Vieron llorar a un ángel.
Sus alas, de blanquísima pulcritud, se extienden cuál manto cobija a un pequeño dormido; en su cabeza una diadema de flores y luz adorna su hermoso rostro y brillante cabello; sus vestidos exquisitos, se ciñen a cada curvatura de su cuerpo, haciendo de este hermoso ser una visión irreal, un espejismo de incalculable belleza, estructura perfecta, lienzo loable, sonata imperiosa.
Ante esta panorámica, hay algo que, sin embargo, destruye el matiz de la perfección; son esas lágrimas horrendas que surcan ese rostro de aura agradable, casi inocente. Estos malévolos ríos que expanden su cauce en las mejillas de mi admirable visión, anexan a este majestuoso ser de divina procedencia con este mundo nefasto, plagado de sentimientos tan oscuros como la noche misma.
No me atrevo a preguntar el origen que da lugar a esta neblina que empaña mi visión, ¿dolor? ¿Odio? O quizá ¿sea amor? Me interrogo deseoso de develar el misterio oculto, pero temo. No me atrevo a irrumpir en el silencio íntimo en el cual se encuentra, por lo que al verlo en ese prado, sentado sobre una roca, siendo sus sollozos cuál puñal que rasga mi interior, percibo un lazo conector con este individuo, este rostro aniñado se me hace familiar, entonces, lo comprendo… Es mi ángel guardián, quien vela mis sueños y me protege. Lo conozco de haber presenciado innumerables sueños con él, y el deseo de descubrir la causa de su dolor hace cargue la mitad del mismo.
-¿Por qué lloras?- pregunto dubitativo.
-Es simple, lloro porque pese a todo lo que te doy, tú no sabes amarme…
°García
Ironía del consumidor.
En este mundo de perdidos, encontrarse con uno mismo es un milagro, casi ficticio.
Nos pasamos media vida buscando la felicidad como si fuera un destino en lugar de un trayecto, cerrando la puerta al amor y a la risa, como si eso nos fuese a costar más o menos años.
Nos negamos a un chapuzón bajo la lluvia, porque tememos a un resfriado.
Decimos amar a nuestros amigos y los olvidamos cuando no los vemos en una semana.
Contraemos matrimonio con una carrera que no nos gusta, insulsa y distante de lo que nos apasiona, porque el título de “Dr. X.” es más importante que “Cantante”.
Como robots, programados a complacer a todos dejamos de ser nosotros mismos y nos perdemos en este mundo de locos, donde los mata sueños están en cada esquina.
Entonces me pregunto ¿qué es lo que nos pasa?
Quizá sea la pasión por el dinero, la hipocresía que ha aumentado o el consumo excesivo que nos ha desorientado.
Carentes de sentido y coherencia con lo que profesamos de labios, vamos perdiendo poco a poco ese brillo característico que nos hace ser lo que somos.
Dejamos de ser humanos para convertirnos en prototipos de hombres y mujeres perfectos, añoramos cuerpos perfectos, casa, auto, rostro y familia perfecta para cumplir la demanda del qué dirán.
Y en la soledad, cuando los dedos que señalan ya no existen, los voceros del prejuicio ya no elevan sus cantos y las tendencias pierden fuerza, apreciamos las cosas relevantes que demanda de atención constantes y esfuerzo.
Lástima que eso sólo ocurre cuando hemos perdido el tiempo y el tren de la vida ya pasó, dejándonos en la primera parada.
°García
Serenatas a los sordos.
Esta vida, que me ha dado tantos momentos buenos, hoy me repugna; más bien la gente, debo reconocer, pues se me antoja a injusto, desatento y malo que la vida, que viene y se va solita, se lleve la responsabilidad por los daños causados por la gente. Y es que alguien dijo una vez: antes de decir que estás triste, asegúrate de no estar rodeado de una bola de idiota, ¡Gran verdad esta! Aunque debo preguntar al genial que dio la idea, cómo hago para deshacerme de tanto idiota suelto.
No comprendo si es que se ha devaluado la palabra “loco” o es que acaso así de loco está este mundo…
Quisiera creer (y así lo añora mi subconsciente), que es debido a la moda, que será un paso de la humanidad, una crisis momentánea, pero no. Muy dentro sé que la maldad del ser humano es una arraigada y latente dentro de cada uno.
Pedanía, egoísmo, yoísmo, eso es lo que hay. Lo que ves, recibes y aunque guste o no, lo que das también.
Es por eso que me cuestiono de nuevo, qué fue de la gente dispuesta a ser bueno, los que quería un cambio y eran parte del mismo. Aquellos seres humanos en toda la extensión de la palabra. ¿Murieron? O tal vez se fueron extinguiendo, apagando sus luces, cerrando las puertas de sus corazones ante la arrogancia del mundo actual.
