Mi hermano consume drogas.
Collin posee narcóticos.
Mi hermano podría estar auto medicándose.
Collin quizá padece de ansiedad.
Mi hermano... Collin... El chico sentado a mi lado tiene bajo su poder cierta cantidad de pastillas potencialmente peligrosas que quizá ha estado ingiriendo, sin habérmelo mencionado nunca.
Cerré los ojos fuertemente cuando el pánico amenazó con manifestarse, inspirando y expirando repetidas veces.
No importa cómo lo vea, da igual el significado que le encuentre; el final siempre es el mismo.
Por un instante se me pasó por la cabeza la idea de que aquella bolsa transparente llegó a mi suéter por medios alternos, que quizá el contenido consiste en analgésicos comunes de fácil obtención, pero simplemente no consigo afianzarla a mis pensamientos como si de una realidad se tratase.
Abrí los ojos de vuelta. Lucir sospechosa no es una opción.
La situación de Collin ha estado revolviendo mis emociones. No logré reunirme con Theo tras mi descubrimiento, no me sentía capaz de enfrentar a alguien. Le envié un texto dudoso alegando que súbitamente me mareé, a tal grado que mi indisposición de caminar pareció cosa seria. Y luego me encerré en mi baño porque era el único sitio donde me dejarían pensar con tranquilidad. Estuve sentada en el suelo alrededor de una hora, oyendo de fondo una seguidilla de canciones que nunca antes había escuchado mientras me enfocaba en cualquier pequeño detalle, como las divisiones entre las baldosas, para evitar llorar. Eventualmente Xanthia subió a buscarme y tuve que esforzarme bastante para poder convencerla de que en serio me sentía físicamente mal y que no podría salir de nuevo aunque lo intentara. La parte más difícil llegó cuando Ansel se sentó a las afueras, contra la puerta de madera, aseverando que sólo se marcharía si yo le permitía pasar para asegurarse de que estuvie bien. Debí tragarme las ganas de sollozar, y mucho más la de salir por un abrazo, hasta que Shelby finalmente apareció, estuvo al tanto de la situación y decidió tomar las riendas del asunto.
Una vez la fiesta llegó a su fin, sin mí, alrededor de las 5:00 A.M, salí tras haber sido hábilmente convencida por mi tía y me arrojé a la cama, donde permanecí estática con la vista fija en el techo media hora. Shelby no me dejaría faltar al colegio otro día, especialmente porque no mostraba ninguno de los síntomas que inventé, de modo que tomé una ducha rápida sin apenas registrar mis movimientos y me vestí con lo primero que conseguí. A eso de las seis Collin vino a casa. Se acercó a mí, titubeante, y me extendió una caja repleta de pastelillos con glaseado de chocolate, disculpándose por no haber estado presente en la fiesta, dio un pretexto poco coherente que ya no recuerdo, alborotó mi cabello y se retiró a su habitación. No pude reclamarle, días atrás lo hubiera hecho, porque al menos desde mi parte existe la confianza suficiente, pero hoy no conseguí la motivación que necesitaba. Quizá fue mi imaginación, pero me pareció que se tambaleaba ligeramente.
En este preciso momento me es sumamente complicado permanecer callada, cuando Collin ni siquiera se tomó la molestia de encender la estéreo, pero tampoco sabría qué decirle.
—Llegamos.
Su voz me trajo de vuelta. Sujeté la correa de mi bolso con fuerza, deseosa por salir de allí, y apoyé la mano sobre la manilla de la puerta.
—Heaven...
—¿Qué?
—Nunca olvides que... Que yo... Que te quiero.
Apreté los labios, recibiendo el golpe oculto en su declaración. Él es tan consciente como yo de que las cosas comienzan a transformarse entre ambos, por los motivos que sean, y quizá tampoco se siente capaz de afrontarlo.
—Yo también te quiero, Collin, muchísimo—busqué su mirada, decidiendo brindarle una diminuta sonrisa—. Pase lo que pase.
Por primera vez en muchos días pareció a gusto con mi presencia. Bajé del auto sin dejar de sentir una sutil opresión en mi pecho, momento en el cual otra preocupación en mi lista de prioridades escaló posiciones hasta situarse en el primer lugar: Enfrentar a mis amigos.
Todavía no había pensado en si debería hablarles de Collin o no. Antes lo creía ridículo por el simple hecho de que seguía clavada en que todo marchaba de maravilla entre nosotros, pero ahora... No sabría por dónde empezar, y lo cierto es que, a pesar de declarar para mí que lo que concluí es verídico, no tengo ningún dato en concreto que respalde mis suposiciones. Desconozco el sitio en el que mi hermano pasa sus días, noches y madrugadas, así como también a las personas que probablemente frecuenta. No tiene caso asumir datos o enredarme en una maraña «Tal vez» y «Es posible que...». Es demasiado pronto para formular teorías, pese a que ya lo he hecho, y mucho más para compartirlas. Entonces, ¿Qué se supone que les diga?
Para mi mala suerte ambos esperaban por mí justo enfrente de la entrada, hablando hasta que me identificaron entre el resto de los estudiantes que pretendían adentrarse a la edificación. Me dije que era capaz de afrontar la situación de la mejor manera posible y puse, aún en la distancia, una de mis mejores sonrisas sobre mi rostro, determinada a lucir optimista y animada. Estaría tan radiante que olvidarían mi debacle de la noche pasada.
No se me hace difícil fingir que me siento perfectamente hasta que termino creyéndolo.
—¡Hola!
—Buen intento.
—¿Cómo?
Ansel resopló, reincorporándose. Había estado apoyado contra una columna de ladrillos.
—No vas a distraernos con tu aura de alegría y entusiasmo—me apuntó al rostro a modo de acusación, acercándose tanto que me vi en la obligación de retroceder—. No caeremos en lo mismo. Tenemos una charla pendiente. Tu tía nos echó porque estábamos agobiándote, ¿Puedes creerlo? En tu cumpleaños, ¡Nos echó! Sin darnos ningún tipo de explicación. A nosotros, tus mejores amigos, mientras que permitió que todos los demás se quedaran. ¿Sabes la cara que puso mi mamá cuando aparecí de pronto en su ventana? No estaba despierta, tuve que lanzarle piedras al cristal de su ventana corrediza, arriesgándome a romperla, para que pudiese oírme, porque mi padre probablemente estaba bebiendo en algún bar de mala muerte y... ¡Me estoy desviando!—elevó la vista al cielo, visiblemente frustrado, y luego dejó caer sus manos sobre mis hombros, deteniendo mi huida—. El punto es que tú no tuviste la decencia de decirnos qué pasaba, literalmente desapareciste en el mejor momento, tras Theo, y no volviste. Xanthia supuso que, por tu tono de voz, estabas atravesando alguna crisis post-cumpleaños, pero nos quedamos con la duda. ¿Por qué no hablas con nosotros? Últimamente ocultas demasiadas cosas... Y Theo... No, espera, ¿Él te hizo algo? Dios mío, dímelo...
Me sacudió, empujándome aún más a ese sitio en el que no consigo procesar con la rapidez debida lo que ocurre a mi alrededor. Alcé los brazos, apoyando las palmas sobre su pecho con el propósito de frenarlo.
—¡Basta!
Ansel se detuvo. Yo retrocedí para liberarme totalmente.
—De acuerdo, una cosa a la vez.
Reacomodé los mechones de mi cabello, aún lisos, que se enredaron entre sí por la noche al tiempo que buscaba la manera de ordenar mis ideas.
—¿Estás bien?, ¿Por qué escapaste así de tu propia fiesta?, ¿Por Theo?
—Una cosa a la vez—repetí. El pelinegro descuadró los hombros y asintió, bajando su intensidad de nivel—. Bien, Theo no tiene nada que ver, ¿De acuerdo?—fruncí los labios. Ahora mismo él debe pensar que perdí la cabeza. Me pregunto si tendría caso buscarlo para explicarle—. Yo... Descubrí algo, o eso creo, tal vez es muy pronto para conversarlo...
