CAPITULO 2: PASADO Y AMISTAD

3259 Words
¿Alguna vez han sentido como un camión las arrolla? ¿No? Bueno yo menos, pero podía deducir que era lo pero que nos pudiera pasar, porque justo en estos momentos es como me siento. El ser sentimental no es lo mío, sinceramente. Hubo un tiempo, no hace mucho, donde me cuestionaba si estaba algo obsesionada por Christian, ¿Saben? Porque no veía ningún avance, además de que hablarlo con John, era casi nulo, por lo que cada vez que en algún mínimo intento por hablar con Christian solo podía decir lo estúpida que me veía haciendo cualquier cosa, incluso algo que no me gustara solo por que al menos me diera un sonrisa. Cada tarde noche, llegaba a casa y lo único que hacia era dejar soltar las lágrimas que involuntariamente salían de mí, sin dejar que mi padre ni mi madre me vieran así. Era un dolor fuerte… Esto va para quienes dicen que el amor no correspondido no duele; pero lo confirmo, es una sensación de impotencia y desesperación… Ahora imagínenlo desde hace cuatro años y en este momento. Flor Gutiérrez estaba acabada. ¿Tenia ganas de llorar? Si, ¿Iba a hacerlo? No. Creo que eso fue lo que más aprendí de todas las veces que me sentía así: pude manejar mis emociones conmigo misma, sin la necesidad de que alguien más a mi alrededor me viera lastimada. Lo consideraba mejor a tener apoyo y consuelo de gente que en ocasiones solo te apoya por lastima... Mejor sola que mal acompañada… Y justo hoy seria el mismo caso, pero más doloroso. Duele ver a la persona que te gusta con alguien más, molesta que alguien ajeno tenga algo que tu no puedes tener y lo mas doloroso es ver como esa persona sonríe con alguien que no es tu. Y eso no es lo mas espantoso de tosa esta situación, ¡No! Sino que a lado de ella, puedo confirmar que soy un cero a la izquierda y es hasta este momento en el que me doy cuenta de la clase de chicas que a Christian le gustan; Altas, piel blanquecina, con vestimenta elegantes, finas, con rostro perfecto y con cuerpo de diez… Una modelo podía ser un ejemplo de lo que era esta chica. Y sabia, que con mi atuendo de adolescente, rostro redondo, con mejillas prominentes y cuerpo bastante desproporcional no llegaría a ningún lado. Creo que todos en la sala quedamos sorprendidos ante la “nueva pareja” porque la señora Evans y los dos hermanos estaban con sus ojos abiertos y juraba que ninguno de los tres podía enunciar palabra alguna, mientras que yo solo pude ver el suelo y contar muchas veces los números del uno al veinte tratando de retener las lágrimas de mis ojos. Era lo mas viable ¿No? Fingir que eso no me lastimaba y evitarme la vergüenza de que todos me vieran derrotada. —Bueno... ella es... —Me llamo Wendy, es un placer conocerlos. Christian me ha hablado muchas cosas de ustedes— de reojo vi como esta chica se aferro mas y Christian aceptaba sus caricas… Aplastada por un camión parte dos… Estaba claro que no tenia ni un diez porciento para poder ponerme tan mal frente a la familia Evans, así que con todo el dolor en mi pecho fui detrás de ellos y comimos como si viera a Christian como a un hermano mas. Cuando llegamos a casa hasta subir las escaleras me era complicado. No sé, sentía que haberlos visto de ese modo me había quitado mi energía… Ah que cosas digo. Durante el regreso de la casa de los Evans mi madre parecía haber visto mi cambio de actitud, pero al parecer comprendió perfectamente que no quería hablar de lo que me pasaba, y agradecía por ello. Entre a mi cuarto, me cambié rápidamente y me senté frente a mi tocador, observándome antes de comenzar a quitar la fina capa de maquillaje que me había puesto. Tome una toallita facial y enfoque en el espejo, pero antes de comenzar y por mie estado de ánimo…Los recuerdos volvían. Desde pequeña había tenido un complejo… Y no fue hasta que cuando cumplí doce años pude entender el porqué de las actitudes que tomaba. Es incomodo cuando alguien critica tu persona, y esa había sido una de mis debilidades, y hasta el día de hoy se mantenía. Con cinco años, recuerdo que mi madre me lo llego a contar, recuerdo llegar muy triste de mis clases; por lo general cuando eres un niño disfrutas d los amigos, las cosas nuevas de los colores, jugar con los amigos, pero ese no era para nada mi caso. Mi madre me conto que desde pequeña tuve un problema con el peso, incluso