Vida añorada - Parte 2

3121 Words
Yo te quiero con limón y sal Yo te quiero tal y como estás No hace falta cambiarte nada Limón y sal Canción de Julieta Venegas POV Amelia «¡¿Por qué lo abrazó así?!». Las náuseas se acrecentaron cuando vi a esa muchacha lanzársele a Nyx. ¡¿Pero qué le pasaba?! ¿Acaso no respetaba el espacio personal? Y el tarado ese en vez de… bueno, sabía que eran primos, pero ¿qué clase de confianza era esa? ¡Y frente a mí!  Mojé mis manos en el agua fría del lavabo y me humedecí la cara. En ese lugar… ¿Cómo se llamaba? ¿Alberto? Bueno, la ciudad era un poco más cálida que Haltes, y aunque hubiese sido bueno ver sus calles mientras el taxi nos traía, mi nerviosismo solo me dejó apretujarme contra Nyx para obtener algo de calma. En definitiva, esto que hice fue una locura, pero solo debo atenerme a las consecuencias y ser fuerte. Además, no había llegado tan lejos con Nyx para luego dejar que me prohíban hacer esto o aquello. ¡Ya había tenido suficiente de vivir en una cajita de cristal!  Respiré profundo y me sequé el agua del rostro con varios recuadros de papel sanitario. No me atreví a arrodillarme en el váter… El mareo aún me golpeaba el estómago, pero no lo suficiente como para vomitar la docena de galletas que me tragué en el autobús por estar asustada. Chequeé mi celular, que tenía varias llamadas perdidas de mis padres, pero no le di importancia y lo apagué. Me pellizqué las mejillas, arreglé mi cabello y decidí bajar para continuar conociendo a la familia de mi novio. Pero esa prima de él… ¡Argh! Salí del baño y detallé las puertas del pasillo… ¿En cuál habitación dormiría con Nyx? Mientras bajaba las escaleras los escuché hablar, pero ya no estaban en la sala. Así que, apenas pisé el salón, seguí las voces y llegué al comedor, que se conectaba con los ambientes, muy hogareños por cierto, y vi a mi novio, quien estaba sentado en el comedor con la bebé de pie sobre su falda, y a su prima sentada al lado de él, jugueteando con la bebé. —¿Cómo te sientes, Nena? —averiguó él al verme. —Un poquito mareada, pero ya menos. —Estoy preparando manzanilla, para que se te alivie ese malestar —avisó la señora Isabella. Verla a ella era ver el futuro de su hija y su nieta. Clones. Cabellos castaños y ojos verdes, y unas facciones muy finas. —¡Ay! Muchas gracias, que pena molestar.  —Claro que no, linda. En un ratito tomamos las dos. Tomé asiento en el espacio vacío junto a Nyx, y él continuó haciendo saltar a Martina. Nunca había visto a Nyx con un bebé en los brazos… Era como si sus manos estuviesen hechas para cargar a esas adorables criaturitas. Y a la bebita le encantaba, no dejaba de sonreírle o hacer esos típicos chillidos de emoción. Por otra parte, y siendo sincera, nunca había tenido a una bebé cerca. Me parecía curioso que su carita expresara tanto con cosas tan simples y era muy similar a una luna llenas . Todo parecía intrigarle y llamarle la atención a un punto inmedible. Me observó por varios segundos y extendió sus manitos hacia mí. —Mira, le caíste bien a mi cosita hermosa —dijo la prima de Nyx con voz melosa. —¿Quieres cargarla? —preguntó Nyx y giró a la bebé hacia mí. «Dios mío, nunca he cargado a un bebé». ¿Cómo le iba a decir que no? Negarme era como si le dijera que la bebé era fea o que me daba asco. ¡Y no era así! Asentí, no muy segura, y Nyx la alzó y me la entregó. Era tan blandita y calentita. Y la ropita se le veía tan linda… la bebé me observó como con intriga, arrugó el ceño y se tiró hacia mí para agarrarme el cabello. Rió de una manera tan adorable que no me resistí y terminé sonriéndole y haciéndole monerías. Jugué un rato con la bebita, hasta que la tía de Nyx me llevó la taza de té de manzanilla, y la mamá de la bebé la tomó en brazos para que yo pudiese beber del brebaje, que esperaba me hiciera bien. —No sé ustedes, pero quiero ir al centro un rato, para que Amy conozca… —Vayan ustedes tres, aprovechen que abrieron una feria de juegos. —¡Ay! Primito