El demonio observó la habitación en la que se encontraba, sin recordar muy bien cómo había llegado, lo último que recordaba era el beso del contrato, para luego disponerse a destrozar a aquella desagradable criatura, un trabajo fácil. Pero mientras sostenía en sus manos ensangrentadas el corazón del Acechador, todo se había vuelto borroso, cayendo inconsciente.
– Aún es demasiado pronto para usar mis poderes– Murmuró, apartando las sábanas blancas de la cama, para incorporarse– No soy totalmente compatible con mi fuente de energía.
Notó que estaba vestido, con una camisa blanca que le cubría hasta los muslos, la olió descubriendo la esencia de aquel chico de cabellos castaños. Olía a ellos, el linaje de los Edevane, la familia que lo había sellado.
– Vaya ya despertaste– Fue el comentario del susodicho al entrar a la habitación–¿Cómo te sientes? Después de salvarnos te desmayaste.
Lo ignoró, inspeccionando su propio cuerpo, todo parecía en orden, a excepción de… Llevó sus manos a su cabeza, sus cuernos habían desaparecido.
– No soy totalmente compatible con mi fuente de energía– Susurró. La ausencia de sus cuernos era la prueba de lo debilitado que se encontraba.
– ¿Te encuentras bien? ¿Necesitas algo? – Volvió a hablar el humano, con cierto tono de preocupación.
Le recordó a ese hombre, lleno de bondad que no necesitaba.
– Es normal que me haya desmayado, me excedí en el gasto de energía– Le dirigió por fin la palabra, mientras seguía su inspección. Observó especialmente su propia muñeca, como si algo invisible al ojo humano llamara su atención.
– Ya veo... ¿Es cierto que eres un demonio? – Se acercó– Siempre quise conocer a uno, mi abuelo me contó de ustedes, aunque no demasiado, parecía algo reacio cuando hablaba del tema, tampoco hay mucho sobre ustedes en el libro ro... ¿Eh?
En cosa de segundos, el rubio lo había empujado contra la cama, y subiéndose en sus caderas, le robo un fugaz beso.
– Hablas demasiado– Susurró contra sus labios.
El humano no pudo más que sonrojarse furiosamente ante la situación, un chico de cabellos dorados, mirada enigmática y semidesnudo se encontraba encima de su pelvis. Quién sea que entrara a la habitación, malinterpretaría totalmente la situación.
– ¿Eso qué fue? – Preguntó nervioso– Si querías callarme hay otras formas.
– Te equivocas, Darren. Solo me alimente– Contestó el demonio a su interrogante mientras se levantaba.
– ¿Alimentarte? – El humano se incorporó curioso.
– Tu cuerpo, es la fuente de mi energía ahora. Eso me recuerda, debo explicarte las cláusulas de nuestro contrato, como era una situación extrema no tuve tiempo de hacerlo.
– Claro, pero primero...– Tragó saliva, mientras su mirada vagaba por las piernas descubiertas del demonio– Será mejor que te cubras.
Después de todo era un chico bisexual, y un adulto joven, quería evitar reacciones innecesarias.
– ¿Qué miras tanto? ¿Te gusto acaso? – Sonrió con malicia la criatura– Si quieres puedo saltarme la parte de las cláusulas y pasar directo a la cena– Comenzó a desabotonar los botones de su camisa.
– No– Le detuvo el castaño, sujetando sus manos– Continúa con las cláusulas, por favor.
El rubio se soltó de su agarre de una sacudida, al sentir una extraña sensación cuando él, le tocó.
– Era broma de todas formas, no estas a mi nivel.
"Porque eres el nieto de ese sujeto" Tal vez quiso agregar.
– No me has dicho tu nombre– Cambió el tema, Darren, con interés.
– Bessel.
– ¿Sin apellido?
– Solo Bessel para ti humano.
– Bien, entonces gusto en conocerte Bessel, yo soy Darren Edevane.
– Sé quién eres Darren, conozco a los de tu linaje– Gruñó– Así que ahorrémonos las presentaciones, y vamos al punto.
Una cadena dorada apareció entre ellos, uniendo sus muñecas derechas. Estaba hecha de energía pura, los humanos le llamarían magia.
– ¿Esto es? – Susurró el chico fascinado.
– Esta cadena representa nuestro contrato, estaré encadenado a ti hasta cumplir tu deseo.
– ¿Mis deseos? Yo aun no…
– Lo sé– Lo calló el demonio, colocando un dedo sobre sus labios– No debes decidirte ahora, tienes 24 horas para pensarlo comenzando desde ahora. Pero reflexiona bien, una vez que tu deseo se cumpla tu alma será mía, podrá hacer lo que quiera contigo, serás mi sirviente eterno– Agregó con malicia.
– 24 horas– Susurró.
Se había preparado mentalmente para esto, por lo que no se sorprendió al oír que perdería su alma. Había hecho el contrato por impulso, pero no se arrepentía, gracias a eso él y su hermana estaban vivos.
– Ya me decidí.
– ¿Tan pronto? Te dije que lo reflexionaras bien, tonto humano– Se burló el demonio quien comenzaba alejarse para salir de encima de sus caderas.
Pero el humano lo impidió sosteniendo su brazo. En un agarre fuerte.
– Me ayudaras a salvar mi planeta. En la guerra que se avecina, Terra debe ganar.
– Mm… muy general y ambicioso. Como se esperaba de un Edevane– Elogió Bessel– Esta bien, te ayudare a salvar tu sucio mundo. Y cuando todo termine, disfrutare el devorarte.
Sus garras acariciaron el rostro del muchacho, quizás no podría obtener a ese hombre, pero podría jugar con su nieto.
Sus ojos dorados brillaron, demoníacos.