Capítulo 9

1004 Words
— Ábralo en cuanto llegue a casa, y siga las instrucciones, hasta luego señoritas, qué disfruten la pizza — dijo el hombre que me había entregado el paquete. Pero aquellos hombres se fueron del restaurante en cuanto me entregaron el paquete, se fueron con la caja de pizza llevándola en sus manos, ellos recibieron la caja de pizza para cuando se alejaron de nuestra mesa, y pronto, una mesera se acercó a nosotras con la trayendo la pizza y las bebidas. Ella dejó la comida encima de la mesa y se alejó de nuestra mesa. — ¿Vas a abrir eso? — me ha preguntado Olive, a la vez en que cogía una servilleta para servirse una porción de pizza luego de haber abierto la caja de la pizza. — Mm, no lo sé, ¿No te parece extraño todo esto? Es decir, llegamos a un restaurante, había dos hombres que se veían extraños... y que antes de irse, me entreguen un regalo así de forma anónima y misteriosa? ¿No crees que pueda ser una bomba? — le contesto sin quitar la mirada de la cajita de regalo que tengo en mis manos, le doy vueltas y vueltas, y hasta la mueva de un lado para el otro como si con ello quisiera yo averiguar qué contenía la caja en su interior. Más no pude descifrarlo, pensé que sería una bomba, pero teniendo en cuenta que las bombas siempre traían consigo una cuenta regresiva que no era nada silenciosa, puesto que cualquiera que pudiera escucharla, definitivamente se daría cuenta de que era una bomba porque su ruido era muy reconocible a tan poca distancia. No, yo no escuché nada de esos ruidos, más bien, lo único que escuché fue nada, solo silencio, y entonces, dejo el regalo a un lado de la mesa, teníamos una silla vacía y lo puse ahí, para que no nos estorbara mientras que comíamos. Terminamos de comer, y nos fuimos del restaurante de camino de nuevo a la casa, dejamos el autoguardado en el garaje, y entramos a nuestro apartamento, una vez allí, nos fuimos para el balcón, allí teníamos un pequeño balcón en el que nada más cabíamos era ella y yo, y entonces, decido tirar al suelo aquella cajita roja que me han entregado, y al tirarla al suelo, escuchamos que ocurre un leve sonido que no se parecía nada a lo que posiblemente estábamos suponiendo que era. — Parece que no es una bomba, ¿Verdad? — dijo Olive mientras que no le quitaba la mirada de encima al paquete, así como yo lo estaba haciendo. — No, parece que no, voy a abrirlo — digo. Ella asiente con la cabeza, y me ayuda a abrir el paquete, cuando lo abrimos, nos llevamos la sorpresa de que era un regalo demasiado fino, que por suerte, no había quedado destrozado, pues el regalo era un celular, un Samsung z flip morado, el cual al menos la pantalla no se había roto porque lo he tirado al suelo. — ¿Qué? ¿Quién carajos te ha mandado eso? ¿Vas a aceptarlo? — dijo Olive, mirando sorprendida aquel regalo. — Creo saber de quién fue... ¿Me acompañas? ¿O quieres quedarte aquí? — le digo. — ¿Para dónde vas a ir a esta hora? — preguntó Olive confundida. — Voy al club donde trabajamos, iré a hacer que esta mierda se acabe de una buena vez, ¿Vienes conmigo? — le digo. — ¿Qué? ¿Estás segura de que quieres enfrentarte a ese sujeto? Amelia, Christian me ha dicho que es un hombre muy peligroso, no deberías de meterte con él — dijo ella. — Lo siento, pero debo hacerlo, enfrentarlo es la única manera que tengo para que él me deje en paz, ¿Vienes conmigo o no? — le digo. Olive se queda pensativa, pero luego asiente con la cabeza avisándome que ha tomado una decisión. — Sí, está bien, pero me quedaré en otro lado, no quiero ver cómo te enfrentas con él — dijo él. — Así será, vámonos — dije. Cojo el regalo, lo vuelvo a meter dentro del paquete, organizándolo de nuevo para que al menos aparentara verse como si nada le hubiera pasado. Con Olive salimos de nuevo a buscar nuestro auto, nos subimos en él, y arrancamos nuestro camino para ir a nuestro lugar de trabajo. Una vez llegamos al club, bajamos del auto, y entramos, el club estaba lleno de gente esa noche, era de esperarse por la hora que era, la gente ha salido de fiesta, y hoy que era nuestro día de descanso parece que había mucha más gente. La música estaba escuchándose con mucho volumen, la verdad es que esta estaba tan alta que no dejaba si quiera que Olive y yo habláramos, si lo íbamos a hacerlo nos tocaba hablarnos en susurros, y preferimos mejor no hacerlo. Caminamos por en medio de la gente que bailaba en la pista, y pronto, llegamos al lugar que yo estaba buscando, allí estaba él, el mafioso que yo no podía recordar su nombre porque en realidad no lo quería recordar, o bueno, si lo recuerdo, su nombre es Joshua de la Torre, pero no me interesaba querer grabarme ese nombre en mi memoria, pero allí estaba, estaba en su lugar de siempre. Joshua de la Torre estaba sentado, con sus hombres de seguridad rodeando y custodiando el lugar. Joshua de la Torre me mira, se queda mirándome como si estuviera mirando mi cuerpo de arriba hacia abajo como viendo que lo que tenía frente suyo le gustaba demasiado así tuviera puesto lo que yo llevaba puesto. — Joshua de la Torre — le digo con seriedad. — Amelia... Qué gusto me da verte por acá, supongo que has recibido mi regalo, ¿Cierto? — dijo él después de que le ha dado un sorbo a su vaso con tequila. — Sí, lo he recibido, pero lo cierto es que no lo quiero — digo.
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