Veo que el pecho de mamá se inflama por una bocanada de aire. —Lo estás deseando, nena, ¿por qué eres tan necia? Entre más te opongas a negar tu verdadera naturaleza, más nos costará adaptarnos a lo que eres. —¿Mi verdadera naturaleza? Yo no tengo doble naturaleza. Mamá parece enfadada y a la vez ansiosa por algo. —Claro que sí, mi vida. Antes de venir siempre eres de naturaleza pudorosa y decente, bien vestida, una madre buena y una abnegada esposa. Pero es llegar aquí, conmigo, para que te despojes de toda tu clase, integridad y valores. Y entonces ya no eres una buena esposa y una buena madre, sino una perfecta zorra y una perfecta amante. Mamá reacciona con su hermoso cuerpo sacudiéndose. —¡Vete al puto coño! —responde enfadada. —¿Lo ves, Sugeyita? Ahora ya hasta dices obscenida

