Capítulo 2
Mientras camino veo como dos mujeres le coquetean mientras le obsequian una copa de vino. Evidentemente ese hombre es duro como el hielo ya que no la acepta, sin embargo, esas dos mujeres son tan insistentes que solo me dedico a ver tal espectáculo, para eso me siento a un lado de él.
—Señoritas quiero estar solo por favor si me dejaran tranquilo se los agradecería—se voltea sin más observándome fijamente a lo que le sonrío de manera coqueta.
—Solo bebe una copa con nosotras y te dejamos en paz, guapo—una de ellas lo toma del hombro volteándolo hacia ellas dos.
—Está bien, pero por favor déjenme tranquilo, no quiero ser grosero—toma esa copa la cual se bebe de un solo sorbo.
Esas dos mujeres sonríen y se van para sentarse a unos metros de la barra. Que flojera esas dos tipas, como sea solo tomo aire para tomar asiento más cerca de él quien parece estar ido viendo al infinito. Para no asustarlo o algo parecido decido aclarar mi garganta logrando captar su atención.
—Hola —le saludo manteniendo una mirada fija puesta en esos ojos verdes.
— ¿Qué quieres? Por favor déjame en paz quiero estar solo—mantiene esa seriedad intacta.
—Tranquilo cariño solo quiero platicar, te ves algo mal —profundizo la mirada.
—Yo no y por favor vete—suena un poco molesto.
Como dije es un hielo, lo cual no es un gran impedimento para mí. En silencio lo observo esperando una oportunidad.
Más tarde…
—Dame una copa más —exige a grito abierto.
—Lo siento joven está muy tomado, no entiendo si apenas lleva tres copas—el mesero frunce el ceño.
— ¡Dame una copa! —rechina sus dientes.
—Tranquilo yo me encargo—le digo al mesero a la vez que veo a esas dos mujeres quienes sonríen al mirar a mi objetivo.
Vaya, debe de ser que son unas carteristas o algo así. En fin, devuelvo la mirada hacia ese desconocido dándole mi copa la cual bebe enseguida. Cuando termina menciona “Yo debí seguir con mi sueño, el ballet era todo para mí y lo perdí”
La palabra ballet retumba en mis oídos provocándome más intriga de la que ya tenía, de pronto ese hombre me toma de los hombros para darme un beso desenfrenado, uno que me gusta y más con sus manos acariciando mi cintura.
Entreabro los ojos viendo como esas tipas se van renegando. Y cuando menos lo espero él está besando mi cuello haciéndome sentir cosas que no esperaba sentir.
En un hotel de la ciudad…
Repentinamente hemos conectado tanto que ahora estamos besándonos en el elevador de un hotel. Y aunque mi objetivo es esa beca, no puedo dudar en pasarla bien, él me gusta y que pase esto es la situación perfecta para entablar algo.
Sigo ese beso hasta llegar a la puerta de esa habitación la cual ese desconocido abre. Él me carga en sus caderas mientras acaricia mis glúteos, por lo que sin dudarlo lo tomo del rostro logrando profundizar ese beso. Durante el camino chocamos con una pared de cristal la que menos mal está más que bien diseñada.
Ese hombre alto de ojos verdes me ve por un momento en tanto respira agitado, no puedo creer que este sintiendo todo este calor inhumano el cual recorre todo mi cuerpo, me siento tan desesperada que no dudo en ponerme de puntitas para tomarlo de la nuca y atraerlo de nuevo a mis labios.
Ambos nos besamos y mientras hacemos eso, él me toma de mi cabello corto enredándolo en su mano, posteriormente me encamina hacia la cama en donde me tira poniéndose encima de mí.
Varios minutos después…
Ahora soy yo la que estoy encima de su cuerpo moviéndome de manera circular encima de su m*****o erecto, el cual me provoca sensaciones que jamás había sentido, mi piel se eriza y mi corazón late de tal manera que siento que en cualquier momento se me va a salir del cuerpo.
No obstante, me vuelvo más loca cuando escucho como de su boca se le escapa uno que otro gemido, y así sin dejar de verme me hace sonreír a la vez que lentamente me agacho hacia su cuello, el cual beso como si se tratara de una paleta sabor vainilla, su respiración choca con mi piel ardiente lo que hace que gima y me aferre más a él quien se mueve penetrándome aún más.
A la mañana siguiente...
Escucho el sonido del mar acariciando mi sentido del oído, y cuando recobro la cordura lo primero que se me viene a la mente es la noche tan ardiente que tuve, ese hombre es tan maravilloso en la cama que aun siento como mi parte íntima palpita. Sonriendo con los ojos cerrados me dedico a buscarlo con mi mano, la misma que siente un lugar vacío, por lo que rápidamente me reincorporo abriendo los ojos para darme cuenta de que él ya no está.
¿Dónde carajos esta? Estoy a punto de ir a buscarlo en el resto de la habitación, no obstante, me detengo en cuanto veo una nota acompañada de un fajo de billetes puestos en la mesita de noche.
¿Qué mierda le pasa? ¿Acaso me está tratando como…? Exhalo indignada tomando esos billetes los cuales dejo en el mismo lugar para luego tomar esa nota la misma que leo atentamente.
“No sé qué paso anoche, no soy de terminar en la cama con cualquiera, por lo que sospecho que algo me diste, aun así, soy un caballero y hare como si no hubiera pasado nada. Por tu bien solo toma esos billetes y piérdete de mí vista”
De pronto una furia irreversible recorre todo mi cuerpo ¿Cómo se atreve a dejarme aquí? ¡Soy una tonta! No debí quedarme dormida, pero es que… Me dejo tan exhausta que… ¡Ah maldita sea! Lo que más me da coraje es que mi beca se fue al carajo.
En casa…
Recién y piso el suelo del salón cuando mi padre ya tiene una mano estampada en mi rostro.
— ¿Dónde estabas? Eres de lo peor, de seguro estuviste de fiesta en fiesta ¿No? —Me mira con una mirada de furia— ¿Acaso no piensas en Elara? Ella no durmió en toda la noche por esperarte ¡Eres una mal agradecida!
Mientras sobo mi mejilla enrojecida miro a esa mujer la cual parece estar sorprendida, juro que si no la conociera también me tragara esa actuación. Y no, no me ha dolido tanto esa bofetada porque ya estoy acostumbrada a ellas, ya que mi padre cada que puede me da una, lo que me pudre por dentro es que ni siquiera recordó que día fue ayer.
Debido a eso me trago mi llanto y mirándolo llena de decepción solo me dedico a retractar mis pasos para luego tomar el barandal y subir las escaleras.
—Más te vale que estés lista para la comida. Hoy vendrá el hijo de Elara y más te vale que no nos hagas esperar—me grita a lo lejos.
Al escuchar esas palabras hacen que mis pies se detengan en seco, tomada aun del barandal giro mi cabeza hacia mi padre quien me mira desde abajo.
—No te preocupes padre, debido a que el hijo de tu mujer es alguien muy especial para ti, te prometo no faltar—digo llena de resentimiento.