RUBEN
Su olor es fascinante, su figura un vicio y su voz un afrodisíaco, no puedo despegarme de ella; por un segundo la imagen de Anna, aparece en mi mente, pero despejo su recuerdo.
Ella ya tomó su camino y yo debo continuar el mio, a pesar de aún no firmar los papeles del divorcio. Sacudo mi cabeza y continuo mi camino a su centro.
Cierra sus hermosas piernas, lo que me hace creer que es primera vez, ese desgraciado solo iba a destrozarla, elevó mi rostro y solo quiero que responda una sola cosa.
—¿Confías en mi? —nuestras miradas se cruzan y veo un ligero brillo en la suya.
—Confío en ti —responde con esa dulce voz que me tiene en la gloria.
Bajo poco a poco dejando que la suavidad de sus vellos acaricie mi rostro, es tan tierna, tan dulce, tan natural; ella no se da cuenta de lo hermosa que realmente es.
Paso mis manos por sus muslos y la atraigo a la orilla de la cama para tener mayor acceso, con la lengua me abro camino entre sus pliegues y saboreando el dulce sabor de su excitación.
Sus piernas aprietan mi cabeza, acarició su vientre y subo a ese sensual y delicioso par de senos, mis dedos se aferran a esos botones rosados y logró que relaje su agarre abajo.
Sus manos acarician mi cabello y me pega más a su centro, donde succiono cual sediento en el desierto, sus fluidos salen como manantial y bebo de ella dichoso.
En mi mente solo está ella, esta pequeña y hermosa criatura, cuando vi su fotografía la primera vez, solo pude ver a un ciervo asustado, y ahora tengo frente a mi, a la mujer más bella del mundo.
Me dedico a ella, me tiene a sus pies y algo en mi cabeza no quiere que este momento acabe jamás. Siento una fuerte explosión en mi rostro, trata de apartarme, sin embargo, abrazo sus muslos y termino de beber de ella.
Su agitada respiración, sus jadeos y gemidos se intensifican y una segunda vez acaba con mi lengua dentro de ella. Subo a su boca y la beso con pasión pero con delicadeza.
Mi longitud enfurecida duele, pero no puedo tomarla así, no aquí, no en esta situación, he olvidado mi propósito principal, pero tampoco quiero que se sienta usada.
Me estaría comportando como ese desgraciado, antes de intervenir, ya teníamos la información sobre los motivos de esa boda, es un hijo de p*ta, fingir amenazas y lo peor es su padre.
Ella no merece tantas mentiras y mucho menos de quienes se supone deberían protegerla, sus padres son una escoria, no se merecen tener una hija como ella.
Sus dulces labios son exigentes, sus manos temblorosas logran desabotonar más camisa y bajan al cinturón de mi pantalón.
—Creo que aún no es el momento —trato de no cometer una estupidez más grande.
—Estoy lista, lo juro —jadea ansiosa.
Trato de retirarme y ella toma mi rostro y une nuestros labios una vez más, nuevamente toma el cinturón hasta que logra abrirlo junto con el broche del pantalón.
Con ayuda de sus piernas baja mi ropa inferior, dejándome desnudo de la cintura para bajo, siento sus dedos temblar al retirar la camisola pero me dejo hacer.
Nos separamos y al igual que yo, recorre mi cuerpo con la vista, sus piernas se envuelve en mi cintura y me jala hacia ella.
Mi falo se endurece a más no poder, y por el señor que con gusto me enterraría en ella, pero no, solo me frotó con fuerza entre sus pliegues empapados.
Gime moviendo su cadera me súplica por que me adentre, y por más quiera hacerlo, me contengo, mis labios se unen a los de ella, solo para evitar que su voz me convenza.
La quiero conmigo, y de eso no tengo dudas, más no será hoy, y tal vez tarde bastante en lograrlo, y sé que cuando nuestro momento llegue, será una experiencia hermosa para ambos.
Katerina, no sabe ni mi nombre y sin embargo, yo se todo de ella, hasta tengo una excelente universidad de arte donde podrá desarrollar su talento.
En un principio solo era para entrar en el programa de protección de testigos, ahora es porque realmente anhelo estar junto a ella.
Nuestros cuerpos se descubren entre caricias y besos, el calor de uno se convierte en el del otro, y nuestros latidos van al mismo tiempo.
—No me hagas suplicar de nuevo po...
Toc, toc, toc...
—Señor, el prisionero está listo para el interrogatorio —la voz de uno de mis hombres se escucha del otro lado de la puerta.
—Se puede retirar soldado.
Bajo mi vista, se ve triste y eso hace doler a mi corazón herido, acarició delicadamente su dulce rostro y dejó un beso en su frente.
—¿A dónde vas? —su voz se quiebra mientras se cubre con las mantas de la cama.
—Tengo que interrogar a Keller, parece que no todo lo que te plantearon es real y tengo que tener testimonio de ello —informo mientras acomodo la ropa.
—¿Volverás? —sus labios tiemblan.
—Volveré —me siento a un lado de ella y la beso —mandare a alguien para que te traigan de comer.
—No tengo hambre, solo te quiero a ti —hace un lindo puchero y se aferra a mi brazo.
—Ya tendremos tiempo de hablar, aún no me conoces...
—No hace falta saber tu nombre cuando mi corazón te anhela —interrumpe.
—Pequeña contestona —tomo su rostro y la beso nuevamente mientras mi mano libre baja y retira las mantas.
Recorro una vez más su piel, ella se coloca de rodillas sobre la cama y toma mi rostro profundizando el beso. Siento sus testas en mi pecho con la camisa aún abierta.
Mis manos se aferran a sus glúteos y los masaje con esmero, los aprieto hasta que un pequeño quejido abandona sus labios y dejó un par de nalgadas en ellos.
—Regreso pronto, tenemos mucho que hablar...