Capítulo 2 “Contrato”

759 Words
Se encontraba encerrado, prisionero de su propio cuerpo, en aquel tubo que lo había obligado a dormir por más de cincuenta años. Había guiado a muchos seres humanos a la destrucción, así que aquel encierro era su castigo, pero no era su culpa, adoraba el caos y la r**a humana era demasiado susceptible a ello. Trató de corromper a un guardián, llevarlo al borde la locura, destrozando su moral y ética, pero, aunque un tiempo este creyó ciegamente en él, terminó por descubrir sus verdaderas intenciones, encerrándolo en este lugar. Le parecía divertido como el humano le culpó de su fracaso, siendo él quien decidió creer en sus palabras, fue él quien cometió el error y condenó a su linaje. No supo cuál fue el momento exacto, pero a pesar de permanecer dormido todos esos años, su mente comenzó a percibir poco a poco su alrededor, encontrándose consciente en sus sueños, más tarde esa habilidad fue aumentando, y tardó 22 años en llegar a los sueños de otros. Fue así como le encontró, al nieto de aquel que le encerró. Y enfureció cuando supo que su captor había muerto, arrebatándole la oportunidad de vengarse. Pero no todo estaba perdido, por fin podría ser libre. No tardó en usar su nuevo poder para dejar mensajes en la mente del chico, códigos y acertijos que guiarían hacia él. Le hizo pensar que su ayuda seria indispensable en la guerra que el libro rojo había predicho. No fue difícil, Darren era curioso, igual que aquel hombre, poco a poco, fue cayendo en su engaño, hasta convencer a su hermana de viajar. Su libertad estaba cerca. Abrió sus ojos dorados. – ¡Darren! –  Gritó Miley aterrada, cuando una sombra de cuerpo delgado, la jaló a una especie de agujero en el suelo. Darren trató de impedirlo, pero la criatura fue más rápida, escuchó los gritos de su hermana, mientras era arrastrada entre los túneles de tierra. El chico no lo pensó dos veces, antes de lanzarse por el agujero para salvar a su hermana. Sin escuchar el cristal romperse a sus espaldas. Miley lanzó patadas al aire, tratando de zafarse de aquella cosa, pero le fue imposible, entre más se movía la criatura apretaba más su agarre, enterrando sus filosas garras en su piel. No se detuvo hasta llegar a una especie de cueva subterránea más grande, fue aquí donde le soltó. La chica trató de alejarse lo más que pudo de aquella cosa, arrastrándose en la tierra, fue entonces cuando vio su gran tamaño, media al menos dos metros de alto, su cuerpo era delgado, desnutrido, sus garras eran filosas, al igual que sus largos colmillos, que ahora apuntaban en su dirección, soltando una baba amarillenta. Recordó haber leído sobre ellas en el libro rojo, aquello era un Acechador. Un cazador mortífero que se alimentaba de carne humana.   – ¡Miley! –  Gritó Darren al encontrarla, luego de seguir su rastro por los túneles– Eso es... – ¡Darren no te acerques! –  Respondió ella, aterrada, cuando vio al Acechador caminar en su dirección, como un depredador hambriento acechando a su presa– Si lo que aparece en el libro es cierto, que cazan una vez al día, si no te acercas estarás bien. – ¡¿Qué?! ¡No te dejaré! –  Su hermano llegó a su lado– ¡Vámonos de aquí! –  Trató de ayudarla a colocarse en piel. – ¡Darren! ¡No hay tiempo! ¡Solo está jugando con nosotros, en cualquier momento atacará! ¡Es mejor que uno de nosotros sobreviva, a morir los dos! – ¡¿Y quién dijo que serás tú la que se sacrificara?! El chico se interpuso entre ella y la criatura. Estaban indefensos, sin armas, aún seguían siendo dos niños ingenuos tratando de llenar las botas de su abuelo. – ¡Darren! Ya era tarde, el Acechador se hallaba detrás del chico, alzando sus garras para despedazarlo, era su fin...   Pero, el golpe final jamás llegó. Una luz dorada, iluminó la pequeña gruta, empujando con una fuerza sobrenatural a la criatura hacia atrás, golpeándose contra las paredes de tierra. –  El chico... del tubo...– Susurró Miley, al verlo detrás de su hermano. –  Si quieren vivir harás un trato conmigo– Le dijo este al muchacho, tomando sus mejillas. Darren reconoció aquel toque, era el mismo que en sus sueños. Este era el ser que le llamaba a liberarlo. El demonio de ojos dorados. El gruñido del Acechador, inhumano y espantoso, mientras se colocaba de pie, le hizo decidir con rapidez. –  Acepto. El demonio selló el trato con un beso. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD