Capítulo 4 “Un nuevo aliado”

1490 Words
– No le veo nada malo a mis ropas, sucios humanos– Gruñó el demonio, mientras era arrastrado a esa tienda. Odiaba salir, sus sentidos eran más agudos que los mortales, sobre todo su olfato, que percibía la mezcla de olores de la multitud, odiaba en particular aquellos humanos que se colocaban perfumes, eran aún más nauseabundos que su olor natural.  Se pegó a los hermanos, su olor era algo a lo que se había acostumbrado. Había pasado una semana desde su despertar, seis días y ocho horas desde que concreto el trato con aquel humano al aceptar su deseo, una semana entera encerrada en un cuarto de hotel, hasta que logró recuperar parte de fuerza al estar conviviendo con su fuente de poder. – Bessel no puedes ir por ahí solo con la ropa de mi hermano, te queda grande, él es más alto y más fornido que tú– Contestó la muchacha. Frunció el ceño esa humana no hacía más que tratarlo con soltura, como si de un mortal cualquiera se tratara. Miley había aceptado toda la realidad sin reparo alguno, como si fuera normal convivir con un demonio y que su hermano estuviera atado a este. Tenía que ser una Edevane. Se sujetó del brazo de su fuente de poder, al chico lo odiaba menos. Darren se sonrojó ante el gesto, aun no se acostumbraba del todo a la presencia del demonio y menos a estar prácticamente pegados todo el tiempo, pero según la criatura era parte del trato. Recordó sus palabras: “Debes alimentarme. Con que estés cerca bastara, tu energía vital ahora me pertenece”. Y no podía discutir, entre más energía consumiera el demonio, más fuerte seria. Debían prepararse para lo vendría. Miley prácticamente arrastró a Bessel a los probadores una vez le encontró ropa que ella consideró precisa. Los espero a ambos sentados en los sillones de descanso. Reflexionando lo que estaba ocurriendo. Había hecho un contrato con un demonio que prácticamente desconocía, por lo tanto, también desconocía sus intenciones verdaderas, y estaba seguro que este las tenía, después de todo debía existir una razón por la que su abuelo les hable solo de forma parcial de la criatura. Pero eso ahora era lo de menos, tenía problemas más grandes aproximándose. Debian volver cuanto antes a su hogar. Y consultar el libro rojo, en busca de respuestas, quizás el demonio podía ayudarlos, había partes de la profecía que aún no podían descifrar, en una lengua que desconocían. Su abuelo había tratado de traducir la mayor parte del escrito toda su vida, solo había traducido la mitad. Muchas enseñanzas se habían perdido con el tiempo. – Es un chico muy terco– Le comentó su hermana al llegar a su lado. – Demonio– Corrigió– No debemos bajar la guardia, no lo trates como un humano. – Yo creo que él que bajo la guardia aquí eres tú– Lo codeó molestosa– Se que se alimenta de ti ¿Pero deben dormir juntos? Darren se sonrojó. – Bueno es eso, o… – Recordó el beso– Olvídalo. Miley rió un poco, para luego tornar su expresión más seria. – Solo ten cuidado hermano– Susurró. – Miley… – Soy consciente de lo que ocurre, aunque no lo creas, sé que tenemos un entrenamiento más que pobre y somos quizás los menos apropiados para ser guardianes. Pero es algo que el abuelo nos heredó, y nuestros padres también cumplieron esta tarea, por lo que debemos dar los mejor de nosotros– Apretó sus puños– Pero, aun así, aunque debemos dar prácticamente nuestra vida por cuidar ese libro, tratemos de no llegar a ese extremo ¿Quieres? – Buscó la mirada de su hermano, visiblemente angustiada. Asintió. Rara vez hablaban de su labor, en parte porque era aun mayormente desconocida para ellos. El camino que recorrían era incierto. La iniciación debía hacerse a los 25 años, pero su abuelo había muerto antes. – Esta bien, tendré cuidado, no te preocupes– Prometió. Miley se levantó ligeramente satisfecha con su respuesta. – Iré a ver cómo esta tu novio– Sonrió divertida, volviendo a ser ella misma. Darren decidió quedarse sentado, no se le antojaba presenciar una discusión de vestuario, sabía que su hermana podría ser muy densa con el tema. Cruzó sus brazos y espero paciente, sin darse cuenta de la presencia unos pasos más allá, que los seguía hace unas horas.   