Capítulo 8

1057 Words
— Amelia... Por favor, no te hagas, sabes muy bien que no me gusta que evadan mis preguntas para cuando creo que son importantes hacerlas — dijo Olive. Suspiro y asiento con la cabeza, pues ella tenía razón, yo sabía muy bien que ella era así y que tenía que decirle las cosas y no ocultarlas como estaba haciendo ahora. — He querido pedir un domicilio, y justo cuando esté llegó, apareció este hombre, el dichoso mafioso que me acosa en el trabajo, el que nos encontramos ayer, ¿Lo recuerdas? — le respondí, sintiéndome muy nerviosa por lo que mi mejor amiga podría decir frente a esto, pues ella no era de ese tipo de mujeres que querían llegar a salir alguna vez en su vida con un mafioso, y es que aunque ella sabía que yo no era capaz de ser así, ella de todas maneras no quería que este hombre estuviera cerca de nosotras. Algo teníamos que hacer para así poder mantener alejado a este tipo. La respuesta de Olive frente a mi confesión me dejó claro que era lo que ella quería hacer. — Mudémonos a otro apartamento — dijo ella con seguridad de saber que esa sería la respuesta correcta frente a mi comentario. Me quedo mirándola, y termino asintiendo con la cabeza para aceptar su propuesta. — Sí, podría ser, aunque lo malo es que tendríamos que pagar la renta, y viviendo aquí, no tenemos necesidad de hacerlo, ese dinero bien y lo podremos seguir ahorrando hasta que tengamos lo suficiente para invertirlo en nuestro propio negocio — le digo luego de haber analizado muy bien la situación que ahora, por desgracia, estábamos viviendo. — Sí, eso es cierto, pero tal vez podríamos usar nuestros ahorros para invertirlos en un nuevo apartamento, o hasta en una casa que traiga un local que podamos usarlo para que así podamos tener nuestro propio negocio, ¿Qué opinas? — propuso Olive. Me quedo callada por un momento para pensarlo, y puede que la idea de Olive no suene tan descabellada como pensaba en un principio que sería, pues sería agradable tener nuestro propio negocio en casa que pudiera sernos de gran ayuda, y a decir verdad, teníamos el dinero suficiente para comprar una. — Sí, puede que tengas razón, siempre hemos vivido en este pequeño apartamento, cambiar de casa no será una mala idea, hagámoslo, comencemos con la búsqueda — le digo a Olive con una sonrisa en la mirada. Ella me corresponde la sonrisa y se acerca a mí para abrazarme, yo correspondo su abrazo y luego, nos separamos para ella contarme todo lo que ha sucedido con Christian. Cae la noche, Olive y yo decidimos salir un rato, queríamos salir a comer, pues al ser nuestro día de descanso, la verdad era que nos daba demasiada flojera la idea de querer cocinar de noche, por lo tanto, cada quien se ha ido a su habitación, me di una ducha para luego no tener que llegar a casa a ducharme siendo la hora que fuera que íbamos a llegar, ella y yo nos hemos cambiado de ropa, y hemos bajado al sótano del edificio para irnos juntas en el auto. — ¿A dónde iremos a comer? — le he preguntado al mismo tiempo en que sigo conduciendo por la solitaria autopista. — Bueno, no sé, ¿Podemos ir por algo de pizza? — preguntó ella. — ¿A esta hora habrá restaurantes abiertos de pizzería? — le pregunté mientras que estaciono el vehículo en algún lugar de la calle esperando a que tomáramos una decisión para así yo poder saber qué ruta debíamos de seguir para ir. — Sí, tiene que haber, porque la verdad es que no tengo ganas de ir ni a comer hamburguesa, ni a comer comida mexicana, comimos con Christian eso, y realmente, mi cuerpo está pidiéndome que coma pizza — dijo ella, ella ha sacado el celular del interior de su bolsillo del short para mirar en su perfil de i********: a qué restaurante ir. Luego de unos minutos de búsqueda, hemos encontrado una pizzería que, en efecto, estaba abierta a esa hora de la noche, fue una dicha haberla encontrado, por qué aunque yo hubiera comido hace un par de horas antes, y hubiera comido, digamos que relativamente bien, era tarde ya en la noche, y quería comer algo más, pues mi cuerpo también estaba pidiéndome comer algo de sal. Llegamos a la pizzería, estacionamos el auto en el parqueadero, nos bajamos de él, y entramos las dos en el interior de la pizzería, que por suerte estaba casi que vacía, salvo nada más porque había dos hombres allí, sentados en una mesa, comiéndose una pizza de salami y queso con una Coca Cola compartida y vestidos como si fueran un par de agentes secretos en cubierto del FBI. Aquellos hombres se nos han quedado mirando a Olive y a mí, como si fuéramos unas extrañas, así como si el restaurante fuera nada más de ellos y nosotras hubiéramos entrado sin su permiso, como si fuéramos sospechosas de haber hecho algo que no debíamos de haber hecho. Olive y yo nos acercamos a la caja de pedidos, hacemos nuestro pedido de una pizza de pollo con champiñones, y le adicionamos una pequeña porción de salami, pedimos una Fanta de naranja para cada una, y pagamos, cuando pagamos, decidimos que mejor nos iríamos a sentar al patio del restaurante que allí también había mesas, y además de eso, estaríamos solas, no habría nadie por allí queriendo incomodarnos. Nos sentamos, y en cuanto nos sentamos, quedando la una mirándose a la otra para así poder conversar, aquellos hombres parecen que han comido demasiado rápido, o quizás, hayan pedido que les empaquen las pizzas para llevar y estaban esperando a que se las entregaran, y justo en ese instante, ellos aprovecharon ese momento para acercarse a nosotras, y entregarme a mí, un pequeño paquete que estaba envuelto en papel regalo rojo con un moño dorado encima. — ¿Qué? ¿Qué mierda es esto? ¿Quiénes son ustedes? — les digo a los hombres, sin saber con certeza de si realmente sería una buena idea que yo recibiera ese paquete sin saber que era, pues nunca se sabe cuando podría ser algo bueno o cuando podría ser algo malo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD