Capítulo 6

1026 Words
— Sí, por favor, ¿Cocinaste tú el desayuno? Huele delicioso — dice Christian a la misma vez en que se acercó hasta el comedor para ubicarse en una de las sillas que teníamos allí vacías. Yo camino hasta la cocina, y de la alacena de la parte de encima del lavamanos de la cocina, saco un plato limpio para disponerme a servirle a Christian su desayuno. — No, lo preparó Olive, es una muy buena cocinera, ella prepara los mejores desayunos del mundo, esa es su tarea aquí en la casa — le respondo mientras que agarré una cuchara para servir su porción de huevo en el plato y luego le serví dos pancakes que estaban por allí guardados en un plato aparte y con una servilleta encima para que ningún insecto fuera a querer apoderarse de ellos y luego que estos no fueran para nada comestibles. — Oh, eso es bueno saberlo, ¿Supongo que tu te encargas de preparar el almuerzo y luego entre ambas se ocupan de la cena, no es así? — dijo Christian mientras que él no dejaba de mirarme solo porque yo le estaba sirviendo el desayuno. Luego de haber servido su plato, decido coger un par de cubiertos limpios de su lugar, y me acerco hasta dónde él está para así poder dejar que el comenzara a comer mientras que Olive se dispone en arreglarse. — Sí, así es, entre las dos nos encargamos del apartamento, de los deberes de este, pues es así como debe hacerse, ¿No? Sino entonces, ¿Para que tienes un Roomie? — le digo a Christian al mismo tiempo en que le entrego los cubiertos en las manos. — Sí, eso es cierto, entonces, ¿No te molesta que me lleve a tu Roomie por una tarde? Prometo traerla temprano — dijo Christian, a la vez en que usaba su cubierto para comenzar a llevarse a la boca pequeños trozos de pancake. Niego con la cabeza a la vez en que le sonrío y vuelvo a sentarme en mi silla para terminar mi desayuno. — No, para nada, llévatela, no se preocupen por mí, puedo quedarme aquí sola, además es nuestro día de descanso, supongo que pediré domicilio y me encerraré en mi cuarto a ver películas todo el día — le digo a Christian. Christian sonríe y continuamos desayunando en silencio hasta que Olive apareció. cuando ella se dejó ver, estaba preciosa, se había puesto un short de bermuda n***o, una camiseta pegada al cuerpo roja, unos converses rojos, y se había arreglado el cabello, lo tenía suelto y estaba lacio, ella no era de esas mujeres que realmente les gustara vestirme con outfits casuales, así como vestidos, faldas y demás, ella era más bien de usar bermudas, y jeanes, aunque las bermudas las usaba para días cuando hacía mucho calor. Lo bueno de todo, era que ella era como yo; no nos gustaba usar maquillaje, y en caso de que tuviéramos que usarlo, la verdad era que cuando teníamos que usar maquillaje, nada más usábamos un poco de rubor, un poco de brillo labial para que nuestros labios no se vieran muy secos, y nada más nos poníamos un poco de color en los ojos. Pude notar como Christian se le ha quedado viendo a Olive, y parece que se ha deslumbrado con toda su belleza, y no dudo en sonreír, porque parecía ser que este hombre no era como aquellos hombres que nada más les gustaba las mujeres solo cuando se vestían extravagantemente. — ¿Podemos irnos? — le preguntó Olive a Christian. — Eh… Sí, solo deja que termine de comerme el desayuno y nos vamos — respondió Christian sin quitarle la mirada de encima a Olive. — Está bien, creo que yo tampoco me terminé mi desayuno, entonces, comemos y nos vamos — dijo Olive. Ella y Christian terminaron el desayuno, les pedí que dejaran los platos encima de la mesa que yo ya cuando terminara de comer, me dedicaba a lavarlos y dejarlos guardados, Olive se despidió de mí, así mismo lo hizo Christian, y ambos salieron del apartamento dispuestos a irse a disfrutar de toda una tarde juntos. Yo aproveché mi tarde sola en el apartamento, no quise hacerle aseo, solo desayuné, fui a lavarme los dientes, luego fui a darme una ducha y simplemente, quise ponerme de nuevo la pijama que usé para dormir la noche anterior, y me quedé en cama, viendo Netflix hasta que de nuevo me dio hambre cuando vi que el reloj de mi celular marcó las 12:34 del medio día, era hora de almuerzo, y como nada más tenía que cocinar para mí, me dio flojera hacerlo y mejor, decido pedir domicilio desde la aplicación. Treinta minutos después, llegó a mi apartamento el repartidor con mi pedido de Taco Bell, pedí una promoción de nachos con quesadillas y bebida que había en la aplicación, y al abrir la puerta dispuesta solo a recibirlo porque ya he pagado, me llevo la sorpresa de que el repartidor, era nada más y nada menos que el mafioso que me he encontrado en el bar la noche pasada en mi trabajo. Trago saliva de tan solo verlo, me quedó paralizada, pero nada más recibo el domicilio y me dispongo a querer cerrar la puerta, pero antes de que pudiera hacerlo, ese hombre ha sido más listo y más rápido que yo, y metió su pie en medio de la puerta antes de cerrarla para impedir que así lo hiciera yo. — ¿Qué mierda quiere? ¿Qué mierda hace usted aquí? — le pregunté, pero hablé con voz baja para que nada más fuera él quien pudiera escucharme, pues no quería que los vecinos se enterarán de lo que me pasaba y mucho menos quería que ellos pensaran que yo estaba metiéndome con hombres así. — Calma linda, ¿Así recibes a tus visitas? Nada más he venido a traerte tu domicilio — dijo él. Volteo a mirar la bolsa que recibí, sí, efectivamente, era la bolsa de mi comida porque era de cartón y estaba estampada con decoraciones del logo del restaurante.
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