—Queremos saber—aseguró, mostrándose tan serio que me pregunté si podría quedarme callada. No obstante, Xanthia se adelantó, reafirmando su presencia.
—Sólo si tú deseas contarnos—completó, mirando de reojo hacia nuestro amigo.
En ese instante tuve que tomar una decisión. Y sentía que podía estarme equivocando, porque sé por experiencia que no me hace ningún bien guardarme todas aquellas pequeñas situaciones que me causan estrés, pero no creí que pudiera obrar de otro modo.
—Por ahora, no. Necesito algo de tiempo. Lo que sí les puedo asegurar es que estoy bien, supongo que la peor parte ya pasó—intenté sonar honesta—. A ver, cuéntenme, ¿Qué tan malas son las opiniones sobre mi fiesta? No es exactamente memorable que la anfitriona desaparezca.
Noté que les costaba pasar la página así, sin más, pero se esforzaron por mí.
—De hecho, los comentarios son buenos. En teoría nosotros no estuvimos pendiente de lo que hacían los demás, pero, según los rumores, hubo bastante diversión.
Ambos se situaron a mis costados, juntos avanzamos hacia el interior.
Inevitablemente hice una mueca. Podía hacerme una idea de la clase de diversión que mis compañeros, y también los desconocidos, tuvieron. Preferí no entrar en detalles porque quizá me parecería repulsivo luego el tener que usar mis sofás.
—Aparte, el club de fans de Theo agradeció profundamente el poder verlo fuera del colegio. Al parecer no ha aceptado ninguna otra invitación a ninguna otra parte.
Rosy me escribió esta mañana para preguntar por el número del castaño. Yo suponía que lo olvidaría tras su rechazo. Y no respondí. Quise creer que fue sólo porque me he sentido bastante mal desde que abandoné la habitación de Collin.
—Ah, vaya.
—A qué no adivinas quiénes se besaron—dijo Xanthia de pronto. Apretó mi mano con aparente emoción, desconcertándome. Ella siempre ha detestado el tipo de información que sobreviene a un comentario como ese.
No es partidaria de los chismes o rumores, principalmente porque poco le importa inmiscuirse en las vidas ajenas. Tardé más de la cuenta en responder, atónita.
—Uh, ¿Rosy y Tom?
—¿Qué? No. Tom repitió al menos diez veces lo mucho que ama a una tal Giana...
—Xanthia, ella no necesita saberlo.
Desvié la mirada hacia Ansel, encontrándome con que, como contadas veces ocurre, tenía el rostro enrojecido. Introdujo las manos en sus bolsillos con notable nerviosismo, evitando el contacto visual.
—¿Disculpa? ¿Tú sí tienes derecho a conocer cada mínimo detalle de mi vida pero yo no de la tuya?
—¿Cómo sabes que te hablará de mí?
Por fin me observó, sin perder la tonalidad rosácea en sus mejillas.
—Porque eres terrible encubriendo lo que sientes.
—Aun así, ella podría estarse refiriendo a...
—¡Richard y Ansel!
Mis pies se trabaron en el suelo, de camino a nuestro salón, a la par que aquella exclamación entraba por mis oídos y se alojaba justo en el centro mis pensamientos.
El impacto me llevó a abrir la boca como si acabaran de darme la noticia más inaudita de mi vida.
Miré a Xanthia, buscando una negación o los principios de un estallido de carcajadas, pero sólo hallé una amplia sonrisa que indicó cuánto le ha agradado a ella el poder soltarme tal información. Entonces, todavía sin tragarme sus palabras, busqué a Ansel, cuya expresión de terror y vergüenza resultó ser la confirmación perfecta.
—¿Cómo?
—¡Richard y Ansel...!
—Sí, ya te escuchó—la cortó el pelinegro, contrariado. Yo seguía estupefacta.
—Lo siento, es que estoy emocionada, ¿Tú no, Heaven? Es decir, el momento no duró ni tres segundos, pero tenías que ver la cara que ambos pusieron apenas se separaron... ¡Yo vi una chispa ahí!
—¿Chispa? ¿Estás loca? Ya te lo dije: Sólo fue un reto. Además, yo estoy enamorado de Helena.
—Helena puede regresarse justo por donde vino.
—Dios mío, Ansel, ¿Qué...? ¿Richard y tú...?
Me aferré a su brazo, experimentado una combinación extraña de emociones encontradas.
—Olvídalo, Heaven—mi corazón comenzó a latir deprisa, y no supe qué fue más inesperado: La confesión o sus protagonistas—. De verdad, sólo fue un reto. Es... Incómodo hablar de ello, siento que traicioné la confianza de Helena.
Xanthia chasqueó la lengua.
—Ustedes ni siquiera están juntos.
Ansel giró la cabeza en su dirección, en un arranque repentino de furia.
—Pero la quiero, ¿Puedes dejarlo estar? Maldita sea, fue un tonto juego al que accedí porque estaba ebrio. No significó nada.
—Sabía que habían infiltrado alcohol—musité, a lo que Xanthia se mostró indignada. Yo tampoco sé cómo pude, después de haber oído semejante revelación, desviarme del tema principal.
—Bien, te dejaré seguir pensando que no fue importante, si te hace feliz. Pero ten presente que tus propios sentimientos no serán tan condescendientes contigo.
Ansel frunció el ceño, luciendo realmente molesto. Se alejó de nosotras con las manos hechas puños y el cuerpo tenso. Alcé una ceja hacia mi mejor amiga, sorprendida por cómo se estaba desarrollando el día, siendo que apenas acaba de comenzar.
—¿Qué fue eso?
—No lo sé. Si sólo se trató de un tonto juego ¿Por qué alterarse?
Me encogí de hombros a la par que retomaba mi caminata.
—Has insistido mucho en ello.
—Claro que no.
—Te conozco, lo has hecho. Y no entiendo por qué.
—Aquí entre nos, creo que Helena es una perra.
—¡Xanthia! No juzgues a las personas sin tener fundamentos, mucho menos a las chicas. Poder femenino y unión ¿Recuerdas?
—Sí pero, vamos, es obvio que ella no merece el respaldo de nadie. No estudia aquí y aun así he escuchado cosas; tenemos amigos en común. Afirman que ella habla muy mal de nosotras porque pasamos bastante tiempo con Ansel.
—Son rumores—puntualicé—. Tú más que nadie debería estar en contra de difundir ese tipo de datos. Es cierto que ella no parece dispuesta a conocernos, tal vez no le agradamos tanto como para querer incluirnos en su círculo, pero no sabemos por qué. Y, en tanto no nos insulte a la cara, no hay necesidad de insultarla a ella a sus espaldas.
—Bueno... En fin. El caso es que, además, ¿Puedes creer que Ansel besó a un chico?—esta última parte optó por susurrarla, respetando la privacidad del pelinegro.
Sinceramente, al principio me pareció una locura. Pero con el paso de los minutos me he estado cuestionando el por qué. Debería ser tan corriente como mi beso con Duncan que... Bueno, de acuerdo, a mí sí me afecta.
—Lo que me impacta es el hecho de que Richard, el mismo que parece odiar al mundo entero, accedió a besarse desinteresadamente con Ansel. No logro asimilar que estuviera en mi fiesta... Y ahora resulta que él sólo... Es mucho para procesar.
Llegamos al salón, estaba por entrar cuando Xanthia atrapó mi brazo.
—Heaven... Escucha, quizá pienses que estoy loca o que le doy demasiada relevancia a algo que no la tiene, pero conozco a mis amigos. Esto no es una estupidez para Ansel, sé que ha pensado en ello. De lo contrario no se habría enfadado. Tal vez debamos evitar el tema, y abordarlo sólo cuando él esté preparado.
