Capítulo 1 “Presagios”

1254 Words
Darren observó aquella cabaña de madera mohosa y endeble. Sus amigos no paraban de reír a sus espaldas, de una broma que uno de ellos había contado sobre la vieja estructura, pero podía notar en sus tonos el nerviosismo que la experiencia les provocaba cierto terror. Excepto de Miley claro, él y su hermana ya estaban acostumbrados a esos escenarios. Miley encendió la linterna y la apuntó a su rostro llegado un momento, sus frenillos relucieron en la oscuridad. –  Soy el fantasma del viejo montañés tuerto, y vengo a arrancarle sus ojos para reemplazar el que perdí– Dijo con voz tenebrosa, para animar el ambiente. Las chicas presentes fingieron asustarse, mientras los chicos las abrazaron de forma protectora, prometiendo que nada les pasaría si ellos estaban a su lado. Darren rodó los ojos, se supone que estaban ahí para investigar la misteriosa cabaña abandonada, no para ligar, quizás por estas cosas, era que no le gustaba compartir con sus pares. Se adentró solo en el ruinoso lugar, la puerta hizo un chillido bastante desagradable al ser abierta. –  Darren espéranos– Gritó Miley detrás, trotando en su dirección. Un paso en falso, y la chica terminó golpeando con su hombro una viga, que hizo remecer toda la casa. –  Ten cuida...– Le regañó su hermano, pero detuvo la oración al sentir varios chillidos provenientes del interior de la cabaña. Esta vez sus acompañantes temblaron de verdad, y gritaron cuando varios pares de ojos salieron en la oscuridad, queriendo devorarlos. Darren se agachó junto a Miley, mientras los murciélagos aleteaban sobre sus cabezas. Solo ellos quedaron, luego de que el resto de los chicos huyeran despavoridos. –  Duraron menos de medio hora, paga– Comentó victorioso el castaño, extendiendo su mano en dirección a su hermana. –  Maldición, creí que este sería un buen grupo– Se quejó ella, depositando en su palma el dinero que había apostado minutos atrás. –  Confías demasiado en las personas, jamás pasan de la media hora. Darren guardó el dinero, y se levantó, observando el interior de la cabaña, ahora vacía de criaturas aladas. – ¿Aun quieres entrar? –  Claro que sí– Sonrió él. Si el libro rojo no se equivocaba algo interesante se ocultaba dentro. Algo que podría ayudarlos en los grandes problemas que se aproximaban. –  Parece que nadie ha estado aquí en años– Comentó la rubia, pasando sus dedos por los polvorosos y descoloridos muebles. –  Mejor así, eso significa que la mayoría de las cosas interesantes estarán intactas– Declaró Darren, mientras apartaba una enorme telaraña, que impedía su paso– Esta vez iremos directo al sótano. – ¿Emocionado? –  Un poco. Siempre quise saber cómo son los demonios. –  Los relatos de nuestro abuelo nunca fueron suficiente para saciar tu curiosidad, hermanito. –  Por supuesto que no, quiero verlo con mis propios ojos. Escribir y vivir... –  Nuestro propio capitulo– Terminó la frase su hermana, con una sonrisa. –  Exacto– Le devolvió la sonrisa.   Desde pequeños siempre habían sido ellos dos contra el mundo, sus padres habían muerto en un accidente cuando apenas tenían la edad suficiente para comprender lo sucedido, en ese entonces Darren tenía cinco años y Miley tres, su abuelo se hizo cargo de su crianza. Pero él había muerto un año atrás, heredándoles la carga que había sido traspasada a sus padres, a ellos. El libro rojo, una escritura especial que contenía los secretos del mundo, junto con muchos otros. Hace mucho habían comprendido que la realidad no era como la mayoría de los mortales veía, sino que iba más allá. Varias criaturas y misterios colindaban en paralelo con la realidad, ocultos del ojo mortal. Pero ellos, como descendientes de la familia Edevane, podían ver estos secretos. Terranos elegidos por los dioses, para proteger el legado de la humanidad. Y ahora ese peso caía sobre ambos hermanos, los últimos de su linaje.   