho que mis talones sufrieran un desmembramiento, haciendo que un dolor insoportable me dejara sin fuerzas para caminar debidamente, con el tiempo ese mal se volvió una manera rara de caminar, lo que los adolescentes de aquel entonces me llamaran despectivamente. A veces la adolescencia o la niñez pueden llegar a ser crueles, pero así era esto. Aprendería a vivir con eso. Estando en Londres, me hice cercana a una compañera en el trabajo, su nombre era Aneth, sin saber de mi origen familiar, Aneth siempre hablaba de la vida de los ricos, yo jamás le mencioné la familia de la cuál provenía, y como usualmente solo Vanesa aparecía en las páginas socialités y portadas de revistas, nadie me relacionó con los Amery. —¡Si, si, son personas malvadas! —, dije haciendo incapié en su observación —¡Merecen totalmente el rechazo de personas como tú —ella me observaba sorprendida, pues yo jamás daba una opinión, sea esta positiva o negativa. —Rosé, tu nunca los determinas —me dijo escudriñándome. —Es que no había por qué hacerlo señorita Aneth —fanfaruñé sonrojada. Ella mira al otro lado del complejo de oficinas, propiamente en el área gestión y contabilidad, señala con la boca haciendo énfasis directamente a un chico, y me dice... —Ahi está Alan, siempre buscando tu mirada y tú ni lo miras, Rosé el es es tu enamorado eterno —no levanto la vista para ver al susodicho, pues sé de quién es que está hablando. Más bien me limito a cambiar de tema, ella viendo mi actitud se ríe, luego me dice que si por que estoy tan tranquila sin perro que me ladre. —Es mejor cuando nadie perturba tu paz —digo de manera tajante. —¡No sabes lo que te pierdes! me dice. Más sin embargo, ella no ha sabido todo lo que pasé. Tantas veces que llorara después de aquella noche lúgubre. Esa noche para mí, fue la noche más desafortunada de mi vida. "Al día siguiente después de mi fugaz boda con el desconocido hombre, nadie supo lo que sentí. Mi hermana empezó a burlarse mas a menudo de mí. Ella se reía de mí, me dijo en frente del resto de la familia que yo era una quedada, además una coja a quién ningún hombre la tomaría en serio, también dijo que yo era una resbalosa, que siempre andaba detrás de su prometido Sebastián. Para no verla, me había mudado definitivamente a la casa Hacienda de los Amery en Milton, Ontario, pero resulta que dos semanas después, Vanesa había logrado su cometido, se casó con Sebastián y en vez de irse de luna de miel, ella lo trajo al lugar donde menos le gustaba, en las tierras solitarias de Milton, vivíamos apartado del resto, la Ciudad quedaba al sur y nosotros más al norte. Por si no fuera poco, Sebastián y Vanesa ya habían empezado a tener sus contrariedades, yo solo me limitaba a observar lo que pasaba a mí alrededor, daba la vuelta, pues no quería inmiscuirme en nada de los dos. Como viera que los pleitos de la pareja se hicieran más evidentes y el ataque de Vanesa hacia mi fuera aún mas fuera de base, decidí irme al reino unido a terminar mis dos años de carrera faltante. Una vez estando lejos, ya no supe más de la vida de las dos personas.
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