Al respecto no tuve ningún presentimiento. Yo misma me he visto envuelta en situaciones comprometedoras gracias a ese tipo de juegos, y luego no ha pasado de allí, como por ejemplo mi situación con Luan. No obstante, entendí que algún efecto causó en mi mejor amigo, no necesitaba ser muy lista para deducirlo, y yo nunca buscaría incomodarlo adrede sólo para satisfacer mi curiosidad.
—De acuerdo.
Para la hora del primer receso todo parecía haber vuelto a su transcurrir acostumbrado. A Ansel se le olvidó que debía estar molesto y por segunda vez en lo que va del año nos arrastró casi a la fuerza hasta una mesa desocupada. Xanthia no protestó, supuse que estaba esforzándose por mantener la paz.
—¿Quieren pizza?
—Eso no se pregunta, O'Sullivan.
Xanthia alargó el brazo y tomó una de las seis raciones que podían vislumbrarse dentro de la taza del pelinegro Yo la imité. Shelby preparó tostadas con salsa de tomate, pero por la prisa, la incomodidad y la estupefacción las olvidé en casa.
Tras varios minutos de silencio Ansel habló.
—¿Me creerían si les dijera que hay una chica charlando con Theo?
—Sí, muchas lo intentan a diario.
—No, pero me refiero a en verdad charlando. Es decir, una conversación fluida en la que ambas partes participan con el mismo entusiasmo e interés. Es el fin del mundo. Hay una chica hablando con Theo y él no la ha espantado.
Volteé la mirada, perdiéndole de pronto el sabor al trozo de pizza que masticaba. Fue una tarea ardua dar con su mesa, porque la cafetería siempre se llena a esta hora, pero finalmente visualicé al castaño en la distancia.
Se hallaba sentado, dando en general la misma imagen de todos los días, con su libreta y sus lápices, su cabello revuelto y su ropa oscura. La gran diferencia la marcó la persona que se encontraba inclinada hacia el frente para poder hablarle sin problemas, con las palmas de sus manos apoyadas sobre la superficie plástica, sin tomar la iniciativa de sentarse; pelirroja, varios centímetros más alta que yo, enfundada en un conjunto bastante estético que cualquiera envidiaría y, para encontrarse junto a quien no suele ser amistoso, sorprendentemente cómoda.
Mi ceño se frunció tras el análisis que le hice. No sentí nada en su contra, sólo no comprendí en absoluto lo que ocurría.
—Parece que tienes competencia.
Me giré abruptamente hacia Xanthia sin cambiar mi expresión.
—No empieces.
—Uy, alguien se puso de mal humor—dijo Ansel, sonriendo como si sus palabras tuvieran una pizca de gracia.
Querían molestarme, pero no les daría el gusto.
—Supongo que hablas por ti, porque yo me encuentro perfectamente.
—Te cambió el semblante cuando los viste juntos.
—Chicos, por favor no sigan. Ni siquiera estoy segura de que Theo sea un amigo. Y créanme cuando les digo que no estoy interesada.
—No es lo que parece...
Podría sentirme irritada, realmente molesta por la insistencia de ambos en un tema que no tenía ni pies ni cabeza, pero lo cierto es adopté una actitud reflexiva. He ignorado bastante bien los aspectos de mi relación con el castaño a los que debería prestarle especial atención, y ahora me encuentro preguntándome si existe la remota posibilidad de que yo llegase a verlo a él de una forma distinta, de que lo considerara lo suficientemente indispensable como para quererlo. Quererlo de verdad. En todos los sentidos.
Theo es un chico sumamente atractivo; esto es innegable, quizá uno de los más lindos y atrapantes que he conocido, pero el físico sólo es una pequeña parte de todo lo que una persona simboliza. Es quizá una filosofía trillada, e incluso yo misma la he clasificado de absurda en cuanto admiro a una chica ridículamente hermosa, sin embargo, cuando filtras a las personas que tienes en tu vida e intentas distinguir si en serio te son de ayuda o, por el contrario, son responsables de muchos de tus debates mentales, lo último en lo que piensas es en compensar el daño que te hacen con su nivel de belleza. Al menos yo no lo hago, porque aprendí que vale más mi tranquilidad que la compañía.
