¿Tan fea soy para que alguien no se fije en mi?
Bueno… Mejor dejare de hacer preguntas estúpidas, ya confirmado.
No es que mi mundo gire en cuestión del amor, pero creo que ya estoy en la edad en la que al menos pueda pescar a un chico, ¿No?
—¡Flor! ¡Florecita hermosa!...
—¡Ya te he dicho que no me llames así John!
Hoy era uno de esos días en los que mi madre se encontraba con la señora Evans en la cocina haciendo cualquier cosa que no fuera hacerle daño a la cocina que se podía ver costaba cientos de pesos en mueblería. Ellas son las mejores amigas, se conocieron en un club deportivo, desde entonces son muy unidas, aunque antes de que la conociera, junto con el clan Evans, ella había vuelto a Estados Unidos, junto con su esposo y sus tres hijos, ya que ella nació y vivió parte de su vida por allá, aunque bueno, eso es punto y aparte.
John, quien era el hermano de en medio de los Evans, y yo habíamos forjado una gran amistad desde que pise su casa por primera vez. Hace cuatro años tuve la fortuna de conocerlo, junto con los otros dos, y uno de ellos me encanta bastante. John, después de nuestro primer encuentro, cada vez que a mi madre se le hacia frecuente traerme para que “conviviera” con chicos, John fue quien me pareció mas agradable, desde ahí nos volvimos mas cercanos y podíamos tener la confianza que tengo con mi amiga Gloria y Christopher.
En realidad con Enrique, que cuando lo conocí, a pesar mas chico que yo, la primera vez que lo vi, no se veía tan pequeño, sin embargo el es el mas tímido y reservado de los tres, por lo que su presencia cuando llego a estar la mayor parte del día, el pasa a ser una sombra en la enorme casa.
—Perdón Flor— este hizo énfasis en mi nombre burlándose, ya que como me había hablado anteriormente lo odiaba— solo quería saber que pensabas que no me pusiste atención en mi hermosa tragedia de la semana.
El estaba en una silla frente a su escritorio. Hoy estaba haciendo como trabajo escolar una pintura, que justo le cayo como anillo al dedo porque era un tema que el deseaba plasmar desde que entro a la universidad; mientras yo, estaba sumamente cómoda en su cama matrimonial y elegante que tenia. Lo sé, pueden llamarme comodina, pero díganme, ¿Quién no resistiría en estar en una cama que era sumamente suave y demasiada rica para dormir? Exacto, nadie.
—Ya sabes en lo que pienso cada sábado que vengo a tu casa John…— me levante de la comida almohada y me senté, tomando la misma entre mis piernas y pegue mi espalda a la base de la cama para poder enfocarme en mi loco amigo, aunque no quería hacerlo, porque este tonto se reía de mi nivel de estupidez cada vez que pensaba en lo que el conocía perfectamente.
—¡Oh Claro! Algo que empieza con “C” y termina con “N”, no?
Y era cierto, tenia que confesarlo ante ustedes amigos.
Hace cuatro años, en nuestro primer encuentro, conocí a Christian Evans, el mayor de los tres. Alto, cuerpo tonificado, piel blanquecina, ojos miel y rostro perfecto… Quien se burló de mi atuendo la primera vez que me vio. Desde ese entonces supe que Christian Evans era el chico que me traía como trapo.
Cada sábado que venía trataba de esperar a que llegara de trabajar, eso apenas dos años, cuando su padre le dio la oportunidad de trabajar con él, de ahí que cada día trataba de vestirme lo mejor posible, eso sí, sin repetir lo que paso hace cuatro años; y claro que John lo sabía, incluso me llego a ayudar con algunas situaciones para que al menos pudiera entablar una conversación con Christina, pero era imposible, este hombre, con cuatro años de diferencia de edades, estaba mas cerrado que las pinzas de la ropa… Pero para eso estaba yo, para hacerlo hablar y ver si al menos podía fijarse en mí.
La verdad, desde que trataba de llamar su atención me di cuenta de que todas las semas, hasta antes del sábado me enfocaba en buscar alguna manera de que al menos me dijera hola; es mas, hasta sentía que le estaba poniendo mas ganas a buscar la manera de llamar la atención, que a la universidad. Vaya que lo notaba, pero parecía no importarme, porque yo, Flor Gutiérrez iba a ser capaz de que Christian Evans se enamorara de mí.
—¿Por qué te aferras tanto a mi hermano? —John volteo su silla, dejo a un lado el pincel y ahora estaba enfocado en mi— la verdad no se que le vez.
—¿Cómo te atreves a hablar así de la preciosidad de tu hermano?
Ay no la regué…
Y lo supe cuando puse mis manos en mi gran boca. ¡Diablos! Yo y mi manía de hablar sin pensar… ¿Ven? Es el efecto Evans.
John quien no se contuvo más, estallo en risas mientras de nuevo, y como siempre, mi rostro se calentó ante la vergüenza de mis palabras. De verdad me sentía tan humillada, que un modo de “madurez” le avente a John la almohada logrando que esta perfectamente pegara en su rostro, que según el denominaba “rostro de bebe”.
—¡Oye!
—Te burlas de mi, las consecuencias de meterte conmigo Evans.
—¡Uy claro! Moriré porque me avientes una almohada. Vaya que si tenemos una asesina en serie suelta en la ciudad.
—Idiota— con más vergüenza tomé mi libreta y la abrí en una hoja al azar y comencé a hacer líneas y rayones.
—Oye— John se sentó frete a mi— sabes que solo es broma y que te quiero por como eres… Esa es tu cualidad y es parte de tu personalidad, además no es algo que no haya escuchado de ti…
—Si lo sé, porque has escuchado más estupideces salir de mi gran bocota.
—¡Pero ve el lado bueno! Te meto la pata, de buena manera, para ver si algunos de tus grandes planes para acercarte a mi hermano funciona. Dime, ¿Quién tiene un hermano como “yo” que apoye a su amiga a estar con uno de sus hermanos? Exacto Flor, nadie. Es más, si fuera otro ni permitiría que acercaras a mí ni a mis hermanos.
—¡Lo se! Y por eso te lo agradezco, pero creo que en estos cuatro años no ha puesto un ojo en mí.
Y era cierto amigos, y aunque ustedes no lo crean eso me decepciona en distintas formas. No se si porque de verdad ni un hola sale de sus labios cada vez que vengo o porque de manera final si tengo algún defecto que hace quedar ver como una verdadera tonta e ilusa. John incluso le ha dicho “discretamente”, porque los he escuchado, aunque John piense lo opuesto, en que al menos trate de llevar una amistad como la que llevo con el sin embargo, cuando escuche lo que dije esa noche pensé que estar aferrada a un chico como el no valía la pena… pero véanme, aquí sigo, vivita y coleando por él.
—No te pongas así Florecita— de inmediato le avente mis ojos furiosos porque odiaba que me dijera así desde que Christian me dijo así, después de burlarse por mi atuendo. Desde entonces Florecita queda descartado de apodos favoritos— Okey, Flor. No quiero que pienses así… Sabes que no soy muy partidario de tener una relación con diferencias de edad, ¡Aunque sea una estupidez! Pero contigo… es diferente; tu y mi hermano harían buena pareja, así que sigue intentando Flor de Loto, que aquí estaré yo para apoyarte…
—¿Sabe que por eso te quiero un montón?
—¿Ah sí? No lo creo. Parece que quieres mas a Gloria y a Christopher que a mí.
—Ay no es posible, ¿Tu? ¿Un implacable Evans se va poner de llorona porque tengo más amigos, además de ti?
De verdad que me gustaba estar con John, tanto Gloria, Christopher y el tenían diferentes personalidades, pero cuando estábamos los cuatro éramos una bomba de sorpresas. Creo que eso era una de las ventajas de ir en la misma universidad. A pesar de que John era de diferente carrera, en el tiempo que pocas veces compartimos en el campus era el mejor de todos… Podríamos ser idiotas con nuestras formas de ser, pero éramos los mejores amigos mas idiotas que existían en el país.
—¡Claro que no! Simplemente recalco que tu cariño no es igualitario y…
—¡Blah Blah! ¡Por dios John! ¡Ustedes son los Evan! Son de las familias mas importantes de la cuidad y del país… ¿De verdad eres de la familia? Porque ya ni tu hermano Enrique, que es mas pequeño que tu y yo se comporta como tu.
—Ay hija de la…— pero no termino su frase, que ya conocía al cien por ciento y lo más gracioso era que nunca la terminaba de decir porque odia decir groserías. Yo aun riendo me enfoque un poco mas en los rayones de primaria de estaba haciendo hace unos minutos, mientras que John se levanto de su cama y camino hasta su escritorio observando la pintura en la que llevaba trabajando por semanas.
Sinceramente me gustaba pasar los sábados en casa de los Evans, mas que ver a Christian, era porque realmente esta familia era como la mía. Podrían tener una casa gigante, lo se, porque a pesar de que llevo viniendo por dos años aun me pierdo entre los pasillo, pero sabia que fue obtenida el señor Evans había trabajado para tenerla, además de que cada uno de ellos siempre veía por hacer las cosas por su propia mano; de ahí que me encantaba ver a la señora Evans cocinar para su familia cada vez que veníamos a pasar mi madre y yo nuestras tardes de sábado. La primera vez que pise el suelo de esta familia a la única persona que vi que era parte del servicio fue al señor Juan, quien era el cuidador de la casa, de ahí en fuera no había ayudantes en la limpieza ni nada por el estilo. La enorme casa era cuidada y tratada por la señor Evans.
El único tramo que conocía de esta casa era el recorrido hacia la habitación de John, el jardín trasero, la sala y el comedor… porque de ahí en fuera siempre cometía la estupidez de perderme, por lo que mi único refugio era la gran habitación de mi amigo llorón, y de verdad digo grande por que lo es. Habitación en la segunda planta, bastante espaciosa, de color gris, cama matrimonial, baño con super detalles de mármol… Díganme a quien no le gustaría estar aquí encerrada. Pero siempre veo el lado positivo, John, a pesar de ser un chico bastante desesperado y un poco desordenado siempre tenia su cuarto lo bastante limpio y ordenado que pareciera que él no lo hubiera acomodado, pero después afirmaba que él lo hacía.
Dejé a un lado la libreta y me acosté de nuevo en esta nube de almohadas que de verdad eran sumamente cómodas. Cerré mis ojos por unos segundos, peor los abrí de mala gana cuando John hizo ruido con su silla del escritorio. Levante la cabeza, un poco disgustada, porque estaba a punto de tomar una siesta en lo que la señora Evans y mi madre nos llamaban para la comida, pero este chico se levantó, acomodo sus pinceles y ahora me observaba con los brazos cruzados en su pecho y con una sonrisa burlona.
Yo internamente pensé que mi pelo se había desacomodado en cuanto me hubiera dejado caer en sus almohadas, por lo que discretamente toque mi ondulada cabellera, esperando que eso fuera la razón de su burla, pero lo volví a ver y este ahora sonrió aún más.
—¡Oye! Si te estas burlando por algo gracioso en mi persona prefiero que me digas antes de que…
—No escuchaste, ¿Verdad? — negué como tonta, aun medio sentada en su cama, tratando de acomodar mi cabello, aunque no sabia si John se burlaba de mi o no— El coche…
Madre mía… el coche.
Eso solo significaba una cosa; Christian estaba en casa y lo primero que salió de mi boca fue un grito de pánico. Lo primero que hice fue levantarme super rápido de la cama, camine hacia el baño y me revise en el espejo. Tenia que verme presentable para Christian. A lo lejos escuchaba las carcajadas de John al ver como me arreglaba y estar lo mejor presentable y deseable para su hermano.
Sali corriendo del baño y me puse frente a John, preguntando si me veía bien.
—Bueno…
—¡John!
—Tranquila hiena, te ves bien.
Perfecto, eso era lo único que necesitaba. En esta ocasión vestía unos jean pegados negros, unos tenis del mismo color y un pequeño suéter tipo ombliguera, porque odiaba la ropa que era larga, así que suponía que mi atuendo iba perfectamente con mi persona.
Me sentía orgullosa por mis avances.
Sin esperar más, abrir la puerta del cuarto de John, pero antes de ir hacia el pasillo que daba hacia la sala principal, respire profundamente. Mi amigo se dio cuenta de que los nervios venían, así que solo me tomo de los hombros y me animo a enfrentar a el hombre que me estaba volviendo tonta todos los días.
Empecé a caminar, aun con John sujetando mis hombros, como un tren, bajamos las escaleras y pasamos la entrada de la casa hasta llegar a la sala de la casa… Y ahí estaba el.
Su anatomía era perfecta para mí, bueno todo en el era sumamente perfecto. Hoy vestía un traje azul marino, que ¡Diablos! Le hacia resaltar más su blanca piel. Podía ver que ya había deshecho el nudo de su corbata del mismo color se su saco que ahora reposaba en uno de los sofás. Discretamente sentí a John apretar mis hombros un poco más, llamando mi atención y sabia porque lo hacía.
Estaba babeando… y eso no era bueno.
—¿Cómo te fue cariño? — la señor Evans le trajo un vaso de agua a Christian, quien lo trago de inmediato. Hasta este punto pude ver que rostro lucia cansado y un poco decaído. Verlo así me hacia sentir mal. Lo se por mas raro que fuera me hacía sentir pésima que el estuviera dándolo todo por ser alguien y yo a veces pensaba estupideces que no necesitaba en mi vida… A veces por eso sentía si Christian algún día podría fijarse en mí.