Abajo, en el sótano, todo era demasiado normal para su gusto, lo que terminó por decepcionarlos a ambos. –  No lo entiendo, las notas del abuelo decían que este era el lugar– Murmuró el castaño con frustración. –  Tranquilo, quizás exista una puerta oculta, el abuelo jamás se ha equivocado. Darren asintió. –  Comencemos a buscar.   El castaño suspiró con frustración. El libro rojo había sido claro, una guerra se aproximaba, un presagio de mal agüero que destruiría Terra. Debían dejar su rol pasivo y entrar en acción. Encontrar a esa criatura era de suma importancia. Pero más que el presagio, había algo más que lo empujaba hacia ese lugar, a buscar a aquel demonio descrito en las notas de su abuelo. Había tenido sueños extraños los últimos meses, donde un ser de voz apacible le susurraba, no podía ver su cuerpo, ni tampoco su rostro, pero si sus ojos, que eran de un intenso dorado. No le había contado de estos sueños a nadie, ni siquiera a su hermana, aun luchaba por darle un significado, y su instinto le decía que ese era el lugar correcto. “Frente a ti”. Se sobresaltó al oír esa voz en su cabeza, pero esta vez no estaba dormido ¿Era posible qué... – ¿Sucede algo Darren? –  Preguntó su hermana cuando le vio apegar el rostro a una de las paredes del lugar. –  Yo... creo que escuche algo, y viene detrás de esta pared– Cerró los ojos para escuchar mejor y pudo sentir con claridad una brisa del otro lado, habían encontrado su pasadizo– Miley ayúdame a encontrar alguna especie de interruptor, lo que buscamos está detrás de esta pared. –  Entendido. No le encontraron de inmediato, el mecanismo estaba demasiado oculto para ser de fácil acceso, pero fue la chica, que, por un tropezón, encontró una tabla suelta en el suelo. Removieron la madera y ahí estaba, el interruptor que buscaban. Al interactuar con la palanca, un viejo mecanismo de engranajes se accionó, sustituyendo la pared por una nueva y extraña habitación. Miley apuntó su linterna, iluminando el nuevo cuarto, encontrándose con un laboratorio. –  El abuelo no mintió, si había un laboratorio escondido en esta cabaña– Comentó Darren fascinado con lo que veía. –  No, no lo hizo...– Susurró su hermana, iluminando una repisa en la entrada que contenía unos frascos con criaturas extrañas– Aunque, es más creepy de lo que imagine. –  Vamos hermana, no te acobardes ahora– Se burló el otro, adentrándose en la habitación. –  No me acobardo, solo digo lo que parece– Se quejó Miley, siguiendo a su hermano– ¿Crees que también sea real lo otro? – ¿Qué cosa? –  El demonio, Darren. –  Bueno, eso espero. Sera de gran ayuda si lo encontramos. –  Si– Asintió ella– Pero será mejor que tengamos cuidado con lo que tocamos, por si acaso. –  Claro, gallina... Detuvieron su charla cuando la luz de sus linternas iluminó un par de grandes tubos de cristal al fondo del laboratorio, uno roto y uno... –  Es un chico– Susurró Miley, pero fue Darren quien se acercó primero. Un muchacho de cabellos dorados y piel pálida se encontraba dentro, flotando sobre un líquido azulado, mientras una máscara negra cubría parte de su rostro, entregándole oxígeno. Estaba desnudo. –  Bien, esto es un nuevo nivel– Fue el comentario de la chica. El castaño tocó el cristal ¿Por qué este chico le parecía tan familiar? “Libérame” – ¡Darren! El gritó aterrado de Miley le sacó de sus pensamientos.   
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