CAPÍTULO 4

2843 Words
Amelia Montserrat 9 de junio, 2016 Despierto ahogado un jadeo lastimero y con una presión sobre un costado del cuerpo, abro los ojos observando el brazo tatuado y piernas que me rodean. Controlo la respiración esperando que el pánico no cunda, pero no me sirve hacer ejercicios de respiración para que mi mente esté tranquila y no cree varios escenarios ilógicos. Todo está mal, desde el momento en que desperté con un horrible dolor de cabeza, también el hecho de no conocer al desconocido con quien estoy compartiendo cama. Se por el estado dolorido de mi cuerpo y sus extremidades rodeándome con recelo, que hicimos mucho más que darnos un fraternal abrazo. Vagos recuerdos de una noche de aventura erótica vienen a mi cabeza con fuerza, recordándome lo mucho que disfrute debajo del cuerpo de este hombre. Mi cuerpo duele y grita por piedad cada vez que me muevo, el más mínimo movimiento tensiona los músculos magullados llevándolo a un dolor agudo e incesante. Es una bestia, aseguró saliendo del agarre mortal del pelinegro dejando que este invada mi lado de la cama; la sábana se desliza algunos centímetros dejando al descubierto el trasero pálido de mi conquista de una noche. Un trasero con multitud de tatuajes sobre él. Algo que no puedo negar, aunque quiera, es que esa es una buena retaguardia, muy buena para pertenecer a un chico. Me visto y preparo para salir a hurtadillas como un ladrón de la habitación, sin hacer el menor ruido posible. No deseo pasar por esa incómoda despedida del día siguiente, no quiero experimentar el momento penoso que siempre traen estas situaciones; la idea de recibir su mirada adormecida cuando estoy escapando, es algo lo cual provoca que las mejillas adquieran un leve tono rosado. Dejémoslo como una noche loca entre desconocidos que no se volverán a encontrar, porque dudo que vuelva a verlo alguna vez en mi vida. Ruego para que eso no suceda. "Céntrate Amelia" gruño caminando por todo el cuarto recogiendo mi ropa, menos mi ropa interior. Ignoro cómo cuelga la pequeña braga de encaje rojo en el techo moviéndose ligeramente de un lado a otro atrayendo la atención de cualquiera que decida mirar hacia arriba fijamente. No intentó recuperar la ropa interior, solo la dejo en el techo como un recuerdo para mi sexy pelinegro, quien aún duerme profundamente mostrando todo lo que tiene para dar y es mucho. Esa vista me hace recordar porque comenzó todo esto en primer lugar. Agregaré algo más a mi lista de nunca hacer, no provocar a un hombre para que me muestre su amigo cuando está borracho. No hacerlo de nuevo, si quiero salir entera de una habitación y no a trozos. Doy varios pasos apresurados huyendo de lo que deje en aquella habitación y olvidando muchas de las cosas que pasaron. Juraría que puedo escuchar la vocecita misticona y fastidiosa de mi prima, Elena Miller, diciéndome una y otra vez que soy una cobarde y no debería huir. Sin embargo, gracias a todos los dioses existente no soy Elena, y puedo huir en cualquier momento que lo desee, menos cuando estoy defendiendo un caso. Delante de un juez y en la mitad del juzgado siempre estaré firme y dispuesta a ganarle a cualquier persona. Vago por las calles del pequeño pueblo colonial observando como un pelirrojo está corriendo sin camisa y con una manada de periodista siguiéndolo, asumiré que es un famoso porque lo otro que mi cabeza piensa es que sería un delincuente y dudo que los periodistas estén detrás de un criminal a menos que sea famoso. — ¿Callum ha vuelto con la modelo rusa? —pregunta un periodista en gritos, el pelirrojo se ríe y niega su pregunta. — ¿Cuándo es la gira? —pregunta otro. —Dentro de dos meses—contestó el pelirrojo con la voz ronca, parece que se hubiera levantado hace poco. — ¿Callum es verdad que estás en una relación con Evans? —pregunta otro periodista corriendo detrás del pelirrojo, el cual aún sigue huyendo al mismo ritmo sin cansarse. Envidio su resistencia física. Evans, ese nombre me