6. Fiebre

965 Words
Katerina Mi milagro se concedió, ahora estoy siendo trasladada, sabrá Dios, a donde. Que es lo que menos me importa considerando que me han salvado de unir mi vida con ese gordo asqueroso. De los nervios ni vi quien tiraba de mi cuerpo, solo me dejé llevar, quería salir de esa iglesia y respiré tranquila cuando me sacaron. A lo lejos escuchaba gritos, pero no levante la vista para nada, me subieron a una camioneta o algo así, y cubro mi rostro tratando de controlar mi respiración. Cuando por fin tuve el valor de ver, ya estábamos llegamos como a una base militar, lo que se me hace extraño ¿por qué me traerían aquí? O peor aún ¿en que estaba metido el viejo? La chica que va conmigo, me hace una señal de silencio y me lleva hasta una como casita aislada del resto del campo, no salgo de una y ya estoy en otra. Entramos y me deja sola, me indica que más tarde vendrán a pedirme declaración, asiento a su mandato y sale dejándome sola. Lo que sea, con tal de salir de esto de una vez y por todas, además tengo que saber que pasará con mis padres, por estar pensando en que la libré, ni siquiera vi a donde quedaron ellos. Siento como el maldito corsé aprieta mis costillas, odio este vestido, es horrendo, igual que el viejo que lo eligió; grito y me empiezo a gritar como puedo esta desgracia de la moda. —Maldito vestido te odio, te odio tanto como a ese miserable, Diosito, gracias por el milagro yo... —estoy peleando por quitarlo cuando se escucha la puerta —¡AAAAAH! ¿A caso está loco? Largo de aquí, váyase, váyase. Todos son iguales, unos malditos pervertidos. A como puedo intento sacarlo del lugar, no dejo que me toque, con el vestido a medio quitar y lanzando manotazos hago que de un par de pasos atrás. De repente, me sujeta por la cintura, el calor de su cuerpo invade el mio, mis mejillas se sienten ardientes, su mirada penetrante hace que se me erice la piel y me sacudo para apartarme. —No te muevas —su tono es bajo pero ronco, y ¡carajo! Algo en mi empieza a gotear. —Y si lo hago ¿qué? —lo reto, una sonrisa con suficiencia se dibuja en esos carnosos labios. Su agarre se hace más fuerte, sus dedos acarician mi espalda baja, mi corazón late con demasiada fuerza y mi respiración se corta al sentir su aliento tan cerca del mi. —No querrás saberlo niña contestona —sus labios están demasiado cerca. ¡Hay por Dios! Será que estoy soñando y todavía estoy en mi cama y todo lo que pasó fue una pesadilla, a ver, a ver; mis pies se elevan por las puntas y termino con la pequeña distancia que hay entre nuestros labios. Nos quedamos quietos unos segundos, con los ojos viéndonos directamente hasta que los míos se cierran y el mueve esos gruesos pétalos. Mis manos suben a su nuca y se aferran al corto de su cabello, sus dientes chocan con los míos de lo efusivo del beso, mi primer beso. Su agarre es tan fuerte que me eleva dejando mis pies en el aire y el vestido en el suelo; mis piernas se aferran alrededor de su estrecha cintura sintiendo el enorme bulto sobre la tela de su pantalón militar. Avanza pisando la horrenda tela hasta llegar a la pequeña cama, me recuesta con cuidado mordiendo mi labio inferior, sus besos bajan a mi cuello y mis piernas se aprietan al sentir que su soldado crece más. —La disciplina no es lo tuyo ¿cierto? —susurra sobre mi oreja provocando que me convierta en cascada. —Puede intentar... Disciplinarme... —alcanzo a responder entre jadeos. —¿Eso quieres pequeña contestona? —su voz ronca me estremece. —Si señor, lo quiero —respondo apenas. Un fuerte gemido abandona su garganta y por alguna razón desconocida, me froto más en el. Sus manos recorren mi torso, sus dedos pellizcan mis botones sobre el sostén y mi centro palpita con fuerza. —Es lo que tendrás para que aprendas a no rezongar. Baja un poco la tela y mis senos brincan anhelando su toque, y como el buen soldado qué es, cumple con su palabra y se pega a mis pezones succionando y mordiendo con fuerza. Siento como mis bragas se empapan de inmediato, y creo que se da cuenta pues enseguida baja hasta mi ropa interior; levanto un poco la vista a donde esta y veo como sonríe satisfecho pasando su lengua sobre sus labios, saboreando con alteración. Baja mis bragas con delicadeza deleitando su vista con mi cuerpo, sacude su cabeza y frunce el ceño, como si tratara de olvidar algo. Baja colocando sus rodillas sobre la madera y pasando su nariz demasiado cerca de mis pliegues humedecidos, se aleja y cierro las piernas por la pena que me causa. Sus manos acarician mis piernas desde mis pies, quisiera abrirme a él, pero siento la cara hirviendo de la vergüenza. No soy tonta, a los hombres, hombres como él, les gustan las super modelos, todas depiladas como muñecas. Yo, bueno, solo soy una chica normal que se ha enfocado en su arte y no en lucir como arte, además no le interesaba lucir linda, esta noche iba a terminar en la cama de un cerdo. Y ahora estoy en un cuartel del ejército con el hombre más guapo y sensual del mundo, es que en verdad que no puedo creer mi mala suerte, de haber sabido que perdería mi virginidad con este adonis, me hubiera esmerado en verme decente. —¿Confías en mi?..
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD