Era una gran responsabilidad, y no podía pensar en cómo el editor confiaba en ella para la tarea. Después de todo aún se veía que estaba con ganas de salir adelante con su sueño, pero si seguía fallando no podría alcanzar sus metas y terminaría abandonando todo. Lo que sea que estuviese en sus manos ella lo haría, si de esa manera lo podía ayudar a seguir adelante. No se daba cuenta de dónde venía tal impulso, pero de un momento a otro se convirtió en una tarea importante que debía realizar.
Para Mike las clases ya habían terminado, se disponía a salir directo a coger un autobús para arribar a la editorial cuando su andar se vio interrumpido por Jess.
—¿Ya te vas? —abre la charla con una pregunta obvia de esas que a Mike suelen desesperar.
—Debo suponer que también te marchas —no hay tiempo de molestarse en su agenda.
—Te llevo —señala fuera del portón uno de los lujosos autos de la empresa de su padre aparcado y esperándola.
—Ya te dije que no voy a casa, los manuscritos quedarán para mañana —sigue su andar.
—Igual me gustaría llevarte —ella le sigue de cerca—. Llegarás más rápido de lo que imaginas.
—Bien —no parecía una mala opción y no había nada que temer. Se acerca al auto y uno de los mayordomos abre la puerta paran él. Mike se corre de lado para que Jess pueda entrar primero y este luego la sigue a los lujosos adentros del vehículo con asientos de cuero.
—¿A dónde señorita? —el conductor le observa desde el espejo retrovisor y Jess voltea a ver a Mike para que este sea quien responda.
—A la editorial —le confirma a Jess.
—Llévanos a la editorial Rain —el conductor asiente y coloca el auto en vía.
—Me sorprende que aún te acuerdes del nombre —jamás había subido a un auto de tal lujo. La familia de Jess parece seguir siendo tan adinerada como lo recuerda de niño, siendo amigo de infancia de Jess.
—Pues llevas algunos años intentando publicar en esa editorial —ella aprecia la comodidad de los asientos dejando recaer su cuerpo en el espaldar.
—Gracias por llevarme —aun no dejaba de preocuparse por tener que seguir trabajando con Jane.
—Somos buenos amigos —aunque no era lo que realmente deseaba decir—, y eso hacemos los amigos.
A pocos minutos de haber partido del instituto ya se encontraba en la editorial, había sido la mejor decisión considerando que le debe bastante tiempo de trabajo al editor. Luego de despedirse descendió del auto y se encaminó a la oficina de Johnny dónde encontró a Jane llorando y con algunos pañuelos repletos de mucosidad en el escritorio del editor.
"¿La habrán despedido? —se inquiere a sí mismo con temor de ser el culpable de dichas lágrimas".
—Al fin llegas —Johnny ya estaba a punto de desesperarse.
—¿Qué sucede aquí? —avergonzada Jane coge un pañuelo limpio para terminar de secar sus lágrimas.
—La dejé leer un libro —parecía disfrutar del sufrimiento de la pobre chica.
—Ya veo —se alivia de no tener participación en el problema.
—¿Traes material? —el editor solo quería trabajar.
—Sí, claro —saca de su mochila dos hojas impresas y se las entrega—. Apenas comienzo, pero creo que tiene lo que buscan.
Johnny le echa un vistazo rápido y asiente con la cabeza, Mike solo intenta disimular que la mirada penetrante de Jane no lo afecta en nada, pero con sus ojos lagrimosos parece tener aún más poder visual.
—Esto es bueno —respira de alivio al saber que su petición al joven escritor estaba siendo escuchada—. Se lo enviaré al editor y jefe en una copia, y tú puedes seguir escribiendo hasta que termines. Y por amor al sagrado señor... —hace una pausa para que sea él mismo quien terminé la frase, de ese modo sabrá si comprende la situación.
—No voy a matar a nadie —mueve la cabeza con molestia—. Es tan corta la historia que no me dará tiempo.
—Mejor —Johnny sonríe—. Iré a sacar un par de copias y luego ustedes dos pueden ir a trabajar.
—Como sea —responde Mike y Johnny se acerca a la impresora que se encuentra a pocos metros de su escritorio.
—¿Qué no saludas? —dice Jane al terminar de arreglar su patética expresión de llanto.
—Nos vimos temprano —le dirige la mirada.
—Dios —mueve la cabeza de lado a lado—, deberías ser al menos cortés.
—Vale lo siento —se sienta en la silla de Johnny—, buenas tardes.