suena, pero dudo que estén hablando de la misma persona que conozco, sería demasiada coincidencia que fuera mi primo y hermano gemelo de Elena, Evans Miller. —Dios no que asco—es lo último que escuchó que responde Callum antes de alejarse. Después de minutos de caminata incesante llego al pequeño apartamento, el cual alquilamos para pasar nuestra fiesta de celebración por abrir el bufete y la boda de una amiga de Lindsay. Entró dejando sobre un mueble el bolso que lleve todo el día y la noche, trotó hacia el cuarto que estoy usando quitándome cada una de las prendas sobrantes. Fue toda una travesía caminar sin ropa interior con algo tan corto en la calle, rezaba en cada paso, quedaba para que nada se viera. No quería darle el espectáculo de su vida a alguien más en estas mini vacaciones. Observo el reflejo proyectando por el espejo, guardando un jadeo el cual lucha por salir de la garganta. Hay varias cosas las cuales no me preocupe en notar cuando salí de esa habitación y una de ellas son las múltiples marcas rojas, las cuales manchan la piel blanca como porcelana, indicando que acabo de salir de una noche pasional y muy pasional. Detallo con atención cada pequeña marca que estropea mi inmaculada piel, la cual, cuidado con tanto esfuerzo, hay unas líneas negras en unas de mis nalgas que desentona con todo lo demás. Las líneas están enmarcadas por besos y mordiscos, los cuales se encuentran en un tono rojo vibrante. Puedo decir con seguridad que al pelinegro le gustó mucho mi trasero, demasiado para dejar tantas marcas de mordiscos y manos. Detallar el nombre escrito sobre la nalga en una letra cursiva y elegante en tinta negra, Owen Dls, tengo su jodido nombre tatuado, asumo que es su nombre. Dios soy un desastre estando borracha. Apenas llegué a Londres esto estará fuera de mi piel, no puedo creer que mi primer tatuaje tenga que ser el nombre de un desconocido y en una nalga. Dios, que más estupideces hice estando borracha. 9 de julio, 2016 El tatuaje sigue sobre mi nalga, el tiempo corre y no he tenido oportunidad de librarme de ese molesto nombre el cual estropea la piel. Avanzo por los pasillos del bufete, los ojos se desvían hacia mi oficina en tonos pasteles, cada elemento de esa habitación tiene un toque minimalista y neutral, sin jugar con más de dos tonalidades. Lindsay me observa con una sonrisa, al terminar de escuchar mi opinión sobre el expediente. Esa sonrisa la cual se hace cargo de la expresión en su rostro, la reconozco muy bien. Es la típica mueca que siempre coloca cuando ha ganado un juicio sin hacer nada. —Estás en lo correcto, Lid, tienes buenos argumentos y unos puntos que serían difíciles de contradecir—murmuró—esto está más que ganado—pasó el expediente a sus manos dejando que termine su trabajo. Hace tres semanas este bufete abrió legítimamente sin tratar casos por debajo de ventanilla y el expediente, el cual tiene Lindsay es uno que catalogamos como casos por debajo de ventanilla. Este es el primer descanso que me tomo después de estar envuelta en cientos de papeles legales los cuales no encontraba emocionantes. Pero ahora puedo decir que soy dueña de mi propio bufete con orgullo. Somos el dúo perfecto en este lugar. Dos abogadas recién graduadas, dos mujeres socias y con independencia económica; las cuales decidimos qué casos aceptar o rechazar. Es el trabajo soñado. Lindsay siendo una abogada especializada en casos penales y yo que puedo manejar casi cualquier cosa, somos la combinación perfecta. Apoyo el brazo sobre el lugar de trabajo de la secretaria. Cuando iniciamos con toda esta locura de montar un bufete, siempre pensamos en contratar a mujeres, darle oportunidad a cualquiera del genero femenino o denominado por él. Dar una oportunidad a quienes hayan sido rechazados o menos preciados en las firmas de abogados grandes. —Me voy—anunció mirando a las dos mujeres que están hablando—tengo cita con Olivia para eliminar un pequeño detalle. La mirada café con tonos amarrillos de Lindsay