KATERINA
TRES MESES DESPUÉS
Nadie en casa esta feliz, las caras tristes lo dicen todo, más que asistir a una boda, parece que vamos al funeral de un familiar querido, y de alguna forma, así es.
Vamos rumbo a la iglesia y mis padres no dicen nada, mientras yo me aguanto el nudo que se ha formado en mi garganta; aún ruego a Dios, por un milagro.
Llegamos y antes de bajar mi padre me entrega una carta, me pide que la abra solo cuando esté en casa del ese hombre; no puedo evitar derramar una lágrima.
Debo ser fuerte, debo ser fuerte, esto lo hago por él, para que no pase nada y su nombre no quede manchado. ¡Dios, por favor no me abandones!
Mi padre sale de primero y detrás de él, mi madre, tomó una última respiración profunda y tomó la mano de mi padre para salir del lujoso auto que mandó el asqueroso ese.
Por suerte durante todo este tiempo no se atrevió a querer estar cerca de mi, las palabras de mi madre fueron mi salvación.
"Será mejor esperar hasta después de la boda, eso garantiza su pureza"
Los invitados ya esperan dentro, camino del brazo de mi padre, en cuanto pongo un pie dentro del histórico edificio, la marcha nupcial suena.
Al final del camino el hombre que tanto asco me produce, aguarda por mi con esa sonrisa torcida de dientes amarillos por los cigarrillos.
El peor momento de mi vida está sucediendo y mis plegarias no sesan en mi mente; sentir su mano sobre el guante en mi mano, solo hace que me den ganas de volver el estómago.
La ceremonia da inicio, el sacerdote habla pero no le presto la más mínima atención; el momento de dar los votos llega. Solo oigo su voz lejana y de repente...
NARRADOR OMNISCIENTE
El general Ruben Stanley, junto a su nuevo equipo ya tenían un mes en Omsk, llevaban siguiendo los pasos de Pyotr Keller, durante ese tiempo.
Sabían que este día sería su boda y era el mejor momento para atraparlo. La seguridad era baja, pues no quería que su pequeña novia se asustara.
Tenían una mucama infiltrada dentro de su lujosa mansión, ella era quien pasaba toda la información y además era quien estaría a cargo de la seguridad de la nueva esposa de Keller.
Si algo salía mal y no lograban su captura, ese mujer sería de gran ayuda para atraparlo desde dentro. No era una misión fácil.
Ya habían descubierto que Keller, era uno de los líderes de segundo grado, pero no por eso tenía menos poder, ese infeliz era un gusano y sabía mover sus fichas.
Ruben, aun no sabía quien había sido su infiltrado por todo ese tiempo, pero pronto descubrirá una verdad que terminaría por destruirlo.
El momento había llegado, todos los comandos estaban en posición, antes de que la ceremonia terminara, Ruben, y su equipo sometieron a los pocos guardias de Keller.
Con el terreno limpio, irrumpieron dentro del edificio eclesiástico, deteniendo la boda. Comandos bajando desde la cúpula, francotiradores en el área alta del coro, otros más saliendo de la sacristía y deteniendo a Keller.
Ruben, con el rostro cubierto apareció desde la entrada principal, con el porte que solo un general de alto rango como él, podría tener.
Entre el escándalo de los invitados y los gritos del capo, exigiendo su liberación, la joven novia lloraba agradecida por obtener su milagro.
Keller, gritaba amenazas a diestra y siniestra, sobre todo al señor Belova, a quien culpaba por todo lo ocurrido. Antes de que pasara algo más, la mucama encubierta, sacó a la novia para evitar una tragedia.
Sabían que conservarla sería de utilidad para que el capo hablara, esta vez nada había salida mal. La misión fue un éxito y Ruben, se sentía agradecido por ello.
Keller, fue trasladado de inmediato a la base del equipo de Ruben, y encerrado en los calabozos, mientras que la joven señorita fue llevada a una de las habitaciones lejos del resto del equipo.
RUBEN
—Señor, el canario está está en la jaula, esperamos ordenes —uno de los nuevos elementos me informa.
—Demos el trato especial a nuestro invitado de honor, más el interrogatorio es para mi.
—Entendido señor —se despide y sale de mi oficina.
Termino de retirar el pasa montañas que cubre mi rostro y el reto del equipo de protección, antes de hablar con Keller, debo averiguar si esa mujer sabe algo.
Tomo una sola de mis armas y salgo rumbo al lugar donde se encuentra la chica, no creo que ella quisiera esa boda, así que espero que por agradecimiento coopere conmigo.
—Señor, esta haciendo preguntas —la infiltrada me comenta antes de pasar a verla.
—Veremos que hay por hablar —se hace a un lado y entro sin tocar.
Giro de inmediato y cierro la puerta con seguro, al dar la vuelta me topo con el más delicado cuerpo que en mi vida haya visto jamás.
—Maldito vestido te odio, te odio tanto como a ese miserable, Diosito, gracias por el milagro yo... —en ese momento gira, sus ojos se agrandan y —¡AAAAAH! ¿A caso está loco? Largo de aquí, váyase, váyase. Todos son iguales, unos malditos pervertidos.
Se acerca a empujarme y lanza manotazos como loca, trato de detenerla, sin embargo, es bastante rápida y por su pequeño tamaño me es difícil poder sujetarla.
Si pensarlo mucho y ya un poco irritado de su comportamiento, doy un paso en su dirección y la sujeto por la cintura atrayendo su delgado cuerpo al mío.
El calor de su piel traspasa mi uniforme, sus bellos ojos azules se llenan de lágrimas y algo dentro de mi desea no verla así.
Mi rostro baja lentamente al suyo hasta quedar a pocos centímetros del suyo, mi mirada baja a esos pequeños y gruesos labios y siento como mi hombría despierta sin permiso.
—No te muevas —mi voz sale ronca y mi respiración se agita.
—Y si lo hago ¿qué?..