—Mejor —ella le sonríe.
—Debiste leer algo terrible como para llorar de ese modo —tenía los ojos enrojecidos.
—Un libro tuyo —le replicó con sarcasmo.
—Me retracto de lo dicho —dijo Mike.
—Ahora sí —vuelve a reírse.
—Muy bien ustedes dos —Johnny ya se encontraba de regreso—, son libres.
—Perfecto —se levanta para coger las dos hojas de la historia mientras que el editor se queda con un par de copias.
—Muchas gracias por todo —le agradece Jane al editor.
—Cuida de este mocoso por mí —coloca su mano en la cabeza de Mike.
—No tengo diez años —se mueve de lugar para quitárselo de encima.
—Como si fuese mi hijo —ella lo mira de reojo, pero la reacción de Mike es neutral.
—No perdamos tiempo, tengo actividades por hacer —la realidad es que por estar todo el tiempo escribiendo sus tareas académicas se han acumulado.
—Hasta luego —se despide Jane y junto a Mike se dirige al elevador.
Ella esperaba que en un par de horas pudiese ofrecerle de algún modo la inspiración necesaria para culminar el libro según se lo exige la empresa de moda. No debe presionarlo, pero tampoco dejar que él siga sus propios intereses.
—Lo de ayer fue un error —como adulta debía confrontarlo primero.
—Fue mi culpa por pedir algo tan tonto —le replica Mike.
—Culpa de ambos —sabe que es mejor que dejarle las cargas a uno solo.
—Pues sí, ambos tenemos culpa —suena como alguien distinto, pero más que por lo sucedido entre ambos las cosas por hacer acumulaban estrés en él y por eso sonaba como un anciano quejón.
Al salir Mike esperó que ella con sus maravillosas ideas le indicara lo que debían hacer, después de todo si no sabe nada de moda no podrá seguir llevando la historia por buen camino. La meta del día para Jane era llevarlo a una sesión fotográfica al aire libre que sería realizada en un parque por la empresa de moda asociada a la editorial. No había nada más perfecto para ella que llevarlo a un ambiente abierto y al mismo tiempo mantenerlo observando a profesionales en el área de la moda.
—Me gusta —después de tantos minutos por fin Mike soltaba una sonrisa.
—Es mejor cuando no tienes el rostro opaco —Jane podía ser capaz de olvidar la situación con tranquilidad.
—Bueno, no es como que no pueda sonreír —continúan caminando por el parque en dirección a donde se encuentran fotografiando a los modelos—. A veces faltan motivos.
—Vivir debería poder ser suficiente —ella observa con emoción el lugar mientras una hermosa sonrisa alumbra su rostro. Mike regresa a verla y simplemente se contagia de la buena vibra que ella le transmite dejando que sus labios puedan articular una sonrisa.
"Parece que dejar de sonreír no es una opción —se dijo".
Llegaron al sitio, había varias modelos y chicos posando para las cámaras. Tenían todo un escenario montado en medio del parque al aire libre, era algo increíble de ver.
—Puedes interactuar, hacer preguntas o lo que quieras mientras puedas conseguir algo de información valiosa para ti —le explica Jane.
—Eso haré —seguía maravillado por lo simple que parecía todo, pero el resultado final siempre terminaría siendo algo increíble.
Mientras, de lejos Jane lo observaba trabajar, Mike decidió hablar con algunos modelos e incluso con el personal encargado de la sesión. Su mente dejó de estar en un lugar de estrés y podía hablar con una sonrisa en su rostro, expresarse libremente y sobre todo dejar que el aire puro del exterior le llenara los pulmones con aire fresco. Así trascurrido el tiempo que duraba la sesión, Mike pudo conseguir suficiente información como para poder acabar su historia sin necesidad de seguir paseando en busca de inspiración. Creía tener lo necesario para cumplir con las expectativas que todos tenían puestas sobre la historia y al mismo tiempo demostrarse a sí mismo de lo capaz que es para escribir sobre temas que desconoce.
—Vienes feliz —ella se encontraba sentada de piernas cruzadas en una de las sillas que el staff del sitio le había dado.
—Bueno —innegablemente sonreía de emoción—, no imaginé lo genial que todo esto podía llegar a ser.
—Tal vez consideres ser modelo —aunque sonaba a broma ella creía que su aspecto era perfecto para el trabajo.
—Los feos utilizamos el don de la inteligencia para vivir —suelta una pequeña risa a la que Jane le acompaña.