bello, ¿quieres llevar a Martina? Nyx se quedó en silencio y me miró de inmediato. Yo… Estaba a mitad de trago de té y por poco me atraganté. Si gritar y salir corriendo mientras agitaba mis manos en el aire no fuese descortés, lo hubiese hecho. La prima de Nyx soltó una fuerte carcajada y abrazó a su hija y le dio un beso bien marcado en su tierno cachetito. Nos miró a los dos e hizo un gesto con una mano mientras daba saltitos con la bebé. —Sus caras… Fueron un poema —burló la muchacha de ojos verdes. —Coño, nos vamos. Es que ya iba a decir «esta mujer es loca, se va a perder ver a su hija en los juegos de la feria». —Ay… cómo crees, fuimos días después que la colocaron y Martina se subió hasta en un poni. —Y ni una foto ¿eh? —reprochó Nyx y se levantó. No sabía si levantarme también o quedarme viendo como discutían de manera familiar. Así que me apresuré a beber mi té, que ya estaba más tibio.  —Le tomé muchísimas, pero como el tío Nyki no vino por su cumpleaños… —Porque trabajo, pend… Tonta. «¿Le iba a decir pendeja?». —Amor, ¿quieres ir al centro?  Terminé de beber mi taza de té y la dejé sobre la mesa. La lengua me quedó muy caliente, pero ya sentía el estómago más calmado que antes, a pesar de que los ánimos parecían caldearse en ese comedor. —S-sí, no conozco… —Vayan a la feria —insistió la señora Isabella y retiró mi taza vacía. Musité un «gracias» y ella me sonrió—. Está muy bonita y hay muchos juegos con premios. —Sí, traeré comida más tarde. ¿China? —Con lumpias, sino no traigas nada —bufó la testaruda prima de Nyx.  —Ajá… —cortó él con seriedad. Cerré los ojos y respiré profundo. ¿Siempre eran así? Nos despedimos, y caminamos hacia la puerta principal, salimos de la casa y me prendí a la mano de mi novio.  —Cielo… ¿Siempre se llevan como perros y gatos? —¿Eh? —atajó Nyx y me miró con curiosidad.  —Tú prima y tú. —Ah, sí. Si no lo hacemos es porque alguno se siente mal. ¿Tu mareo? —Está pasando. Ya no tengo hambre. —Tengo que admitir que tu cara sí fue un poema cuando Reyna dijo que nos trajeramos a Martina —comentó y se rió—. ¿No te gustan los niños?  —Nunca había estado con un bebé. Es decir, ¿en qué momento iba a estar cerca de alguno? Si apenas es que estoy saliendo de mi casa. —Bueno, sí. Oye, esa feria no es la gran cosa, por muy bonita que la pongan… —Igual quiero ir. —Nyx me miró con extrañeza, como si yo no pudiese estar en un lugar así—. Estoy conociendo, pues. Necesito contarle a Liss y a Ahri que fui a una feria y que ganaste un horrible peluche empolvado y relleno de heno para mí, y que yo gané algo en algún concurso de pescar manzanas con la boca. —Abusadora, ni que esto fuese un pueblo —respondió mientras reía. Seguimos caminando hasta salir del conjunto residencial, el cual se veía bastante homogéneo a pesar de que las casas tenían colores más brillantes de lo común en las viviendas. Se me hizo un bonito lugar.  Nos fuimos en un autobús hacia las venas de la ciudad. Noté cierto aire colonial, como una ciudad vieja. Metí la mano en el bolsillo de Nyx y saqué su celular para tomar fotos… Fuimos a un par de plazas y luego a la feria que tanto insistió la señora Isabella. Nyx me tomó de la mano y nos detuvimos en la entrada, que era un alto arco hecho con andamios, forrado con una enorme pancarta que daba la bienvenida y adornado con banderines y globos de colores. Lo halé para entrar y él se resistió, pero unos segundos después cedió. No había mucha gente… Anduvimos entre los stands y podía escuchar los grititos de los niños que jugaban en los puestos con actividades. La verdad, se veía muy agradable el lugar. También había juegos mecánicos, como una montaña rusa y la clásica rueda de la fortuna, y las espantosas tacitas de té que con tan solo verlas me producían más náuseas, y por un instante agradecí la sensación molesta en mi barriga porque era una excusa y recordatorio para no subir a ninguna atracción. Vi familias de cuatro, cinco y más integrantes paseando y regañando a los peques más traviesos, y vi uno muy particular, con una enorme manzana bañada en caramelo que intentaba morder. Se veía apetitosa.  