se posa sobre mí mirándome con burla, ella sabe cada pequeño detalle de nuestro viaje. Hay algunas cosas las cuales preferí guardarme para mí, pero esa sonrisa burlona y los comentarios sucios y subidos de tonos los cuales soltó al verme caminar como bambi la mañana siguiente; le dan los detalles los cuales omití. Era horrible estar en ese estado por solo una noche de descontrol. —Suerte con ese pequeño detalle—arrastra las palabras con su acento italiano, dejando en claro que está muy divertida con todo lo que pase. Ignoro su comentario y miradas caminando fuera del bufete. Dispuesta a colocar fin a esta pequeña marca que me quedó de la aventura. Al entrar al estudio de tatuajes saludando a Olivia quien se encuentra realizando diseñando un nuevo tatuaje, la castaña echa un mechón de cabello hacia atrás antes de levantar la mirada y darme una sonrisa de bienvenida. —Dame un momento y ahora vamos con tu nalga—asiento sentándome en el sofá n***o que está en la sala de tatuajes. Reviso mi celular minuciosamente, borrando cada cosa que ya no necesito y liberando espacio; leo la notificación que llega desencadenado en picada un mantra de maldiciones las cuales salen por mi boca sin filtro. Estoy jodida. "Felicidades, mamá, lleva un mes de retraso" No sé qué jodida cosa puede ser buena para que me feliciten. No es bueno tener un retraso de esa magnitud, no es una semana o dos, es un mes completo. Estoy jodida. ​Olivia camina hacia mí indicando que todo está listo, la castaña habla con facilidad diciéndome los nuevos avances que ha hecho su amor platónico imposible. Fijo la mirada en Olivia, perdiéndome entre los tatuajes de sus piernas en colores opacos y el vestido veraniego en un tono blanco hueso que está usando. Ella sigue hablando, mientras mis pensamientos están divagando en como he arruinado mis perfectos planes. Escucho a lo lejos las palabras de Olivia, como me relata apresuradamente las nuevas remodelaciones que han hecho. Pero al final la plática vuelve a caer en la espiral del amor platónico, aún sigue suspirando por el mismo chico. Chico, el cual no conozco en todos estos meses donde me ha hablado de él; Owen Daniels. Siento que se ríe de mí cada vez que dice su nombre, como si él fuera alguien que todo el mundo conoce menos yo por ser despistada. Debo admitir que siempre ando desconectada del mundo, si a famosos nos referimos. —Código rojo—suelto interrumpiendo su monólogo sobre Owen. — ¿Código rojo? —pregunta perdiendo su sonrisa burlona, asiento, su cara se vuelve pálida y seria— ¿desde cuándo? —Un mes. —Estás loca, Amelia Montserrat—chilla desesperada— ahora mismo vamos a buscar tres pruebas de embarazo te la haces y si no hay bebe podemos quitarte ese tatuaje y hacerte uno mejor—sugiere saliendo del estudio—tatuaje que aún no he visto. —No quiero hacerlas—hago un puchero, tengo miedo de lo que salga. —Deja de ser tonta y camina—ordena con autoridad jalándome fuera del estudio. Nunca en mi etapa de adolescente y pubertad me di un susto de estos. Siempre tenía condones a la mano, en cualquier lado que estuviera había condones; en mi cuarto siempre había una caja. Los niños me dan pavor y miedo, no estoy preparada para ser madre, no me gustan las embarazadas ni los bebés. Quiero tirarme a llorar en la mitad de la calle. Pero ahora con veintisiete años comenzado a vivir después de solo estudiar y trabajar obtengo uno de estos sustos sobre bebés. Un horrible susto de bebé. Olivia entra a la droguería cuando se da cuenta de que no quiero ni pisar el andén donde se encuentra. Me da una de esas miradas de advertencia cuando quiero huir, la idea de huir se me hace maravillosa, pero no puedo. Olivia se apresura haciendo la compra de lo que son en este momento para mí el palito de la muerte. Sé que estoy exagerando, pero estoy llena de miedo. La castaña sale del horrible lugar blanco lleno de medicina con una bolsa en su mano la cual alza sonriéndome, provocando que quiera chillar de horror. Caminamos en completo