Los valores y principios de Theo parecen ir en contra de los míos. Comprendo que hay millones de seres en este mundo que no merecen ni un poco cordialidad, pero no comparto su idea de descartar a todos sin siquiera darles un vistazo. También hay quienes valen la pena, y no es justo generalizar. Él es extremadamente reservado, sólo se abre ante mí por las madrugadas, cuando da la impresión de que nada le importa demasiado, y a mí me encanta compartir detalles que probablemente nadie me pediría. Él no parece interesado en conducir su propia vida, y aunque a mí se me está dando fatal, por lo menos intento hallar mi camino. Él no se esfuerza por conseguir nada, según lo que he visto, y yo estoy convencida de que la dedicación es la base de casi todo. Somos opuestos, pero yo nunca he creído que los opuestos se atraigan más allá de la física. Y si lo hacen, hay un largo camino entre la atracción y el amor.
—Theo es, literalmente, el tipo de chico por el que lloraría al no saber manejar nuestra relación. ¿De qué hablaríamos?, ¿Qué haríamos? Que ya no me odie es un avance, pero eso no significa que de pronto vaya a estar emocionado con la idea de compartir su vida conmigo.
—Últimamente se ve más interesado en ti.
—Xanthia, ¿Estás escuchándome? Nunca funcionaría, y está perfecto, porque él ni siquiera me parece lindo—crucé mis brazos sobre el pecho en un intento por reforzar lo último. De todo era la parte más falsa. Yo podría pasarme la vida postrada ante el rostro de ese chico, pero sólo eso.
—¿Ah, no?
—No.
—¿Ni un poco?—intervino el pelinegro.
—Ni un poco.
—Bien, entonces no tendrás ningún problema con que siga pegado a esa chica.
—En lo absoluto.
No era mi asunto. De hecho, me alegraba de que por fin hubiera hecho amistad con alguien del instituto. Por lo menos ya no pasaría sus almuerzos en soledad, aunque, honestamente, conmigo a su lado no lo hacía.
Era un cambio positivo; él se veía a gusto con ella, muchísimo más que conmigo. Pensé que quizá debería darle su espacio para que expandiera sus horizontes hacia nuevas relaciones, pero antes tenía que disculparme por lo de la noche anterior. En teoría lo dejé plantado ¿No? Lo mínimo que puedo hacer es darle una explicación decente. Es imposible que se haya creído el mensaje que le envié. Y me obsequió un collar excesivamente bonito…
Tomé la decisión antes de aceptar que sólo estaba buscando pretextos para ir hasta él.
Fui a su mesa en el segundo receso. Xanthia y Ansel no saben y posiblemente nunca se enterarán de que yo pensaba ir a la casa del castaño, de modo que agradecí el hecho que se hubieran quedado rezagados en el jardín central. Por un instante dudé en la entrada del sitio, desconocía si él estaba allí, solo, pero en cuanto lo comprobé por mis propios medios cualquier titubeo despareció.
Me senté sin que tuviera la oportunidad de registrar que me estaba acercando. Fue extraño advertir que usaba su teléfono. Al oírme lo apoyó sobre la mesa, mirándome con una ceja alzada. Su vista se desvió una milésima de segundo hacia el collar que me regaló, en sus ojos brilló una emoción imposible de identificar.
—Cielo.
—Heaven—corregí de forma inútil, sólo por agregar algo. Me sentí perdida en cuanto a cómo iniciar.
—Me tomaré la libertad de decirte como me plazca.
Rodé los ojos. Sólo me abstuve de debatir porque, francamente, cada vez me gusta más el apodo.
—Oye, Theo, sobre lo de ayer...
Su semblante se convirtió en una máscara de seriedad.
—Tranquila, da igual.
—No, yo de verdad quiero decirte que lo lamento...
—Heaven, para. Ya sabes lo que pienso sobre las disculpas. Sinceramente no las necesito.
