Abro los ojos y veo como el fuego consume un auto delante de mí, escucho unos gritos y los reconozco al instante, es Alva.
Intento levantarme pero se me es imposible, ninguna parte de mi cuerpo responde, los gritos ensordecen mis oídos y solo puedo sentir un dolor punzante en mi pecho al saber quién se está quemando.
A lo lejos veo un auto acercarse a toda velocidad y yo no puedo moverme, siento una desesperación que hace que el aire deje mis pulmones y ya no pueda respirar.
El auto ya está casi sobre mí y vi la sonrisa espeluznante del conductor cuando estuvo tan cerca que solo pude escuchar mi grito al sentir el impacto del auto en mi cuerpo.
Abro los ojos de golpe y respiro agitadamente convenciéndome de que todo es una pesadilla, que ningún auto me atropello y que
Álvaro no se quemó en su auto.
Veo a mí alrededor y me encuentro en una habitación de hospital, con todas las paredes blancas que se pierde con la intensidad blanca de la luz, me centro en la tv y solo puedo ver un auto incinerado en medio de la autopista.
Mi pecho se comprime y siento como el oxígeno abandona mis pulmones, lagrimas corren por mis mejillas y no puedo parar de temblar.
Escucho la puerta abrirse y al momento siento unos brazos envolverme.
—Hija, cálmate—logro escuchar la voz de mi mamá pero no puedo hacer lo que me pide—vamos hija, respira—intento hacerlo pero no puedo—por favor hija, respira—su voz es una súplica pero yo ya no tengo control de mi cuerpo.
—Señora hágase a un lado, voy a inyectarle un calmante—mi mamá se quita pero no me suelta la mano y siento como poco a poco voy cayendo en la inconsciencia nuevamente.
Voy a rastras hacia el cuerpo inerte de Álvaro pero unas manos me halan hacia atrás y como puedo me suelto para ponerme de espaldas e intentar levantarme pero me es imposible.
El hombre comienza a avanzar peligrosamente hacia a mí y cuando veo su rostro un grito sale de mi garganta desgarrándola.
Su sonrisa, tan fría y espeluznante hace que tiemble de miedo.
Intenta agarrarme de nuevo y me fijo que donde estaba el cuerpo de Álvaro solo hay cenizas consumidas por el fuego y que un auto viene a toda velocidad hacia mí.
— ¡No! —grité y me levante de un salto.
Mi papá se acercó y me miro con cautela, volví a sentir lágrimas en mis mejillas y cubrí mi rostro con mis manos.
No podía ser, me negaba a creerlo. Yo lo recuerdo todo pero estas pesadillas se sienten tan reales que solo pienso en si es verdad o no, mi cabeza duele y siento la confusión latente, quiero que el recuerdo de todo pare, quiero verlo y comprobar que no murió.
Me duele pensar que Álvaro murió y no pude salvarlo o tan solo decirle que lo amo desde hace mucho.
Lloro con fuerza y mi papá me abraza.
—Papi dime que no es verdad, dime que si pude hacer algo por Álvaro, dime que está bien—me separe de él y limpio mis mejillas con los pulgares de sus manos.
—Hija yo…—vi dolor en sus ojos y mi corazón se comprimió tanto que provoco un dolor horrible.
—Papi…él no, él no por favor—me volvió a abrazar y suspiró.
—Necesito que te calmes, voy a decirte como este Álvaro si respiras y dejas de llorar—lo miré seria y asentí—él está bien, no está muerto, tiene golpes, cortes y esas cosas pero sigue vivo—respire profundamente y apoyo mi cara en su hombro.
Dure así varios minutos hasta que entró mi mamá llevando una silla de ruedas, mi corazón dio un vuelco al ver a Álvaro con el rostro golpeado, un corte en su ceja y labio pero perfectamente vivo.
—Si está vivo papá—dije llorando y este asintió pasando su mano con delicadeza por mi espalda para que me calmara.
— ¿Estas bien? —escuche que decía esa voz que pensé no escucharía más—respóndeme, quiero escucharte—suplico y yo miré a mis padres.
