RUBEN
La cara de ambos palidece al verme, en mi mente se recrean mil escenarios donde destrozo con mis manos a Salomón, más no es el único responsable.
Si Anna, me tuviera un poco de cariño o respeto por lo que significa nuestro matrimonio, jamás hubiera aceptado, los dos son tan culpables de igual forma.
Veo a mi esposa intentar levantarse y como Salomón, la detiene una vez más; retengo las lágrimas que amenazan por brotar de mis ojos, doy media vuelta y salgo del lugar.
No tiene caso que arme un escándalo, cuando ellos ni siquiera hicieron por darme una explicación. Si tan bien están juntos, que así sea.
Mientras subo a la camioneta me hago una promesa, no volver a confiar en nadie, aquí se acabaron los malos amores y los amigos traidores.
Antes de arrancar tiro por la ventana mi anillo de matrimonio, desde ahora no quiero nada que me ligue a ella, esto se acabó.
Llego a casa bastante rápido, subo a la habitación de los niños, en este momento las palabras de mi madre resuenan en mi cabeza.
La mamá de Anna, esta sentada en la mecedora durmiendo, me acerco a la cuna y los observo; tal vez sea una locura, pero antes de terminar con todo, merezco la verdad.
Tomo uno de sus cabellos sueltos en la almohada y los pongo en un trozo de papel y los meto en el bolsillo de la chamarra.
Esta vez no hay beso de despedida, no hasta que confirme mis sospechas; de ser ciertas, no habrá nada que me una más a esa mala mujer.
Sin hacer ruido salgo para bajar las escaleras y tomar la pequeña valija con la que llegué. Mañana mandaré por mis pertenencias, no quiero verla, no podría.
Por desgracia la casa de mis padres está del otro lado del país, no quiero ir a los dormitorios del ejército, así que optó por un pequeño hotel a las afueras de la ciudad; la camioneta la dejo.
Acabo de abordar el taxi, cuando una llamada entra al móvil, es ella; cuelgo y pongo el teléfono en modo avión, no quiero discutir, no en este momento.
La herida empieza a arder, le pido al taxista hacer una parada en alguna farmacia, tendré que cambiar los vendajes solo.
Aprovecho a sacar efectivo, al ser ella quien lleva las cuentas de la casa, no voy a arriesgarme a que rastree la tarjeta, quiero enfriar mi mente antes de cometer algún error del que pueda arrepentirme.
Dos horas más tarde llego al motel, pago por una semana completa y subo a cambiar las vendas y tomar la medicación, por lo menos el dolor me distrae un poco.
Después de terminar la curación, me voy directo a la cama, no tengo sueño, solo quiero descansar un poco. En este momento me duele más el alma que el cuerpo.
Dos preguntas no han dejado de rondar mi cabeza ¿Dónde me equivoqué? Y ¿desde cuando ha estado pasando? Si ya no sentía lo mismo por mi, si sus sentimientos habían cambiado, debió decírmelo.
No tenían porqué ocultar nada, y él; Salomón, era más que un compañero, era mi amigo, lo consideraba mi hermano ¡carajo! Golpeó fuerte el colchón.
Dice que los hombres no deberían llorar, sin embargo, las lágrimas salen solas sin ningún permiso; y es que ¿como le explico a mi corazón que Anna, ya no me quiere? ¿Cómo saco toda esta frustración?
Muerdo mis labios para no gritar todo este dolor que me está ahogando, debí suponer que algo estaba mal cuando ella empezó a cambiar su actitud. Pensé que era por el embarazo, luego el parto.
Tuve que hacer diez mil cosas para que aceptarán mi permiso el día de su parto y poder conocerlos, y ahora me falta el valor para llevar las muestras a un laboratorio.
Por primera vez en mi vida tengo miedo, un miedo que recorre cada vena, cada célula de mi cuerpo, ese tipo de miedo que se cala en tus huesos y los hace doler.
Ni siquiera las heridas de guerra duelen tanto. No sé en que momento me quedé dormido, despierto por la luz colándose entre las cortinas.
Lo primero que hago es tomar un baño, esta horrenda noche me sirvió para desahogarme, ahora tengo que poner manos en lo importante.
Me comunico al cuartel y solicito enviar por todas mis pertenencias a esa casa y llevarlas a mi dormitorio, lo único que quiero es no estar cerca de ella.
Y lo más difícil, enfrentarme a la realidad y solicitar el divorcio por infidelidad, dejare que la corte sea quien averigüe, por último, necesito salir de aquí, así que pediré mi traslado de manera inmediata a Omsk.
No regresaré hasta que no se tenga la resolución del divorcio, me enfocare en mi trabajo y en nada más, el corazón del General Rubén Stanley, está herido, y no dejaré que lo termine de matar.
OMSK, RUSIA
KATERINA
—Kat, baja un momento te presentaré a alguien —escucho a mi padre tras la puerta de mi habitación.
—Un segundo —estoy terminando de vestirme.
Tuve una sección de pintura bastante divertida, que termino con toda mi ropa manchada, y ya casi es hora de la cena, mamá me regañaría si me ve llena de colores.
Somo una familia pequeña, solo mis padres y yo, papá es el jefe de gobierno de Omsk, eso hace a mi madre una especie de primera dama, ja, ja, siempre me burlo de ella, no le gusta la atención innecesaria.
Termino con el cabello amarrado en una cólera y bajo, aun se ve un poco de pintura rosa en mi cabello rubio, espero no lo noten.
—Estoy aquí, buenas noches —mi alegría se esfuma al ver al banquero en casa.
Ese hombre siempre me ve como si fuera un trozo de carne, me da bastante asco, es un viejo verde y gordo, además huele a queso rancio.
—Hija, saluda a tu prometido...