silencio hacia el estudio, Harry, quien está atendiendo, nos observa con curiosidad cuando entramos con una bolsa y mi rostro pálido y trasfigurado. Olivia me entrega la compra y me señala el baño, asiento caminando hacia el pequeño cubículo. "Ahora Amelia, se una niña grande y haz pipí sobre esos tres palitos del infierno" M​e doy ánimos bajando los pantalones, destapó las cajas cogiendo las pruebas de embarazo y haciendo lo que dice las indicaciones. "Querido conjunto de células, espero no existan" pienso sobando mi abdomen. Hay que esperar cinco minutos, así que salgo del baño dejando la puerta abierta para esperar el veredicto final al lado de Olivia, la cual está caminando por la recepción del estudio. — ¿Y bien? —Hay que esperar cinco minutos—susurro. —Ya pasaron cinco minutos—murmuró viendo el reloj— ¿quieres que vea yo el resultado? —asiento, ella suspira caminando a paso rápido hacia el baño. Cuento los segundos que se demoran en salir, hasta ahora van sesenta segundos y sigo contando, ya que Olivia aún no sale colocando mis nervios en peor estado. Pasan dos minutos exactamente cuando sale con las pruebas en la mano, su rostro tiene una expresión neutra, la cual no indica nada. —Positiva—dice extendiendo los palitos del infierno—positiva—vuelve a repetir cuando nota que estoy en shock. — ¿Positiva? —ella asiente— ¿voy a tener un bebe? —asiente— tendré un pequeño bebé en pocos meses, no quiero un bebé, no quiero ponerme gorda—chillo perdiendo la compostura. —Cálmate no es bueno para el bebé que estés alterada—grita Olivia batuqueando. —A mí que me importa que es bueno para él—chilló. Caigo en cuenta en lo que dije, soné como una perra sin corazón que no le importa el cuidado de alguien inocente. Estoy asustada y nerviosa, no sé qué hacer, pero ninguna de mis opciones es sonar como una loca que no deseaba al pequeño ser que se está formando. Olivia tiene una mirada fría y seria, esperando que entre en mis cabales. Sé que toqué una fibra sensible con lo que acabo de decir. La madre de Olivia la abandonó con su padre cuando tenía tres años. Los primeros años no fueron fáciles, a su padre, Oliver le dio depresión y no sabía cómo cuidar de una niña pequeña, pero todo mejoró y ahora son el apoyo del otro. —Lo siento—me disculpo cuando ya estoy calmada. —No hay problema, sé que es algo difícil de sobrellevar, pero eres la persona más sensata que conozco ¿Qué harás? —Tenerlo. — ¿Segura? —me cuestiona, asiento. —No hay vuelta atrás, no tuve cuidado esa noche, ahora tengo mi regalo en camino—suspiro—no sé cómo acomodar todas mis cosas y hacer esto lo mejor posible para él, pero lo lograré. —Sé que lo harás, ahora muéstrame ese tatuaje—pide con una sonrisa guiándome hacia su sala de tatuajes. Harry nos observa tratando de entender lo que acaba de pasar. Es mejor que lo olvide si no quiere volverse loco, apenas lleva dos meses en este lugar y es el único cuerdo de todos los tatuadores que hay en el estudio. Entramos a la habitación donde Olivia siempre tatúa, bajo mis pantalones y ella dice algún que otro comentario obsceno sobre mi trasero para después quedarse callada cuando ve el tatuaje. — ¿Qué tal está? —preguntó con nervios. —No esperaba que fuera esto, ¿con quién lo hiciste? —El tatuador no lo sé y la persona con quien estaba esa noche era pelinegro no me acuerdo de nada sobre esa noche. Solo me desperté al lado de un hombre lleno de tatuajes—explicó—asumo que es su nombre. —También lo creo, acércate—pide— Owen Dls interesante. Olivia susurra halagando a la persona que lo hizo, se toma su tiempo detallando los trazos y caligrafías. Murmura, que se le parece a una firma, sigue hablando de dicha firma hasta que está segura que lo es. En todo este tiempo que ha estado viendo el tatuaje con sus manos enguantadas en mi nalga, no comprendo ni lo más mínimo de lo que está diciendo. Finalizamos la revisión del tatuaje, tatuaje el cual aún sigue sobre mi nalga.
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