—Los dejamos para que hablen pero no se alteren demás ninguno de los dos ¿queda claro? —ambos asentimos y ellos salieron.
—Si estoy bien, pensé que estabas muerto yo…lo vi en la tv, tu auto…—respire profundo y él tomo mi mano.
—Estoy aquí, estoy bien—asentí viendo nuestras manos unidas—tu lograste sacarme del auto antes de que explotara, por ti sigo vivo—asentí y puse mi mano en su mejilla acariciándolo.
—Pensé que no te volvería a ver y que no podría decirte lo que siento por ti, lo que he sentido desde siempre y me he empeñado en ocultar y ahora sé que no puedo dejar para luego el vivir porque no se sabe que pueda pasar—lo miro con fijeza y siento como mis ojos se empañan de lágrimas—yo te amo, me has gustado siempre pero pensé que era cosa de niña, luego de adolescente y luego solo me quede con que eres mi mejor amigo y que por eso te amaba como lo hago pero experimentar perderte me abrió los ojos y yo…—acaricio mis labios y yo deje de hablar y exhale aire.
—Yo te amo porque eres mi mejor amiga y porque desde siempre ha sido así pero no quería dañarte a ti, no me atrevía y por eso me lo callé por tanto tiempo pero ya no podía más y quiero que sepas que esperare el tiempo que sea necesario para que aceptes ser mi novia, te esperaría la vida entera—me acerque un poco más a él haciendo acopio de todo mi esfuerzo.
—No necesito más tiempo, quiero ser tu novia ahora—uní mis labios a los suyos y sonreí al sentir como las mariposas bailaban en mi estómago.
Ya no dejaría pasar por mi lado las cosas que quería hacer sin hacer algo antes para tenerlas.
Un mes después.
Hoy era mi día libre y me tomo el tiempo para ir por unos libros nuevos y una información en la universidad en la que quería entrar.
Estuve mucho tiempo recorriendo todo el campus, viendo la biblioteca, la cafetería, los salones y cualquier parte relevante para mi
comodidad.
Me senté un rato en unos banquitos en el centro del campus y comencé a responder varios mensajes que tenía, me distraje hablando con Álvaro.
Personas iban y venían, a unos pocos metros de mí una chica iba caminando apresurada, yo sentí que me miraban desde el otro lado y vi como un chico chocaba con la chica, este estaba vestido todo de n***o y cubría su cabello con una gorra, sentí pánico al momento.
El chico en ningún momento volteo pero pude darme cuenta del temblor de sus manos y el nerviosismo con el que le hablaba a la chica, se levantó y salió corriendo del lugar.
Extrañada y asustada lo seguí con la mirada hasta que se perdió detrás de unas edificaciones.
Me levante y salí de ese lugar con una sensación extraña en mi estómago, quería creer que solo era paranoia por todo lo de hace un mes pero todo era muy extraño.
Le pedí a Álvaro que me buscara porque no me sentía bien y lo esperaría en la entrada de la universidad.
Estaba tan nerviosa que no dejaba de ver a los lados, me torcía los dedos y hasta estaba sudando, todo me parecía muy extraño y si no es mi paranoia y de verdad alguien me seguía nuevamente, no volvería a salir sola jamás.
Quería estar segura pero sabiendo que podría estar alguien acechándome no dejaba que la tranquilidad llegara a mí.
Ya habían pasado quince minutos y Álvaro no llegaba, creo que me estaba preocupando en demasía, casi exagerando pero y si le hacían algo a él o a mis padres, ya había pasado una vez y si la intención de la persona del auto era matarnos podría seguir queriendo lo mismo al ver que sobrevivimos.
Revisaba mi teléfono frenéticamente y le envié varios mensajes de los cuales no recibí respuesta, me estaba preocupando pero luego pensé en que puede que haya mucho tráfico y que por eso se demora.
Me senté en los escalones de la entrada y espere con paciencia a que llegara Álvaro sano y salvo.