No puedo culparlos, si esta también es mi meta.
Decir adiós, eliminar roces que sólo provocan agrio estomacal y cataratas en los ojos.
Sólo un héroe osaría a exponerse tal cosa; como inventar rimas a los muertos o cantar sonatas a los sordos.
°García
Adiós.
Las despedidas se me antojan a melancolía con una pizca de añoranza y tristeza.
Qué feo se siente decir adiós a aquellos que no hecho otra cosa que sacar sonrisas.
Alejarse se convierte en ese suspiro del alma, en el que dejamos escapar, junto al aire, sueños e ilusiones no cumplidas.
Decir adiós no es tan simple como dejar de ver, visitar o compartir.
Una despedida es dejar que un diminuto trozo de tu corazón se quede en las manos de otro, a expensas, en la intemperie.
¿Y qué puedes hacer tú? Si lo que has dado no se quita, no hay manera que te devuelvan el tiempo y sentimientos compartidos.
Acaso ¿dejar de ver no es olvidar? Por supuesto que sí, si con el tiempo ese sentimiento pierde fuerza, con el paso de los días pierdes prioridad, te meten en un cajón del alma, hasta que se olvidan de que estás ahí, mientras tú saboreas la amargura del adiós.
°García
Días grises.
Hoy estoy triste porque se vale no estar bien, lo sé, siempre lo he sabido…
Sé que existen miles de razones, incontables de hecho, para sonreír, luchar y vencer.
Hay razones para luchar y cumplir esos sueños, razones para esforzarte, para ayudar a alguien, razones para amar… Sin embargo hoy, merezco de manera culta y educada, mandar a las puertas del Hades todo.
Hoy, cuando mi mente se encuentra con este mundo que marcha a un ritmo diferente a mi tempo, con sencillez, he decidido deleitarme en los infortunios de ser una huraña, amargada y tosca porque me lo merezco, porque estoy EXHAUSTA, porque estoy molesta, porque las injusticias son demasiadas y porque las heridas las crea quien está supuesto a suturarlas.
Hoy, en la calma de mi soledad, llevo un volcán en erupción en mi interior, y ¿qué podría hacer, si no escribir?
Me he hecho amiga de las letras, quizá por el mero hecho placer de moldearlas a mi modo; egoísta, lo sé, pero es la realidad.
Las letras no me defraudan, no dan respuesta hiriente.
Entonces, hoy, dándome la licencia de no ser y punto, me quedo con las letras, porque sí, porque mi tristeza es la suya y porque pese a todo, las letras siempre están.
°García
Complejos de astro mayor.
En la Vía Láctea, existen miles de astros y constelaciones, cientos de miles… Innumerables quizás. De entre todos, están los planetas, las estrellas, los agujeros negros y el Sol. Todos coexisten, con demasiada distancia en algunos casos, para garantizar la vida de cada uno. Existen también estrellas fugaces, que tienen una duración efímera y trayecto corto.
El señor Sol es, sin lugar a dudas, el punto de referencia de todo el sistema. Emana vida, aunque acercarse demasiado sería peligroso. Es ardiente, mas estar demasiado lejos provocaría la muerte.
El Sol es la ironía hecha cuerpo, hiriente y necesario. Y aunque el Sol sea de temperatura insoportable en muchas ocasiones, es imprescindible para los demás.
Pese a todo, como en toda familia existen conflictos y problemas, por lo que en esta, de cuerpos celestes, no ha de haber excepción… Hay muchos de los planetas que quisieran ocupar la posición del Sol. Ser el centro. El corazón de todo el complejo, pero ignoran que semejante posición requiere muchas cualidades que sólo él es capaz de cumplir.
Plutón quisiera, pero sus bajas temperaturas no hacen posible la vida para nadie.
La Luna sueña con este puesto algún día, pero no comprende la gravedad del asunto.
Las estrellas fugaces se ven en ese lugar con ambición, pero son muy inestables.
Hay muchos que desean ver al Sol caer, extinguirse, porque juran que ellos sí son los entes dignos para el llamado.
Mientras tanto el Sol, que vive ajeno a todos esos negros deseos para con él, no hace nada más que existir. Dando calor hasta que duela, hasta pulverizar, irradiando olas de energía, dando vida…
¿Por qué todos quieren ser como él?
¿Por qué ese ferviente anhelo de que fracase?
Se debe a que la jactancia y el ego, ambos heridos sin razón, no les permiten apreciar las capacidades de aquel que tanto odian; están tan cegados por el deseo de querer ser los protagonistas del cuento, que no ven su incompetencia. Pueden empecinarse e intentar lograr que los demás planetas giren a su alrededor, darle vida a la Tierra, pero fallan.
Sólo hay uno que puede hacerlo, aunque muchos quieran su lugar. El sistema es suyo, de él depende todo.
°García