—Lo sé, pero no es algo que haga por ti...
—Por el motivo que sea, basta. No te culpo por haberte quedado en tu fiesta, fue lo más sensato.
Cerré la boca, haciendo un mohín involuntario.
—Es sólo que en serio quería ir a tu casa—me mordí el interior de la mejilla, arrepintiéndome al segundo de haber expulsado esa oración. No sé de dónde salió, ni por qué.
No era consciente de que me afectaba más el no haberlo acompañado que el haberle cancelado el plan.
Theo se mostró curioso, estoy segura de que él tampoco se esperó aquello.
—Vendrás para el cumpleaños de Ailyn ¿No?
—¿Sigues queriendo que vaya?
—Yo... Eh...—se llevó una mano al cabello, enredándola entre sus rizos. Bien, pregunta incorrecta—... Sigo manteniendo la idea de ir a buscarte, si tú quieres.
—Theo, no soy la chica más perspicaz del mundo, pero es notable lo mucho que te incomoda este tema. Si retiras la invitación no me molestaré—le hablé con toda la sinceridad que conseguí reunir, viéndolo directo a los ojos.
—No, Ailyn no ha parado de repetirme que te quiere allí.
—Sí, pero si tú no...
—Y yo también.
Me obligué a permanecer serena.
—¿Seguro?
—Sí—se encogió de hombros—. Quizá contigo ahí será más fácil soportar a mi familia.
No supe qué responder a eso, porque en verdad destiló amargura al pronunciarlo; tampoco tuve ocasión de hacerlo. La misma chica pelirroja de hace un rato golpeó la mesa, justo en el centro, cuando se apoyó en ella. Di un respingo, elevé la mirada y me topé con su rostro, reconociéndola por fin.
Ella es la misma chica que hace días buscó a Theo, cuando Jonh se lo ordenó, para que hiciéramos las réplicas del afiche.
—Oh, lo siento, ¿Interrumpí?
Traté de regular mi respiración. Por el contrario, el castaño no se alteró.
La observé y no me pareció que lo sintiera. ¿Era probable que hubiera planificado su llegada?
—No.
—Excelente.
Dirigió su atención hacia mí, estudiándome con detenimiento.
—Te conozco, ¿Cierto?
—Algo así.
—Soy Jennifer Prime—extendió una mano en mi dirección, la cual sujeté para sellar la presentación sin detenerme a pensar realmente en ello.
—Heaven Blom.
—Ah, mira Theo, tu amiga es una chica rosa. Literalmente.
Sonrió hacia el aludido con cierta complicidad que me incomodó. Theo no correspondió el gesto.
—¿Qué?
—No me hagas caso, es una broma privada, pero no significa nada malo.
¿Broma privada?, ¿Theo tiene bromas privadas con alguien? Hoy fue la primera vez que los veo interactuar, ¿Cómo es posible que ya hayan encontrado sus propios chistes internos?
Apreté las manos sobre mi falda, deseando estar en cualquier otro lugar.
Quizá ella notó lo poco que me agradó su comentario, porque entonces añadió:
—En serio, no pretendo ofenderte... Oye, tú también participaste en la elaboración del afiche ¿Verdad? Porque el resultado fue espectacular. Ya se lo comenté a Theo, pero es demasiado modesto para aceptarlo.
—Sí, gracias.
Me eché hacia atrás en la silla, poniéndome de pie en modo automático.
—¿Te vas? Creí que había llegado en buen momento, no fue mi intención arruinarles el ambiente, venía porque...
—No es por ti, debo reunirme con mis amigos. Eres un encanto, fue un placer conocerte—le sonreí, no podía hacer otra cosa.
Me alejé de esa mesa con el corazón latiéndome con fuerza.
Inexplicablemente me sentí diminuta.
Jennifer es ese prototipo bien equilibrado de chica que yo nunca sería, y me enfurecí conmigo misma porque sé que si Theo no hubiera estado cerca eso jamás me habría importado.