Leonardo estaba llegando a “PubliCorps”, vestido con un traje n***o, y camisa blanca, zapatos de corte italiano, y un vaso de café sobre su mano derecha, este gozaba de su propia oficina, sin embargo no se dirigia a esta.
Leonardo había sido citado por Antonio, el presidente de la empresa, tenía algo muy importante que comunicarle y después de que esté no se presentara el día anterior a la firma de los contratos con los clientes “chinos”, lo hacía sentir incómodo, pensaba que se tenía que preparar para una llamada de atención muy enérgica.
La empresa “PubliCorps"era una empresa publicitaria, que se encargaba, entre otras cosas, de mejorar la imagen pública de actores, actrices y de figuras políticas que aspiraban a algún cargo importante. La empresa en pocas palabras se encargaba de mejorar la imagen pública con un objetivo en específico.
Ganar el senado, ganar premios internacionales de actuación o limpiar la imagen de cualquiera que se encontrara en el fango.
El vicepresidente de “Publicorp” había pedido un vaso con agua esperando reunirse con Antonio, el presidente de la compañía.
Leonardo Anders era el vicepresidente de “PubliCorps” y aunque aún era muy joven, su trabajo era impecable, de cierto modo, Leonardo era la carta de presentación para la firma, pues muchos de los clientes buscaban con especial atención que Leonardo fuera quien estuviera al mando de sus proyectos.
—El presidente lo espera —dijo la secretaria de Antonio, con cierto coqueteo hacia Leonardo.
Este se levantó de la pequeña sala de espera, apretando los labios, incómodo por las insinuaciones de la secretaria que realmente, no era, del agrado de Leonardo.
Entró a la oficina de Antonio, con pasos lentos, pero firmes.
—Odio que me hagas esperar como si fuera cualquier empleado —dijo Leonardo, con una mirada de ironía esbozando media sonrisa.
—Hermanito, se muy bien que odias que te haga esperar es por eso que lo hago —dijo Antonio, lanzado una pelota antiestrés hacia arriba para después atraparla.
Antonio Anders, no solo era el presidente de la compañía, también era el hermano de Leonardo, sus padres le habían dejado una gran fortuna, y Antonio, había invertido gran capital en la compañía, haciendo crecer aún más la fortuna de los Anders.
Leonardo tenía casi quince años de diferencia en comparación a la edad de su hermano, y prácticamente desde que Leonardo había cumplido la mayoría de edad, Antonio se había convertido en su ejemplo y su figura paterna.
Este era un hombre igual de atractivo que Leonardo, su cabello tenía cierto toque blanco en la sienes, y gozaba de un cuerpo musculoso, al igual que Leonardo, su sonrisa y su mirada eran suficientes para cautivar a cualquier mujer, aunque para Antonio eso no era importante.
—¿Por qué me llamaste con urgencia? —cuestionó Leonardo —mientras se sentaba frente a Antonio.
—Tenemos un cliente muy especial, y quiero que tú te encargues personalmente —¿yo? —replicó Leonardo de inmediato.
—Lo sé, y antes de que digas cualquier cosa, dejame que te explique —indicó Antonio ante la actitud de Leonardo.
—¿Recuerdas si alguna vez hemos tenido como clientes a la realeza? —No. —respondió Leonardo.
—Pues está es nuestra oportunidad —dijo Antonio con una sonrisa, Leonardo lo miró con cierta incertidumbre sin saber que se traía entre manos.
Antonio le entregó todo un portafolio con información de la familia San Demetrio, en aquella carpeta estaban fotografías de La Duquesa Carlota San Demetrio, el Príncipe exiliado Carlos San Demetrio, y la fotografía de la pequeña hija de los San Demetrio, Julieta San Demetrio.
Leonardo miró una a una las fotografías y los informes que aquella familia real les había enviado a través de un contacto en Londres.
Leonardo abrió los ojos pues la idea le resultaba interesante, para él, la publicidad era algo que generalmente hacía. Solo si se trataba de casos especiales, que le dejarían mucho dinero a la compañía. Y parecía que esté era uno de esos casos.
Leonardo tomó las carpetas y salió de la oficina de Antonio, le dijo que volvería a su departamento para estudiar todo lo que fuera necesario antes de tomar una decisión, Leonardo no era un hombre al que le gustará estar en su oficina por mucho tiempo, como un alma libre él siempre trabajaba donde quería y con sus propios métodos.
Se encerró en su departamento, estudió con mucho detalle, sin embargo algo que le parecía inquietante era la fotografía de la Duquesa Julieta. Pues en el título del proyecto, figuraban las palabras “Publicidad para conseguir un Esposo”, pero la fotografía de Julieta era la de una mujer muy joven de alrededor de los quince años.
Leonardo no quiso adelantarse y comenzó a investigar sin embargo en la red no había mucho material. Y esa era la razón por la cual la casa San Demetrio había contratado a “PubliCorps” deseaban aparecer en el ojo público, para que la Duquesa Julieta San Demetrio, estuviera vigente.
Un par de días después Leonardo se reunió con su hermano y le dijo que aceptaba el proyecto, omitió decirle que le intrigaba saber, ¿por qué querían conseguir un esposo para una mujer tan joven? y sobre todo, quería pasar tiempo en Londres.
Está vez Leonardo esperaba a que Antonio fuera a su oficina.
—Las inglesas me esperan —dijo Leonardo con una mueca de lujuria. Mientras levantaba una ceja, Antonio abría la puerta de su oficina.
Antonio sólo sonrió, al saber que su hermano había aceptado viajar a Londres. Le dió una palmada en el hombro y ambos brindaron con whisky. Leonardo apretaba los labios pensando en todas las aventuras que tendría en aquel país.
Antonio le mencionó a Leonardo que tenía que salir con urgencia, pero que estaría en contacto con él en todo momento, le pidió que le avisará cuando se encontrará en Londres, y le dijo que reuniera un buen equipo, le dijo también que no hacía falta recordarle, lo importante de ese proyecto y el prestigio que ganarían si todo salía como esperaban.
—Tu ve tranquilo, con aquel romance clandestino que tienes —dijo Leonardo, con una sonrisa irónica, Antonio torció los ojos apretando los labios.
—No tengo ningún romance —agregó Antonio y Leonardo solo sonrió, mientras miraba por centésima vez la foto de la joven Julieta San Demetrio.
—Que tengas buen viaje hermanito —dijo Antonio con ironía, mientras salía de la oficina.
—¿Por qué tus padres quieren casar a una pequeña como tú? —se cuestionó así mismo mientras observaba la espectacular vista desde su oficina.