Cuando sonó la campana final, estaba más que lista para ir a casa, terminar la tarea y dormir. Me despedí de las chicas y fui a mi casillero a recoger mis libros. Mis ojos captaron los movimientos suaves y precisos de Kai caminando hacia mí. Era como si estuvieran entrenados para notar la colocación deliberada de sus pies, la forma controlada en que se sostenía. Me pregunté cómo había pasado tanto tiempo simplemente descartándolo, sin realmente verlo. Destacaba entre todos—aparte de todos. Un poco como yo. Excepto que él no tenía amigos. Tenía compañeros de clase, socios para proyectos, profesores, pero nadie que pareciera conocerlo de verdad. Era un enigma. Uno frente al que ya me había humillado demasiadas veces. Su mirada se posó en mí, y levantó una mano a modo de saludo. Quería hab

