¿Qué? ¿Cómo qué visita? ¿Cómo carajos había hecho este sujeto para conseguir mi dirección exacta? Cierto, era un mafioso, y un mafioso cunado quería algo, este hacía hasta lo imposible por querer tenerlo.
Y por la situación, estaba claro que este había hecho hasta lo imposible por haber encontrado mi dirección y haber venido a verme.
Pero entonces, comienzo a dudar, si realmente él ha traído a mi casa mi domicilio, o quién sabe que más ha sido su motivo de visita, y decido regresarle la bolsa de comida que él hace un momento me había entregado en mis manos y que yo de tonta he recibido.
— Por favor, váyase de mi casa antes de que llame a la policía, sé que a usted no le conviene que lo haga, y le estoy dando la oportunidad de salvarse, y por favor, déjeme en paz, no quiero nada con usted, ¿Ha escuchado? — le digo al mafioso.
Sin embargo, el mafioso me sonríe, recibe la bolsa de comida de nuevo en sus manos sin atreverse a querer insistir en que yo lo haga, y este no dice nada más, simplemente, se va, se aleja de mi apartamento, y yo me quedo mirándolo para confirmar que así lo ha hecho, y sí, lo hace, lo veo meterse dentro del ascensor, y él desaparece de mi vista, ya cuando me siento segura, cierro la puerta de mi apartamento, y recuesto mi cuerpo sobre la puerta mientras dejo que este se relaje porque lo cierto es que la situación le ha puesto los pelos de punta, aquel era uno de los mafiosos más peligrosos de la zona, quién sabe en qué problemas vive metido a diario, y la verdad es que aunque él físicamente era muy atractivo, yo no sería capaz de meterme con él solo por saber cómo era.
Me alejo de la puerta, y lo mejor que puedo hacer es irme a mi habitación, me cambio de ropa, nada más me pongo un conjunto deportivo que solía usar para estar en casa, era gris, me pongo unos tenis, cojo mi bolso con mi celular y mis llaves del auto y salgo del apartamento.
Bajo por el ascensor hasta que llego al sótano del edificio, una vez allí, busco mi auto, subo en él, arranco, y salgo del edificio para cuando sus puertas automáticas han sido abiertas.
Conduzco, decido conducir sin rumbo alguno, o bueno, más bien, decido conducir hasta que me encuentre con algún restaurante cercano, y entonces, me encuentro por allí cerca de mi camino a un local de Burger King, menos mal que este me dejaba arrimar y comprar sin tener que bajarme del auto para entrar al restaurante, pues cuando pasaba por allí, pude darme cuenta de que Olive estaba allí junto con Christian, aún continuaban en su cita, estaban felices, riéndose, hablando y comiendo helado con papitas a la francesa.
Me sentí feliz por ellos, sobre todo por mi mejor amiga, pues finalmente se le estaba haciendo el sueño de querer ser algo más que solo una amiga de Christian, así que no quise interrumpirlos con mi presencia, por qué yo sabía que si ellos me veían entrar allí, iban a querer invitarme a sentarme con ellos y no, no podía decirles que no, así que preferí aceptar la idea de comer dentro del auto que igual era una idea que no me disgustaba para nada.
Compré un combo de dos hamburguesas de pollo apanado con adición de dos paquetes grandes de papas a la francesa, y una coca cola, pagué con mi tarjeta de crédito, y me marcho de allí a dar un paseo en auto por la ciudad antes de llegar a casa, mi paseo duró al menos una media hora, y llego a casa, sí, prácticamente, estaba haciéndole tiempo al mafioso de que no estuviera siguiéndome, de que no quisiera este volver a aparecerse en mi casa de nuevo porque juro que si así sucedía, yo no iba a tener piedad de él e iba a ser completamente capaz de llamarle a la policía si así lo tuviera que hacer.
He llegado a casa, bajo de auto, con mi comida en mano, subo por el ascensor de nuevo al piso de mi apartamento, y por desgracia me doy cuenta de que me ha llegado un ramo de rosas, estaban bellas, las tuve que entrar a mi casa porque no quería hacer un escándalo o que hubiera algún vecino por allí metiendo sus narices donde no debía, y cierro la puerta con mi pie porque mis manos ya no podían cargar nada más.
El regalo no tenía una tarjeta, pero con verlas y recordar lo que pasó hace media hora, no dudo en sospechar de inmediato quién ha sido el encargado de haber enviado este detalle a mi casa; sí, el mafioso.
Me dio lástima por las rosas porque ellas no tienen la culpa de nada, no tenían la culpa de que ese hombre estuviera acosándome cuando claramente le he dicho que no quiero nada con él, y entonces, hago lo que hice; he destrozado las flores, les he quitado cada uno de sus pétalos para tirarlas en el suelo y las he pisoteado con tal ira que ni siquiera me atreví en querer limpiar el desastre que hice, sino que, más bien, me fui para mi habitación cargando mi comida en manos y me encerré allí para ver películas en televisión mientras que comía.
Tiempo más tarde, alguien toca a la puerta de mi habitación, y yo bajo de estar acostada de encima de mi cama para ir a abrir, pues yo sabía que era Olive la que estaba llamando a mi puerta, no tenía que sospechar de nada entonces.
— ¿Estás bien? ¿Qué carajos ha pasado en la sala del apartamento? — me preguntó Olive.
— Hola, ¿Cómo te fue en la cita con Christian? Cuéntame todo — le digo a Olive como si tratara de evadir ese interrogatorio con esas preguntas que si me interesaba que ella respondiera.