Mientras caminábamos, Nyx se compró un algodón de azúcar, del que quise pellizcar y terminé con una mejilla pinchada y picor en una nalga, porque según él «comer dulces con dolor de estómago no era bueno». Seguimos caminando y vi un enorme oso panda en un estante de un amplio puesto de tiro al blanco. Miré a Nyx con un ruego tácito en todo mi rostro y él suspiró y se acercó al encargado. —¿Cómo me gano eso? —preguntó y señaló el oso, que parecía sonreírme desde su trono. Era tan bonito… Y mi novio también. —Tiene que dispararle al centro de todas las dianas con cada rifle y solo puede equivocarse una vez —explicó mientras señalaba los círculos que estaban al fondo. —Vale, fácil… —Si usted lo dice —dijo asintiendo el encargado. —Una ronda ahí, pues. Le señaló el primer rifle y Nyx lo examinó y luego se posicionó, apuntando hacia una de las dianas. —Amor, si gano el oso, duermes desnuda hoy y me dejas hacerte lo que me venga en gana —musitó. —Pero con el oso abrazado en la cama. —El único oso que vas a tener es a mí sin afeitarme por tres meses. Comencé a reírme, y él no pudo seguir sosteniendo el rifle y lo bajó mientras reía muy bajito. —Amelia, se seria, que sino no podré atinarle al centro. —Ya, bueno. No me río más.  Me quedé detrás de él y él retomó su posición. Disparó y el balín de pintura impactó en el centro de la diana. Vi al encargado abrir los ojos con sorpresa y volvió a cruzarse de brazos, fingiendo un estado de sosiego y se recostó del mostrador.  —¿A las cinco dianas, no? —Sí, señor. Las cinco —contestó el muchacho y no sonó tan soberbio como antes. Mi novio tomó los siguientes rifles y volvió a disparar, y de nuevo, los balines mancharon el centro de la segunda y tercera diana. A la cuarta diana le disparó sin meditar mucho, y cuando apuntó a la quinta, comenzó a moverse hacia los lados.  —Oye… Esa no se movía antes.  —Es parte del juego. —Bueno, nada. Ya sabes, Amy… Me tapé la boca y reí bajito, y me quedé detrás de él para no desconcentrarlo. Lo vi seguir la trayectoria de la circunferencia con franjas y accionó el rifle. Me tapé los ojos con las dos manos y cerré los ojos con fuerza. ¿Le habrá acertado? Por lo poco que había visto, tanto en el campo de paintball como ahora, era un excelente tirador.  Me descubrí la cara y abrí un ojo a la vez, y busqué a Nyx, que ya no estaba frente al campo de tiro, sino recibiendo el oso panda dentro de su bolsa transparente. —Para que después no digas que no te amo —musitó él al acercarse y me entregó el oso. —Nunca he dicho eso. Le di un beso bien apretado en los labios mientras me guindaba de su cuello con el oso debajo de un brazo, y nos alejamos del puesto. Mi oso era hermoso, muy peludo y suavecito. Cuando estaba oscureciendo, fuimos a comprar comida china y luego regresamos a la casa de su tía. Nyx llevaba el oso panda y yo la comida, que me tenía babeando porque olía deliciosa. Abrí la puerta principal y entré, y luego entró Nyx con el oso, casi no pasó por la puerta. Mi súper exguardia se veía tan bello con el peluche... La prima de Nyx chilló emocionada y salió disparada hacia nosotros. —¡No puedo creer que le trajiste ese oso a Martina! —chilló y se lo quitó de las manos. Fue como si me hubiesen estrujado el corazón con guantes de alambre de púas. ¡¿Por qué debía ser así?! Respiré profundo, y mis ojos se encontraron con los de Nyx, que parecían suplicarme, y su boca entreabierta me dio a entender que estaba tan sorprendido como yo, y asentí resignada. No iba a ser la invitada insensible y egoísta que armó un escándalo por un oso panda gigante que ganó su novio en una feria con carpas de juegos. —Trajimos comida china también… —dije y sentí que me tembló el labio inferior.  —Es que hasta se trajeron al panda del local… Ñomío, está precioso —balbuceó Reyna luego de agarrarlo y sacarlo de la bolsa. Es que yo ni siquiera lo saqué del empaque para no ensuciarlo. Apreté los labios y sentí la tensión en mi mandíbula. Sabía que no era la gran cosa, pero me molestó que ella lo destapara.  «Amelia, respira. Es solo un peluche». —A ver si le gusta a la consentida de tío —dijo con ternura la señora Isabella, que cargaba a la bebita y la sentó en el sofá. Reyna se acercó y sentó al peluche junto a la nenita, y esta balbuceó «mami» y estiró sus manitos, tratando de tocar el peluche. Lo agarró y se rió, y le halaba las patas al oso mientras su mamá hablaba a través del muñeco… Sentí los brazos de Nyx alrededor de mi cintura y me apretó fuerte. —Gracias, Amor —susurró y me besó cerca del oído. —Pues… de nada —musité, con ganas de llorar. Más tarde, me había dado un baño y estaba sacando una pijama de mi mochila en la habitación de Nyx. Era como la habitación de los adolescentes que salían en las series de televisión: afiches musicales en las paredes y algunos implementos deportivos que parecían tener tiempo sin usarse. Olía a limpio, su tía seguro la había arreglado para nosotros, y la sábana de la cama se veía nueva. Saqué mi ropa interior y las prendas de la pijama, y me vestí el panty y luego el brasier de algodón. —Sirena, voy a entrar —escuché afuera y a los segundos Nyx ingresó—. Baia baia, llegué en el momento adecuado. —Ay, Nyx… Se sentó en la cama y me acercó a él. —¿Tienes hambre? Ya vamos a cenar. —Sí, al fin se me quitó el mareo. —Uhm, que bueno, ya me iba a preocupar… Por cierto, gracias otra vez —soltó con mimo y me besó en los nudillos.  —No me dio tiempo de encariñarme —murmuré y cogí el short luego que liberó mis manos. —Nena… —Es que, tal vez es su altanería o su manera de ser contigo que no me pasa de la garganta. —Pero, Nena, ¿qué…? —«Nena» nada —corté y apreté la tela del short—. Es muy irreverente e insolente y… No sé si malhumorada. Me puse el short a tirones y luego la blusa de tirantes, y me costó acomodarla en mi abdomen porque se enrolló.  —Amor, los dos somos así el uno con el otro. En un segundo ella es la persona más dulce y atenta, y al siguiente es la más déspota, sinvergüenza e imprudente —explicó mientras alisaba la blusita en mi cuerpo.  —Lo más probable es que yo tampoco le agrade. —Reyna es una loca, pero es de las locas más buenas que conozco. Y no lo digo porque sea mi prima y casi hermana. No la juzgues, ¿sí?  —Trataré. Pero ve que me quedé sin recuerdo… Si no le dejaba el oso a Martina, mi cara quedaría grabada para siempre en la mente de la bebé y buscaría venganza en unos años. —Deja el drama, carajita… —dijo sonriendo.  Me haló tan fuerte que terminé tumbada en la cama y no evité reírme. Era un pilluelo con todas las letras en capitulares. No titubeó cuando se encimó sobre mí y comenzó a besarme… despacio y con suavidad. Sus labios, tan tersos y traviesos, los rozó por mi mejilla y bajó a mi cuello, lo mordió con delicadeza, y dejó una húmeda caricia con su lengua hasta mi clavícula. Le saqué la playera y continuamos besándonos, aumentando la temperatura, , sus manos ávidas exploraban mis caderas y mis uñas arañaban su espalda, aferrándome a las sensaciones que explotaban en mi cuerpo. Gemí al sentir la dureza de su m*****o y separé mis piernas, y él deslizó una mano bajo mi ropa… Cerré los ojos, sumergida en sus caricias y me dejé llevar.  —¡Nyki! ¿Van a comer? —chilló una voz entrometida afuera de la habitación. Tocó la puerta varias veces y sentí que la ardiente llama del deseo se apagó en mi interior. Nyx se detuvo y apretó su boca en un gesto de pesar y molestia. Se irguió un poco y quedó de rodillas. —Sí, Reyna… —contestó—. Coño, que inoportuna esta mujer… —murmuró mirándome y cerró los ojos como con rabia.  Lo aparté de un empujón y él cayó sobre la cama. Me levanté con el calor de la ira en todo el cuerpo y me acomodé la pijama. —Sirena, espérame. —Ay, no. Te aseguro que llegaré al comedor y ya no tendré hambre —rezongué en voz baja.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD