El semestre en la Université de L'Excellence no comenzó con una alfombra roja, sino con una bofetada de realidad académica que chocó de frente con el caos doméstico del departamento del distrito 7. Si alguien pensaba que después de la "Masacre del Ritz" las herederas vivirían en un cuento de hadas, no conocía el rigor de los catedráticos parisinos ni la incapacidad de cinco millonarias para organizar una lavandería. El lunes por la mañana, el departamento parecía el epicentro de un huracán de lujo. Hojas de apuntes sobre microeconomía flotaban sobre la alfombra, mezcladas con recibos de Chanel y restos de comida tailandesa. —¡SARA! ¡¿OTRA VEZ?! —el grito de Daniela retumbó desde la cocina, cortando el aire cargado de olor a café quemado. Sara apareció en el pasillo, con una mascarilla f

