KATERINA
¿Prometido? Que clase de broma de pésimo gusto es esta, creo que es día de los inocentes y no me di cuenta, empiezo a reír como loca y mis padres y el señor Keller, me ven sin mostrar pizca de gracia.
—Papi, ya está, ya me he reído y entiendo que es jna broma, pero no exageres esas bromas otra vez ¿de acuerdo? Bien vamos a cenar, señor Keller, que pase buena noche.
—¡Oh querida! —su horrenda voz se acerca a mis espaldas y la piel se me eriza del asco al sentir su enorme panza cerca —qué bueno que lo tomes con tan buen humor, pasemos a cenar y formalizar el compromiso ja, ja, ja, ja —siento como un balde de agua helada callen do desde la cabeza hasta los pies.
—¿De qué demonios están hablando? —me retiro de un salto cuando intenta tomar mi cintura —¿se han vuelto locos todos? Tengo diecinueve años, diecinueve ¿se dan cuenta de lo ridículo que es esto? Yo no estoy dispuesta a atar mi vida, mi futuro a este señor, sobre mi cadáver ¿entienden?
—¡Katerina! —grita mi padre cuando corro de regreso a mi habitación.
No me importan sus gritos, lo único que deseo justo ahora, es saber que carajos pasa por su mente, es absurdo que me comprometan con ese hombre, cuando ayer estábamos viendo las becas para la escuela de arte.
Me encierro en el baño de mi habitación, no pienso salir hasta que esa bestia se vaya de mi casa; es un cerdo, hay no, pobres gorditos ni culpa tienen.
Se escucha como entran a mi habitación y cierran la puerta, segundos después, la voz de mi madre suena detrás de la del baño.
—Katy, abre necesitamos hablar —su dulce voz casi me engaña.
—No madre, eso que están haciendo es un atropello, es absurdo lo que quieren hacer —estoy fuera de control y por primera en mi vida le grito.
—Katy, hay una razón de peso; no estoy de acuerdo en ello, también para mi es difícil, pero hay algo que debes saber para que lo entiendas. Esto debe quedar entre nosotras, tu padre no sabe que te diré la verdad.
—La única verdad es que se volvieron locos, si piensan que voy a aceptar semejante aberración. Me lleva más de cuarenta años mamá —me quejo al borde de las lágrimas.
—Sal y hablamos, estamos solas, tu padre se quedó a despedir a ese... Hombre.
Me quedo pensando unos segundos, si mamá se contuvo en insultarlo es por algo. Abro lentamente la puerta y asomo la cabeza para verificar que realmente solo esté ella.
Termino de salir de mi escondite, nos vemos fijamente a los ojos y le pido que me siga a la cama, esto necesita seriedad.
—Pues empieza, espero que no sea una mentira más.
—Hace unos años, tu padre estuvo involucrado en un ataque digital, que dañaba su imagen ante el presidente, tu sabes que deben estar completamente limpios para poder ser candidato y que nuestro líder te elija, depende de un currículo intachable.
—Si, y mi padre es un ejemplo de hombre, de esposo, de padre y sobre todo, tiene una carrera política intachable.
—Ese ataque mostraba cosas de su juventud, donde se muestra en situaciones bastante comprometedoras, era joven, todos cometemos errores a esa edad.
—Má, deja de darle vueltas ¿que puede ser tan grave como para que lo amenacen por ello? —esto me sigue pareciendo tonto.
—La verdad no lo sé, lo que si sé, es que esas pruebas bas pueden destruir su carrera, nos quedaríamos sin nada, y tú padre terminaría en la... Cárcel militar.
Mis ojos casi salen de las cuencas, ¿cárcel? Mi corazón bombea con fuerza y mis manos tiemblan, no, no puedo permitir que eso pase.
Bajo corriendo a donde esta papá, el me tiene que dar una explicación, lo que dice mi madre debe ser una mentira para que acepte, sí, eso debe ser.
—¿Ya se fue ese hombre? —choco con el, y es lo primero que pregunto.
—Ya se fue, pero no va a dejar las cosas así de fácil —me abraza y deja un beso en mi cabeza, su voz esta quebrada.
—¿Por qué papá? Ayer estábamos felices por que haría mi examen a la universidad en París, y hoy me salen con que quieren que me case con un viejo rabí verde, dime ¿por qué? —realmente estoy desesperada.
—Hice cosas de las cuales no estoy orgulloso, y eso no me importaría si la vida tuya y de tu madre no estuvieran en riesgo, ese infeliz tiene sus vidas en sus manos, no quiero perderte hija. Yo solo... —se rompe en llanto.
Nunca había visto al gobernador Belova, llorar y menos de esa forma, me da la espalda incapaz de verme a la cara; mi corazón se escucha crujir y se que ante eso no puedo hacer nada.
—Ese maldito, no solo me destruirá a mi, y te juro que no me importa que me exilien, perder todo lo que he ganado con mi trabajo, con el esfuerzo de tu madre. Es lo de menos cuando sé que puedo perderlas a ambas. Jamás me atrevería a pedirte semejante monstruosidad, de echo llegó unos minutos después que tú y nos dijo esto. Ni siquiera me dio oportunidad de negarme, el vino con sus hombre, si me negaba te llevaría en ese momento, no lo iba a permitir. Perdoname hija, nunca quise que esto pasara.
Lo veo tan roto y desesperado, que creo no te go más opción que aceptar, si de mi depende que mi padre no sufra; no le voy a quitar la paz al hombre que dio su vida por salvar la mía.
—Yo... Acepto.