—Cansado madre, cansado…
¡Ay madrecita pura su voz!
¡Oh! No lo había mencionado. Christian por ser el mayor, la parte de su vida que vivió en Estados Unidos la recuerda, por lo que cuando hablaba español, su acento americano salía a flote, y eso lo hacia mas irresistible, como un bombón con chocolate, bien cargado de este como me gustaba.
—Bueno cariño, pero ahora es hora de la comida. Lucia y yo la preparamos para ustedes, además es receta de Flor, así que espero que te guste.
Cuando su madre dijo mi nombre, supe hasta ese entonces que Christian se había dado cuenta de mi presencia. Fijo su mirada en mi y por inercia y por nervio solo bajé mi rostro, segundos después vi que ya no me observaba.
¿Escucharon eso? Fue mi pechito siendo martillado por su rechazo…
John me conocía tan bien, que sin tenerme frente a el sabia que la actitud de indiferencia y de mi inexistencia me había dolido, pero no iba a dejar que me viera así, claro que no.
Aun así sonreí porque su madre me veía como si fuera su adoración total, pero la entendía. La señora Evans si quería tener una hija, pero solo hombres llegaron a su vida. de ahí que desde que llegue a conocer me trataba como si fuera mi segunda madre, y al parecer a mi mama no le molestaba, al contrario, le encantaba ver a su amiga feliz por no solo estar rodeada de chicos con la testosterona bastante elevada.
—Bueno… solo espero que les guste.
—¡Claro que si hermosa! Lucia y yo la estuvimos probando y de verdad que esta deliciosa. Que bueno que elegiste ser cocinera.
Y era cierto. Amaba cocinar. Mi madre, igual por se hija única, se había dedicado a enseñarme a cocina y hacer cosas dulces desde pequeña, lo que mas amo hacer con ella son las galletas y algunas recetas saladas que con gusto tanto ella como mi padre las prueban y créanme, ellos son mi mayor jurado, más que mis profesores.
—Bueno como sea… John, ¿Crees que puedas llamar a Enrique para que…
—No es necesario mama, ya estoy aquí— y con ustedes estaba ya con nosotros el mas pequeño de los Evans. Enrique que solo estaba en su habitación y solo para comer u otra situación, la verdad que el me daba mas cariño para tratarlo.
—¡Oh, Hola Flor! — tímidamente extendió su gran mano y las chocamos como pequeños amigos. Era divertido verlo así y eran pocas las veces que se dejaba ver.
—Entonces… vayamos a la mesa y servir todo.
Todos, como niños obedientes íbamos emprendiendo camino hacia el elegante comedor, pero nos detuvimos cuando vimos que Christian no se movió.
—¿Hijo no vendrás?
—Yo… invite a alguien a comer.
¡ALERTA ROJA!
¡ALERTA ROJA!
¡ALERTA ROJA!
—¡Oh! Entonces esperemos a que llegue tu invitado. Lo bueno fue que hicimos comida de más.
De nuevo, yo me coloque detrás del sofá que daba frente a donde estaba Christian. Lo observe y desde que lo conozco, podía ver que estaba nervioso. Lo conocía perfectamente bien y sabia que algo lo inquietaba, además de que sus manos las sujetaba entre si y las movía bastante rápido.
Solo esperaba que no fuera lo que pensaba.
Nadie mas pregunto quien era la persona que vendría. Pensé internamente en que esto se tardara lo mas que se pudiera o que de plano la persona no llegara, pero todas mis suposiciones se fueron a la basura porque el timbre sonó y Christian se acomodo de nuevo su camisa y se dirigió hacia la puerta para recibir a su invitado.
O invitada.
—Ey Flor— de nuevo John me tomo por los hombros— tranquila…
Pero sus esfuerzos por animarme no sirvieron y la energía tan alta que manejaba mi cuerpo se esfumo en cuanto escuche otra voz femenina. Voltee, alejando las manos de mi amigo y enfrente la realidad que muchas veces imagine en mi cabeza y que esperaba que no sucediera.
Una chica, con vestido vino estaba tomada del brazo del chico que me gustaba, y el lucia vulnerable con ella. Christian estaba con alguien más… y lo último que pensé antes de quedar como idiota ante todos es que ahora estaba más que claro que las pequeñas piedras que había puesto en su camino para poder acercarme a el y llamar su atención se habían caído, alejándome mas de su persona y sintiendo la más estúpida de todas las chicas.