Comencé a morderme las uñas por la ansiedad que me provocaba todo este asunto, estaba tan asustada que si alguien me habla salgo corriendo.
Apoyo mis codos en mis rodillas y cubro mi cara con mis manos mientras muevo una pierna con impaciencia.
Reviso mi teléfono y veo que ya han pasado veinte minutos más, a lo lejos veo un auto entrar y suelto el aire contenido cuando me doy cuenta que es él.
Suelto un suspiro aliviada, se detiene frente a mí y se baja del auto, veo que tiene un golpe en el pómulo izquierdo y sangre en su frente, camino apresurada hacia él.
— ¿Qué te paso? ¿Porque la sangre? — le pregunto mientras toco su rostro frenéticamente.
—Nada, tranquila—toma mi mano y me guía hacia el auto— sube, vámonos— le hice caso sin replicar y me subí.
No hablamos durante todo el camino pero mi mente estaba que explotaba, quería respuestas, quería saber que pasaba.
Llegamos a mi casa y me baje sin decirle nada, camine hasta llegar a la puerta y cuando iba a abrir me tomo del brazo, me volteo y me pego a su pecho.
—Tranquilízate, te prometo que todo va a estar bien, no te voy a dejar sola—comencé a llorar por la angustia, la frustración y el miedo.
Saber que no sé lo que pasa o lo que pueda pasar me altera, todo ha estado muy extraño y me asusta que alguien o hasta yo misma pueda salir más perjudicada.
Solloce e hipee, no podía con tanto, a diario me recordaba lo que había pasado y a veces no podía ni dormir.
Me separe de él limpiándome la nariz y luego entre a la casa con él siguiéndome, cerró la puerta y yo subí para llegar a mi habitación.
Abrí y me tire en la cama, me abrace a mi panda y mire la ventana.
—Un auto me golpeo cuando iba saliendo de la calle de la floristería—no quise mirarlo así que me quede como estaba— mi cara golpeo el volante y la bolsa me regreso con fuerza al asiento haciendo que me golpease con este—suspire—cuando fui a buscar quien había sido ya no había nadie.
—No quiero pensar en que no es casualidad, en que podría pasar de nuevo pero todo esto me está poniendo muy nerviosa— me volteo para mirarlo— no quiero que les pase nada Burrito, me moriría— reprimo un sollozo y él se acerca y me abraza.
—No pensemos en eso, solo estemos muy alertas— me acaricio el cabello—solo recuerda que debes llamarme cuando veas algo raro, igual yo tratare de no dejarte sola ni un segundo— asentí y el me miro para luego unir sus labios a los míos.
Quería besarlo y que todo desapareciera, quisiera un mundo donde sus besos se han mi comida y sus abrazos mi oxígeno.
Lo tome por el cabello para profundizar el beso y me voltee para que se recostara en la cama, me subí a horcajadas y comencé a menear mis caderas al ritmo de nuestros labios, lentamente.
Puso sus manos en mis piernas para luego subirlas suavemente y con ello mi vestido, tocando suavemente hasta llegar a la elástica de mi ropa interior.
—Alva…—dije jadeando y el apretó su agarre en mis piernas
—Me vuelves loco—dijo entre besos y sonreí—eres tan increíble que a veces pienso que es un sueño que estemos en este punto—acariciaba mis muslos suavemente— te quiero besar hasta ya no respirar.
—Mis papás deben de estar por llegar y no creo que quieras que nos encentren así ¿cierto?—- él se rio y yo lo bese acariciando su pecho.
—Me lo pones muy difícil—mordió mi labio— quiero estar así contigo siempre— me dio la vuelta y quedo él sobre mí—tan juntos como sea posible— rozo su pelvis a la mía y luego llevo su mano a mi entrepierna— estas tan exquisitamente húmeda—sus dedos jugaron con mi entrada hasta que se introdujo lentamente.
—Oh por Dios—exclame extasiada.
Los movió delicadamente mientras besaba mis labios, cuello, hombros, aumento el ritmo y mis gemidos aumentaron, su nombre salía de mis labios como una caricia leve que llegaba a sus oídos.