Bessel se miró al espejo del probador de forma analítica, criticando aquella tenida compuesta por un suéter blanco y jeans negros ajustados. Movió la cabeza en aprobación, esa humana no tenía mal gusto. – ¿Bessel estas listo? Escuchó la voz molesta de la susodicha. No respondió, en vez de eso corrió la cortina para salir, fue entonces que lo sintió. El olor indiscutible de él. – Maldita lagartija– Pasó de la chica y se dirigió con pasos furiosos a la sección de zapatos. Miley parpadeó confundida ¿Ese insultó había sido dirigida hacia ella? – ¡Tú! – Gruñó el demonio al encontrarlo. Un muchacho con capucha fue alzado centímetros del suelo, por la fuerza de Bessel. – Tanto tiempo, Bessel, viejo amigo– Contestó el encapuchado, riendo de forma nerviosa– Me enteré que despertarte de tu sueño. – No gracias a ti– Escupió el rubio. – Tuve algunos inconvenientes– Sonrió– ¿Me puedes bajar? Creo que estamos llamando demasiado la atención de los terranos. Y eso nos puede afectar a ambos. – Tsk…– Emitió molesto soltándolo al fin. Cómo había dicho el otro muchacho, habían llamado la atención de los presentes de la tienda. El demonio les dedicó una mirada furiosa que hizo a los curiosos desistir de su tarea, exceptuando a los hermanos. Miley y Darren no tardaron en estar cerca para averiguar lo ocurrido. – ¿Qué sucede? ¿Quién es él? – Frunció el ceño el mayor de los Edevane. – Un antiguo… conocido– Bufó Bessel. – Auch, eso dolió, Bissi– Se quejó el aludido. – Te jodes, y no me llames así– Gruñó de vuelta el demonio, sacándole una risita al “conocido”. – Si vamos a un lugar más privado, me permitiría explicarles, guardianes– Expuso con cordialidad el sujeto. Miley y Darren intercambiaron miradas. Si él sabía que eran guardianes, la cosa debía ser seria. – Iré a pagar la ropa de Bessel, y luego podemos ir a al restaurante del hotel– Propuso la chica. – Hecho– El desconocido sonrió, mostrando sus colmillos.   Los cuatro se encontraban sentados ya en el restaurante, habían pedido una mesa apartada del resto de los clientes por obvias razones, y luego de pedir sus respectivas ordenes, estaban a la espera del que desconocido hablara. – ¿Y bien? – Preguntó Darren con impaciencia, esta situación no le gustaba en lo absoluto. El sujeto volvió a esbozar una sonrisa, mostrando todos sus filosos e intimidantes dientes. Antes de decidir por fin deshacerse de aquella capucha. Piel morena, cabellos rojos como el fuego más intenso, y ojos bicolores fueron recibidos. – Me presentó, mi nombre es Niflheim. Y como habrán notado no soy precisamente humano– Apuntó a su boca. – Un gusto, soy Miley Edevane y a mi lado, mi hermano Darren. Ambos somos los guardianes actuales del libro ro… – Miley– Le interrumpió su hermano– No des información tan fácilmente de nosotros. – Pero si él ya sabe que somos… – ¿De dónde conoces a Bessel? – Darren comenzó el interrogatorio casi de inmediato, interrumpiendo por segunda vez a su hermana. – Podría decirse que somos ex compañeros de batalla. Bessel era mi superior y mi mejor amigo en ese entonces. El aludido solo se cruzó de brazos sin decir nada al respecto. – ¿Batalla? – Esta vez preguntó la rubia, curiosa. – Una librada hace varios años en el infierno. No es tan relevante, terminamos ganándola como muchas otras. – ¿Eres un demonio entonces? – ¿Qué? ¡No! – Rió– ¿Me veo alguien malhumorado? – ¿Entonces qué eres? – Volvió a tomar las riendas de la conversación Darren. – Eso… eso es un secretó– Llevó un dedo a su boca, misterioso. – Bessel– Le llamó el humano. – Esta cosa de aquí es una lagartija gigante, una muy poderosa. – Auch, traicionado por mi mejor amigo. – Ya te dije que no soy tu amigo– Volteó hacia los hermanos– Niflheim es un dragón. Actualmente debe seguir al servicio de Lucifer, por lo que su visita no es una coincidencia. Adelante, lagartija, escupe ¿Por qué nos seguías? Ambos hermanos se quedaron estáticos al oír el nombre que había sido dicho a la ligera en la boca del demonio. – ¿Lu…Lucifer? – Miley fue la primera en salir del trance. El pelirrojo sonrió, al parecer no tendría más tiempo para seguir jugando con ellos. – Vengo a ayudarlos. 
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