Una vena titilaba con fuerza en la frente de Alaric, marcando el ritmo de una pulsación que amenazaba con estallarle en la cabeza. No sabía cuánto tiempo exacto había pasado desde que Ethan cruzó la puerta para marcharse, pero él seguía en el mismo puesto, con la espalda rígida y la mirada perdida en el vacío. La rabia seguía ahí, instalada en su interior como un carbón encendido que no terminaba de apagarse. Aunque existiera la posibilidad remota de que Daniel fuera inocente, como Abril insistía en asegurar, la pregunta que le taladraba la mente era una sola: ¿por qué mierda ella tenía que preocuparse tanto por ese tipo? El dolor de sienes era tan agudo que por momentos se sentía mareado. Hoy sería la primera vez que él y Abril estarían solos por completo en el penthouse, ya que ella habí

