1. Caída
RUBEN
DOS AÑOS ATRÁS EN MOSCÚ
Las últimas misiones han sido un rotundo fracaso, por más que hemos realizado trabajo encubierto, es como si esos mal nacidos supieran cada movimiento.
Lo peor de todo, es que desde hace algunos meses estoy sin el apoyo de mi gran amigo y compañero, Salomón, él fue mi mentor cuando entré al ejército y más tarde fue mi comandante en las fuerzas especiales.
Un excelente maestro, que me ha demostrado ser el mejor amigo de todos, desde que lo hirieron, me tuve que quedar al frente del batallón a su cargo y tras dos años de misiones exitosas, me nombraron General en jefe de las fuerzas aéreas especiales.
Salomón, tuvo un largo período de recuperación, y al reintegrarse lo enviaron conmigo, en agradecimiento lo nombre segundo al mando; es lo mínimo que podía hacer.
Durante años fuimos el mejor equipo, hasta que nuestras misiones contra la mafia, empezaron a fallar; no hay duda de que hay un soplón entre nosotros.
Seis meses atrás, Salomón, fue herido; no era de gravedad, sin embargo, pidió licencia de cuidados de salud. Justo ahora, regreso a casa por caída en combate.
La herida de bala hace dos semanas no ha sanado y me han mandado de descanso hasta nuevo aviso. Por lo menos disfrutaré de algún tiempo disfrutando la compañía de mi amada esposa y mis pequeños gemelos.
Anna, es una gran mujer, a pesar de no ser un hombre en extremo amoroso, nuestro amor desde el inicio ha sido comprensivo y lleno de respeto.
Ahora somos una familia con todas sus letras, hace cuatro meses, Anna, dio a luz a nuestros gemelos, Anastacia y Artem, aunque, según mi madre no se parecen mucho a mí, he decir que son el vivo retrato de su madre, y son mi motivo para continuar en pie.
Después de un largo vuelo desde Briansk, por fin respiro el aire de mi ciudad natal. Voy directo a casa, me siento agotado y lo que más quiero es llegar y abrazar a mi dulce Anna.
No me tardo mucho en llegar, a pesar de ser las siete de la noche, la carretera no está tan concurrida como de costumbre. Media hora después, bajo del trasporte militar, me despido y entro a casa.
Todo se encuentra en silencio, unos segundos después, se escucha el sonido de zapatos bajando las escaleras, giro mi vista con una sonrisa en el rostro, es ella, Anna, tan divina como siempre.
—¡Oh! Eres tú —su desilusión es notable, me rueda los ojos y pasa de largo dejándome con los brazos abiertos.
—¿Disculpa? —giro en su dirección bastante confundido —y se puede saber a quien esperabas que te incomoda tanto mi presencia en MI casa.
—No exageres, solo espero a unas amigas, iremos a tomar algo.
—¿Amigas? Y ¿como porque tus amigas tienen las llaves de nuestra casa?
—Solo a eso has venido, no voy a discutir contigo, estoy harta de tus inseguridades, me largo.
Toma su bolso y sale azotando la puerta; llevamos poco más de un año con esta clase de conflictos busca cualquier excusa para discutir y salir de casa, ni siquiera me dijo nada sobre nuestros hijos.
Realmente pensé que esta vez sería diferente, llevo dos meses fuera de la ciudad trabajando, no me voy de juerga ni mucho menos, me he dedicado en cuerpo y alma a esta familia, no creo que merezca ese trato.
Trato de mantener la calma y mejor subo a la habitación de mis pequeños, ellos son mi calma en momentos como este; ellos no deberían saber de los problemas que su madre y yo tenemos.
A penas lleva un par de horas fuera y ya me siento un poco desesperado, no sé si enviarle un mensaje o esperar a que llegue y tratar de solucionar todo esto.
Por suerte mis hijos no han despertado, bajo por un vaso de leche a ver si así se logra despejar mi mente. Estoy por darle un trago al vaso, cuando una notificación al móvil me distrae.
Es una ubicación de un bar en el centro y una foto de Anna, justo como va vestida hoy, de inmediato me pongo alerta, pero el mensaje que viene con los otros datos me deja sin aliento.
“Anna, no te ama, ahora está con un hombre de verdad "
Seguido de eso, un video de mi esposa con muy cerca de un tipo que no reconozco, pero que por alguna razón, se me hace muy familiar.
No pierdo tiempo y marco a mi suegra, alguien debe cuidar a mis hijos, por suerte vive a unas casas de aquí, y en menos de veinte minutos llega. La razón que le dí, fue que Anna, me había llamado y necesitaba que fuera por ella.
En cuanto le abro la puerto, yo salgo y a pesar del fuerte dolor en las costillas, abordo la camioneta y conduzco hasta aquella dirección.
El lugar se encuentra lleno, no es el típico antro, es solo un tranquilo bar con música baja, pero que bien se presta para citas románticas.
Avanzo entre las mesas donde amigos y parejas disfrutan de las bebidas y la música; al final del establecimiento una pareja llama mi atención.
Anna, mi amada esposa, esta de espaldas a mi besando a un hombre, la clase de beso que te hace olvidar la existencia del mundo, el que te hace volar como si solo fueras tú y esa persona amada.
Mis manos se cierran en puños por la furia qué corre por mis venas, siento como el corazón se me rompe en pedazos, y soy incapaz de dar un paso más en su dirección.
Terminan de besarse y Anna, se gira en busca del mesero, su mirada se cruza con la mía. Su rostro feliz se transforma, intenta ponerse de pie, más el hombre que le acompaña la detiene.
No existe traición más grande, que la de las dos personas en las que más confiabas, yo hubiera dado mi propia vida por ellos, y ellos me traicionaron, Anna y Salomón, están juntos ahora.