Mi sorpresa al ver a un hombre totalmente desconocido pudo expresarse en todo mi rostro; él parecía seguir dormido. “¡Un ladrón!” Me armé de valor y con la escoba le di un golpe. Él, al ver que lo estaba agrediendo, fue que tomó el mango de mi arma y lo sostuvo con fuerza. “¡Ayuda! Hay un ladrón aquí.” Con el trapeador me volví a armar, le dejé ir un golpe con la mopa y comencé a seguirlo. Las escaleras que antes subía y bajaba con cierta dificultad, ahora lo hice sin ningún problema. “¡Vecinos, necesito ayuda, hay un ladrón aquí!” Disparé la alarma y seguí persiguiendo a este hombre, en cuanto pude logré lanzarle el trapeador y él terminó por caer. “Ahora te voy a enseñar qué te has metido con las personas equivocadas.” Tomé un bate que teníamos ante estos casos. “No puedo creer qu

