No hay nada mas jodido que estar en la oficina del rector; eso solo puede significar dos cosas: una suspensión o una expulsión de la universidad, así que yo, dejando mi lado furioso, ahora me encontraba comiéndome las uñas de mi mano derecha mientras que con la otra me sobaba un poco mi cabeza, ya que si me había dolido el jalón. Desafortunadamente a mi lado, la chica chillona no dejaba de llorar, con una bolsa de hielo en su cabeza, porque según ella, mi agarre en su cabeza había sido fuerte, pero eso no era lo importante, ahora lo que me tenia de pelos de punta era que demonios iba a pasar conmigo. ¡Demonios si mis padres se enteran del show que acabo de dar! ¡Me van a comer viva! De eso estoy segura. —Señoritas— el rector, con su traje se sentó frente a nosotras— sin duda alguna lo

