La llamada

1311 Words
Zulema Me encuentro en el parque disfrutando en familia, se ha hecho rutina venir a este parque con amplios jardines, flores y rosas de colores. Veo correr a dos angeles que hicieron de mi vida dar un giro total, un reinició y una oportunidad a sentir vida dentro de mi. La sonrisa de mi hija Ariel, mientras corren como cuy en tómbola con su hermana Aitana y su hermano Alexander, no tiene precio. Uno en un millón, daba las posibilidades de falla en la operación, de regenerar o que lo hagan mal, cuando me ligaron las trompas. Fue lo que me dijo el médico. Ese uno me tocó a mi, después de mucho tiempo. Y me tocó justo cuando estuve con él. —Mamá, ¡ven! —Me llaman con sus manitos. —Cuchicuchi mami —Grita Alex —Me levanto del jardín y voy a su encuentro. Los abrazo y empiezo a hacerle cosquillas a los tres. Mientras estamos recostados en el cesped. Rien que empiezan a caer lágrimas de tanta risa. —¡Ahora a mami! —Grita Aitana —todos se tiran encima de mi y empiezan con las cosquillas..... a los pocos minutos me rindo.— Suficiente. Abrazo a los tres, veo sus lindas caritas, Ariel con mis ojos brillan bajo el sol. En cambio mis dos enanos tienen esos ojos azules, profundos como aquel hombre. —Suena mi móvil, una llamada ingresa, al ver quien llama me alerta, hace más de 4 años no volví a hablar con él. —Alo. —Hay un silenció. —Buenas tardes Señorita Zulema — Hola Peter, ¿Cómo estás? a los años.—Su llamada hace que mi corazón se acelere. —¿Que puedo hacer por ti?. — Otro silencio y eso no me gusta —Necesitamos que ustedes viajen a Madrid. —Me siento, hago una seña a mis hijos que debo de hablar por teléfono y que guarden un poco de silencio. —No entiendo, ¿por qué deberíamos viajar?. —Si es por ese hombre, cumpliré lo que me pidió. Desaparecer. —Es urgente y necesario que viaje de inmediato—vuelve a repetir Peter —Lo siento —ahora me paro y me alejo un poco de dónde estás mis tres hijos —No viajaré, no volveré nunca a Madrid y mucho menos lo quiero ver. —Señora, me pidió Raúl que la llamara — hace una pausa —El señor Borbón, no fue quien lo pidió, mucho menos el sabe de sus hijos. —Algo extraño pasa —¿que tiene que ver Raúl?, ¿por qué tú me llamas y no él? —Con Raúl siempre tuve comunicación, nunca se alejo, se que incluso estuvo peleado bastante tiempo con Bryan por como me trató. —Zulema —Deja ahora las formalidades —Se como acabaron las cosas, pero se necesita que ustedes viaje. —¿Cuando dices ustedes a quien te refieres? —A ti y a los hijos del jefe. —El no tiene hijos conmigo —Aclaro —son solo míos. —Lo escucho suspirar. —Sabe que eso no es cierto, aunque el señor en aquel tiempo prohibio que volviéramos a mencionar su nombre, tanto Raúl y yo sabíamos la verdad y tratamos de decirle. —Dice algo apenado —Pero el nunca lo permitió. —¿Dame un buen motivo para arriesgar mi tranquilidad y viajar? —Aunque me dije que todo dejaría atrás, aún siento que tengo un poco de rencor y no quiero avivar ese sentimiento. —Es Sebastián, Zulema —Una sensación de ansiedad aparece —Esta muy enfermo. —¿Que paso con Sebas? —No puedo entender —Hace unos meses estaba bien —A través de Raúl, pude comunicarme con él y saber cómo estaba durante todos estos años. —Le detectaron leucemia —lo dice muy despacio —Necesita un donante de médula. — Mi mirada se dirige a mis dos pequeños. Los quieren a ellos. —¿Pero tiene más familiares? —Ningún familiar de sangre aquí es compatible. —hay un silencio —Señorita Zulema, ellos son nuestra última esperanza. —Vuelve a hablarme con formalidad. —¿Cómo es esto posibilidad? —No puedo asimilar la noticia. —Acaban de rechazar las últimas pruebas de sus primos. —Se le escucha tomar una bocanada de aire. —Estan todos los familiares aquí en la clínica. Al tener la última negativa. Raúl pidió delante de todos que te llamara. —¿Qué? —¿Por qué exponerme de esa forma? pensé. —Al escuchar tu nombre el Señor Borbón se altero un poco, no entendía la orden que Raúl me daba. —Me cuenta —Estaban entre gritos ellos dos. Raúl me pidió que saliera y te llamara. — nuevamente el silencio —Se los motivos porque Raúl me dió esa indicación y ustedes son la última opción. Mi cabeza está hecha un lío. Pero vuelve a mi esas premoniciones, esa que tanto mis hermanas y yo tuvimos hace varios años atrás. Una vida hay que salvar, una vida de un familiar, la Luz son ellos. Recuerdo la premonición y la interpretación de mis hermanas a los múltiples sueños que tuvimos mientras estaba embarazada. Me tocará volver con ellos y enfrentar lo inevitable. —Viajere, intentaré que sea hoy mismo —Digo con seguridad —Pero con una condición. —¿Cuál señorita Zulema? —No quiero verlo, no quiero que se acerque a mis hijos, él no tiene ningún derecho sobre ellos. —Pero..... —Trata de cuestionar. —Dile a Raúl que se encargue de eso —Digo cerrando el tema. —Cuando llegue él no deberá estar en la clínica. —Entiendo, le informaré a Raúl y a los presentes — Suspira —Esto va ser un caos. —Solo iré porque me importa Sebastián, por el cariño y amor que le tengo —Dejo en claro el motivo por el que realmente voy. —Correcto señorita. —Escucho que va caminando —Informare.¿Desea que le consiga los boletos aéreos para hoy? —No, yo pediré que me reserve mi asistente. —No puedo viajar sola, debo de pedir a alguien que me acompañe. —Esta bien —Se escucha que habré una puerta y es escucha voces, mejor dicho gritos. Reconozco la voz de Raúl entre ellas. —Dios —Dice Peter —estamos en contacto. —Ok —él cuelga la llamada. Que está pasando allá. Me dejo más preocupada y con una intriga de lo que estaba pasando en aquella habitación. —Vamos niños, tenemos que realizar un viaje de última hora. —Mami a dónde vamos —Pregunta Ariel —Mientras coge de las manitos a sus dos hermanos. —Tenenos que viajar a Madrid, España —Abro la puerta de la camioneta —Es urgente, Sebastián está delicado de salud y necesitamos ir. —Ohh que le pasó —Dice mi hija. Ella si lo recuerda y se que ellos se comunican de vez en cuando por internet. —Vamos cariño, hay que llamar a tu padre para pedirle un favor. —Le digo. —Mamá, yo quiero ir contigo —Dice Ariel —Si cariño, claro que irás conmigo, pero no puedo viajar sola con tres retoños —Subo y pongo en marcha la camioneta. —¿Vas a pedir a papá que viaje con nosotros? —asiento con la cabeza. —Ok, yo lo llamo —Ella toma su móvil y marca a su padre. Trato de organizar mis pensamientos y prioridades. Tomar un vuelvo a última hora con tres niños, con un incierto de que me espera al llegar. Y si llegarán a cumplir mi condición. Trato de alejar todo pensamiento negativo y solo pensar en la salud de Sebastián. Eso ahora debe ser mi prioridad.
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