desde que nací con un peso mas alto que un bebe promedio. Conforme fue pasando el tiempo tanto mi padre como ella cuidó que mi peso no fuera rebasado en el sentido de que querían cuidar de mi salud y prever alguna enfermedad encadenada por mi alto peso. Lo comprendí perfectamente bien cuando las consultas medicas eran seguidas, y con otra doctora, que era mi psicóloga. Recuerdo casi todo. A mi mente vuelven loas pequeñas escenas en donde los que decían ser mis amigos se separaban de mi y fuera de la vista de los profesores escuchaba palabras groseras que mis padres habían dicho que estaban mal que los niños pequeños lo dejaran y no solo eso… También recuerdo que me gustaba comer sola. Atrás del patio y del pequeño edificio de mi escuela primaria había una árbol grande y con pasto a su alrededor, por lo que podía comer mi desayuno a gusto sin la necesidad de ver a esas niñas y mis maestras no se daban cuenta de cómo me desaparecía, era otra de mis habilidades. Podía comer mi delicioso sándwich y mi Gansito a gusto sin sentir que las niñas me jalaran el pelo ni dijeran palabras hirientes; pero como todo, alguna de ellas debió de descubrir mi escondite porque la maestra de español me regaño, las niñas seguían molestándome… Y fue hasta ese entonces cuando entendí que mi cuerpo era un problema. Era una niña pequeña, peor consciente de que si ellas veían algo mal y feo en mí, ¿Por qué yo no lo veía? Desde ese entonces cuando mi mama me pedía cambiarme de ropa después de que me recogiera, me observaba en el espejo tratando de buscar lo que las niñas de mi escuela veían, peor simplemente no encontraba algo malo de mí. Era una niña feliz, me gustaba mi cabello, mis ojos también, mama Luz siempre me decía que tenia los ojos igual a ella… y de mi cuerpo no veía nada malo. Creo que mi realidad fue mayor conforme paso el tiempo. Seguía en la misma escuela y las chicas también, pero sabia que mi manera de ser y de verme se estaba yendo por el lado n***o. ¿Cómo explicarles a mis padres que no me sentía cómoda con mi cuerpo? ¿Qué incluso mi rostro me parecía fatal? Y sé qué dirán que como no hable desde pequeña por esta situación, pero una niña como yo sentía que solo causaría lastima, además siempre fui una persona que odiaba los problemas por lo que mas grande se hizo esta situación y que ahora que tengo la edad suficiente para entender la realidad, me arrepiento de no haber entrado antes. Tratamientos para cuidar mi alimentación, ayuda psicológica fue lo suficiente para saber que mi persona era linda ante mis ojos y los demás, aunque como me había dicho mi doctora; en un momento vulnerable estos momentos podían volver, y hoy era uno de ellos. Se que soy lo suficientemente grande, se que a lo mejor que no se vive de amor y que hay cosas muchísimas mas importantes, pero una chica como yo, con estos antecedentes, era vulnerable, ante todo. Piensa positivo… Eres linda. Tus mejillas son hermosas, tus ojos únicos y tu cuerpo perfecto... Estas eran las palabras que me repetía en mi cabeza cada vez que venían los recuerdos. Y cuando estaban estas frases en mi mente, por dentro sentía que eran menos creíbles. . . . . . —Buenos días— baje las escaleras y camine hacia la cocina, ahí ya podía ver a mi padre listo para trabajar y a mi madre cocinando algo que sabia a distancia que era, pero necesitaba confirmarlo con un pequeño bocado. Al menos hoy tenia mas ganas de olvidar lo del sábado anterior, bueno no solo la noche, ¡Mas bien todo el día! Hoy era lunes y sabia que ver a Gloria y Christopher haría que mi día fueran mas locos, más cuando hoy teníamos practica de cocina; esas clases eran la locura con esos dos. —Prueba cariño— mi madre me acerco una cuchara pequeña, la tome y los sabores se dispersaron por toda mi boca… Ahora sabia que mi madre era al cien porciento la persona que me había heredado su sazón. Mantequilla, crema, hongos, rajas de chile… ¡Oh! Pollo a la crema seria la comida de hoy, ¡Si! —Delicioso mama, aunque sabes que no es necesario que me preguntes por el sabor. Confió en tu sazón— enjuague la cuchara, la coloque junto con las demás y me acerque a mi madre para besar su mejilla— Buenos días ma. —Buenos días mi niña, siéntate ya está listo tu desayuno. Asentí y antes de hacerlo dejé un beso en la mejilla de mi papa para pasar a devorar el manjar que mi mama preparaba. Con todo lo anterior, media mi manera de comer, cuidando que fuera lo mas equilibrada, eso sí, sin ser una alimentación de lechuga y pollo asado... solo media lo que comía, pero díganme, ¿Alguno se resiste a la comida de mama? Pues yo no me resistía, así que cuando era comida de mi madre y mi favorita no había quien me cerrara la boca. —Se me hizo que no me hablaras temprano para llevarte hija. —Lo sé, pero uno de mis profesores nos avisó que no llegaría a las primera horas, así que no tenia caso irme tan temprano, además Chrsitopher pasara por mi. —Ese chico… Oh si, había olvidado mencionar un dato. Mi papa era bastante celoso y cuidadoso conmigo, desde que entre a la universidad. Lo entendía, incluso mi madre lo comprendía, pero entre las dos, con nuestro instinto femenino, sabíamos que mi papa saltaba los límites, y eso paso cuando por primera vez, hace dos años había traído a mi amigo Christopher para que lo conocieran. Fue los suficientemente vergonzoso que sobreviví a los males chistes de Christopher por una semana sobre mi padre, y con el por mas que le explicara a mi padre que Christopher y yo no podíamos tener nada, porque era gay,  pero para el solo su cabeza decía que era un hombre y que la atracción hacia las mujeres no pasaba de lejos. —Ese chico es mi amigo y no mi novio. Papa créeme, el prefiere ver el trasero de los chicos de la universidad que el de las chicas. —¡Flor! —Papa solo soy sincera, además Chris me cuida como un hermano, por lo que te ruego que dejes de verlo como el peor chico cuando es mi amigo —Hija me pides imposibles. —¡Bueno es que tu también papa! —Flor, amor no empecemos, no a primeras horas de la mañana. Mi padre negó y decidió mejor enfocarse en su periódico mientras bebia lo poco de su café. Mientras tanto, al ver la hora y los pocos minutos que me quedaban antes de que Christopher pasara por mi, desayune con rapidez, me tome mi café con leche tibio y subí al baño a lavar mis dientes y a revisar que de verdad no me faltara nada para la practica de hoy, que era una de las ramas que mas me gustaba de la gastronomía; la repostería. Filipina, mandil, caballos… Finalmente, todo estaba listo en mis mochilas… Si, escucharon bien, mis mochilas. Cuando estudias en universidades publicas cuentas con muchas limitaciones, mas al ser una carrera con un enfoque cien por ciento práctica. En mi universidad se pagaba por el premio global acumulado en los semestres ya cursados, de ahí se hacia un descuento del pago real por semestre, por lo que pago de cada seis meses para mi papa era del 75% de descuento, pero todo ese dinero que no llegaba a pagar en mi colegiatura lo invertía en mis insumos y utensilios que requería, pero como todo, el malo era que cuando tenia prácticas, parecía vendedora de verduras con tantas bolsas y mochilas que llevaba. Además, lo peor de todo era que con una estatura pequeña y con cuatro o hasta cinco bolsas y mi mochila en definitiva ni me veía cuando llegaba a la universidad. Baje con mi mochila, camine al comedor y tome de ahí mismo las bolsas de tela que mi madre me prestaba, fui de nuevo a la cocina y abrí el refrigerador tomando los insumos que compre, revisando que estuvieran en buen estado, en especial los huevos, que es lo más común que en un traslado se quiebren, ya saben, la experiencia habla. Enfocada, y rápidamente repartí los insumos en cada bolsa y cada una de esta pertenecía a una receta diferente, verificando que la lista de los insumos repartidos fuera la misma. Tome las bolsas y justo cuando comenzaba a acomodarlas, el claxon mas chistoso que un coche tuviera sonó por toda mi calle, avisando que mi amigo había llegado. —Don Tarzán llego señorita. Lo sé, yo también me reía cada vez que esa bocina sonara; y antes de que pregunten si… Christopher tenia como sonido de bocina el grito de Tarzán, y eso lo hace aun mas genial como persona. Me daba risa cuando tocaba y me recogía en mi casa, pero cuando la tocaba en la universidad Gloria y yo solo teníamos ganas de correr e ignorar que el era nuestro amigo. —Bueno, pues esta chica linda se va a la escuela. —Está bien cariño, cuídate y diviértete mucho. —Lo hare. —¡Saluda a Chris de mi parte cariño! —¡Si! Mi mama amaba a mis dos amigos, por lo que dejarme en sus manos era cien por ciento seguro. Sali de mi casa, como pude y desde ya pude ver como ese imbécil se reía al ver que no podía cargar con tanta bolsa. Bajo el vidrio del lado del copiloto y se reía como tonto aferrándose al volante. —¡En vez de reírte como chango deberías bajar a ayudarme! —Tranquila Flor de Loto, tu princesa esta en rescate. No podía evitarlo, con su personalidad, Christopher siempre me animaba y además era una locura de chico. Este bajo rápido del coche y abrió la puerta de atrás, colocando con delicadeza las bolsas y mi mochila, para después dejarme subir y arrancar hacia nuestras prácticas. —Y dime Flor de Loto, ¿Qué tal el sábado? Chris, lo acabas de arruinar… —No quiero hablar de eso… —Eso dices cada inicio de semana Flor de Loto— lo volteé a ver y después lo barrí de ojos— ¿Qué? ¡Oh rayos! Chris en segundos había ya deducido lo predecible. A pesar de tener casi dos años de conocernos, ambos nos conocíamos bastante bien. Uno de esos aspectos era como la situación anterior. Cuando algo que me había pasado era peor de lo esperado, siempre empleaba la frase “No quiero hablar de eso” confirmando que todo había salido o pasado peor de lo esperado. Al menos agradecía que yo fuera muy pacifica, porque en el caso de Gloria, cuando algo le salía mal o fuera algo inesperado comenzaba a lanzarnos un sinfín de groserías a nosotros y a quienes se encontraban en su camino. —Así que te aguantas hasta que le diga a Gloria… Y no hablamos mas del tema hasta que entramos al estacionamiento de la universidad. La ventaja era que este se encontraba cerca de las cocinas, por lo que nuestro tramo era corto por recorrer. Entre bolsas y mochilas y con una carcajada de mi parte por ver a Chris casi caer con las bolsas llegamos a las afueras de la cocina con nuestros demás compañeros y a distancia viendo a Gloria, con su uniforme ya puesto y con sus audífonos observando que sus pestañas no se movieran de sus sitio, ajena a lo que los demás hacían o decían. Gloria… digamos que ella es lo opuesto a nosotros dos. Gloria era sumamente glamurosa en cuanto a apariencia se trataba. Le gustaba vestirse bien y que su ligero maquillaje se viera espectacular, pero como le habíamos dicho Christopher y yo, no necesitaba estar atenta en ello cuando era muy atractiva. Como persona es la chica más genial que había conocido. Al principio, cuando ella me hablo desde el primer semestre no confiaba por los antecedentes, pero con su actitud me demostró que de verdad quería lazos amistosos conmigo, y vaya que lo hemos logrado, conmigo y Christopher era una bomba y con mis demás compañeros era como un demonio; con una sola frase te podía mandar bien derechito a la friendzone. Aun riéndome por lo ocurrido hace unos segundos llegamos hasta Gloria, esta al vernos se alegro cambiando en un segundo su rostro de chica solitaria y con cara de “te acercas y te mato” a niña buena. —Buenas horas te cargas amiga— deje las dos bolsas que traía, junto con mi mochila y me comencé a cambiar. —Ni tan buenas; estuve a punto de no llegar a tiempo. —Gloria, eso no es raro en ti— Christopher llego, dejo las bolsas y al igual que yo comenzó a cambiarse con urgencia porque el chef ya no tardaba en llegar. —Mira no quiero pelear contigo bro, así que mejor revisa que “si” traigas todo para evitar la payasada de la semana pasada. Bueno en eso apoyaba a mi amiga. Uno de los defectos de Christopher era que este hombre era demasiado distraído. Simplemente la semana pasada, olvido traer la nata, el azúcar y el huevo para la receta; ¿La solución? Fingió ir al baño, tomo su coche y fue a su casa por los insumos y regreso lo mas rápido mientras Gloria y yo fingíamos hacer mas preparaciones cuando el maestro pasaba por nuestra mesa. —Tranquilas bebes… todo esta aquí. Mejor pregúntale a mi Flor de Loto como le fue el sábado. —Si Flor, ¿Cómo te fue el sábado? —¡Christopher! — este nada más rio. —¿Qué sucede Flor? — Gloria me vio bastante confusa. —¡Ah! — grite ligeramente— No quiero hablar de eso... —Entonces si te fue de la… —¡Si! No me lo tienes que repetir. —Pues mira, aunque te haya ido mal, nos dirás que paso en cuanto acabe la práctica, ¿de acuerdo? Asentí, porque a ellos no les podía ocultar nada y además vi nuestro chef venia de camino hacia la cocina. Al menos en estas cinco horas no pensare en el…                                    
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