—Se pueden tener los dos atributos —en vista de que el personal recogía todas las cosas ella decide colocarse de pie para que la silla quede libre y puedan llevársela.
—Me parece que Dios bendice una sola vez —se refiere a qué todos tenemos un talento y un atributo que nos hace únicos y especiales.
—Pero los cirujanos bendicen hasta dos cosas a la vez —lanza su pequeña broma refiriéndose a los senos de las chicas. Pero su intención al decirlo era demostrarle que, de ser feo solo debía tener dinero e ir al doctor.
—Vaya, no veo fallas en tu descripción —se echa a reír y después de todo el alboroto que había entre ambos a Jane le parecía como si fuese la primera vez que se conocieran. Es un chico tímido, tenaz y sonriente. Pero puede dejar todos sus buenos aspectos de lado cuando se ve consumido por su propia desesperación, y nadie va en su rescate.
—Realmente lo lamento —una de las chicas del staff se acerca para recoger la silla y Jane le agradece con una sonrisa para posteriormente regresar la mirada a Mike.
—¿Lamentas qué? —estaba tan ido al mundo de la moda que no recordaba nada.
—Lamento haberte besado —responde luego de que la chica del personal se aleje lo suficiente. Era una situación delicada que no podía ser comentada a la ligera.
—No deberías preocuparte —él le sonríe, aunque parece algo más desanimado.
—¿Te invito un helado? —se da cuenta de que el recuerdo de lo sucedido amenaza con atenuar el brillo en los ojos de Mike.
—Suena bien —Mike sabía que debía ser fuerte y no dejar que nada se interponga entre él y su sueño.
—Hagamos una promesa aquí y ahora para que seamos capaces de avanzar —sonaba a cosa de niños, pero de ese modo ella podría darle solución rápida al disgusto.
—¿Qué promesa? —arruga la frente.
—Prometer que olvidaremos lo que sucedió en mi departamento —explica Jane y estira su mano abierta hacia él—, y de hacerlo siempre voy a comprarte un helado cuando nos veamos.
—Helado gratis —se coge del mentón para pensarlo—. Nada mal —termina por estirar su mano y apretar la de Jane.
—Las promesas no deben romperse —su sonrisa es como la de una niña. Dulce, amable, sin pizca de malicia y genuina.
—Hecho —le devuelve la misma cantidad de cariño solo con sonreír.
Luego de la sesión, fueron a cumplir la primera parte de su promesa, una promesa que debía perdurar por mucho tiempo. Ella le llevó a una heladería, donde estuvieron conversando durante un buen rato sobre lo que él había aprendido en la sesión. Jane se llenaba de alegría al escuchar lo bien que entendía la situación del modelaje, desde los detalles mínimos hasta lo que las personas suelen ver a simple vista en las cámaras. Todo estaba hecho, ahora sólo debía confiar en que Mike podía hacer un buen trabajo y estar atenta de cualquier situación que surja para ayudarle.
Ambos se despidieron en la heladería, Jane estaba cansada y apenas podía llevar su cuerpo a casa con tal agotamiento. Al llegar lo primero que hizo fue beber mucha agua y tenderse en el sofá de su sala frente a una pequeña mesa donde tiene su laptop. Al sentir algo de estrés por todo lo que aún tenía por hacer recordó lo que Lisa le había comentado, y tecleó en el navegador de su portátil la página de citas que su compañera le había comentado.
—Hay mucha gente —se dice mientras busca entre todos los perfiles alguien con quien valga la pena hablar. El registro había sido fácil, pero lo difícil sería encontrar una conversión normal con alguien simple con quien pueda sentirse bien. Se levantó para estirarse, regresa a la cocina por algún jugo, pero antes de llegar al refrigerador cruza miradas con la bolsa ecológica donde lleva los manuscritos rechazados de Mike. Los deja todos encima de la mesa de la sala, y suavemente con su mano derecha toca la portada de uno de los escritos. Viene se su mente el beso que ambos se dieron, y la innegable sensación de satisfacción que no había tenido en años.
Volvió a la cocina, tomó un zumo de manzana de su congelador y se paró frente al horno que dejaba ver su reflejo. Se tocó los labios como si extrañase el sentimiento que se produjo en ella al besarlo, y es ahí cuando sus problemas comienzan a presentarse en fila.
—No debo sentirme así —niega suavemente con la cabeza diciéndose a sí misma delante de su reflejo—. Yo... ¿Por qué siento esto?