-Mía, ¿Podemos hablar? - Preguntó agitado, parecía que acababa de escaparse del entrenamiento
Mía estaba un poco apurada, -Tengo que ir al trabajo y tú estás entrenado, si quieres mañana…
-Te acompaño, puedo saltarme el calentamiento- Marcos sonrió, esa sonrisa que trae muerta a muchas estudiantes de esta escuela, jamás me importo él o su forma de ser, pero hoy era un día diferente, hoy Marcos me parecía especialmente irritante, Mía solo sonrió y asintió, ambos cruzaron juntos esa puerta y al salir Julieta entro hecha una fiera
-¿¡Los vieron!?, Marcos debería estar entrenando, no con ella- Se sentó a mi lado y arrojó los libros sobre la mesa
-Cálmate- Leila se acercó a mi, -Muévete- Me levanté y me senté a un lado de Alan, ambos nos miramos, supongo que las mujeres son seres extraños, -Ver a Julieta era más que suficiente.
-¿Qué tiene ella que yo no tenga?, Marcos no deja de verla en las clases, pospone sus entrenamientos por ella y yo ¿¡Que!?.
-¡Shhh!- Escuchamos a la bibliotecaria furiosa, la miramos y ella punto a un cartel que decía “No levantar la vos”
-Julieta cálmate- Dijo Alan
-Ustedes son hombres, no lo entenderían-Nos dijo a punto de llorar
-Gracias por notarlo, creí que tendría que comenzar a usar vestido- Contesté en forma sarcástica
-Te verías tan sexy con ese vestido- Dijo Alan, ambos reímos hasta que Julieta volvió a llamar nuestra atención
-No idiotas, díganme, ¿Por qué Marcos no se fija en mi?- Ambos desviamos la mirada, -Seamos honestos ella es pobre, antisocial, usa la misma asquerosa ropa de siempre y ni siquiera apoya a Marcos en su deporte favorito, el una ¡egoísta!- No dije nada, pero cada palabra me irritó, cada comentario que tenía sobre Mía hacia que mis dientes rechinaras más y apretara mis manos al grado de sentir dolor
-No entiendo que intentas decir- Dijo Alan desviando la mirada
-No digas esas cosas julia- Leila suspiró, -¿Ya lo invitaste a salir?- Preguntó Leila
-Si, pero siempre me dice que tiene entrenamiento.
-Sabes, puedes aprovechar el día de San Valentín y confesarte- Leila sonrió -Puede que yo también espere una confesión ese día- Miró de reojo a Alan, él se avergonzó bastante y yo me sentí incómodo, éramos cuatro personas en aquella mesa, dos de ellos sentían lo mismo, una lloraba por no ser correspondida y yo que estaba confundido
-¿Y si me rechaza?, No se si podría con eso- Julieta se recostó en el hombro de Leila
-Pero si te confiesas podrás aclarar tu mente, si te acepta sabrás que le gustas y si te rechaza entonces no le gustas, ciencia simple- Dijo Alan, tal vez fue un poco frío, pero Julieta lleva años enamorada de él y jamás entendió que Marcos nunca mostró interés en ella.
-Quiero estar con él- Julita comenzó a llorar, -Ayúdenme.
-No pienso entrar en eso, hacer lo que sea para que alguien te quiera es peligroso- Dije juntando las copias que me dejo Mía, solo quería irme antes de decir algo malo, -No creo que sea…
-Se que te gusta Mía- Dijo Julieta, me dejó sin palabras, solo la mire y sonreí
-¿Enserio recurres a esto por ayuda?- Me molesto que lo hiciera
-Ayúdenme, tu tendrás a Mía y yo a Marcos, es simple- Julieta me miraba directamente
-Julieta, no está bien hacerlo- Dijo Leila, pero no importaba cuánto insistiera, ella estaba decidida a alejar a uno del otro
-Tienes que entender- Julia me miró directamente, -Si Marcos se acerca mucho a Mía, el podría tener problemas, ella es acosada y su familia tiene mala reputación, el podría terminar igual.
-Eres asquerosa- Fue lo único que dije, guarde las copias que me dejó Mía y me fui de aquella biblioteca, camine hasta el trabajo de mi padre, en el camino podía ver las decoraciones de San Valentín, me detuve en uno que tenía una pequeña caja con chocolates, fruncí ceño y seguí caminando hasta llegar a la estación de policías, -Hola.
-¿Erick?- Mi padre me miró confundido, -¿Qué…
-Quería estar aquí, estoy aburrido en casa, además tengo un trabajo y quería pedir tu ayuda.
-¡Si!, te ayudaré con lo que quieras- Mi padre siempre se emociona cuando pido su ayuda, desde que mamá falleció él se ha enfocado mucho en mi.
-Es sobre los asesinatos a inicios de este pueblo, quería saber si tú sabes algo.
-Puedes que tengamos algunos archivos, este pueblo solía ser bastante raro- Fue al depósito y trajo una caja llena de polvo, -Los archivos deben estar aquí- Mi padre sonrió
-Casi lo olvido, Mía te agradece por el gas pimienta.
-Sabes, pensé en invitarla a nuestro fin de semana en el lago- Dijo mi padre con una sonrisa un poco extraña, parecía estar recordando mientras me hablaba de la cabaña en el lago
-¿Invitarla?- Lo miré sorprendido
-A ella y tus amigos, si quieres, le falta vida a la pequeña cabaña que tenemos allí.
-Si te parece bien, se los preguntare- Miré a un lado, -Mía te invita el café hoy.
-¿Qué dijiste?
-Como agradecimiento por el gas pimienta, ella quiere pagártelo así, le dije que estaba bien- Mi padre me miró, pero solo sonrió, parecía saber que es lo que yo realmente quería.
-Bien, supongo que tendrás que acompañarla para asegurarte de que ella esté bien- Mi padre dejo sobre la mesa una picana eléctrica, -Solo es precaución, no quiero que les pase algo.
-No creo que sucede algo, pero- Tomé la picana eléctrica, -Después de aquella noche no estoy muy seguro- Por una horas estuvimos tranquilos, revise los archivos y separe algunas cosas de interés para Mía, hasta que escuche la puerta abrirse, era Mía en sus manos había una bandeja de cartón con tres vasos de café y dos bolsas de papel en su mano, -¡Hola!- Había levantado la vos sin pensarlo, ella me miró sorprendida y solo sonrió
-Sabía que estarías aquí- Mía dejo las cosas sobre el escritorio
-¿Ha si?
-Si, dijiste que buscarías la información para el trabajo.
-Si, si, eso hago.
-¡Si!, claro que sí- Mi padre le sonrió a Mía
-Esto es para usted- Le entregó el baso con su maravillosa crema extra, camino hacia Carlos y también le entrego uno, dejo sobre el escritorio la bolsa de papel con facturas, -Espera que lo disfruten- Ella me miró y caminó hacia mi, dejo un vaso de café n***o y una bolsa de papel, -Gracias por esto, se que buscar en esos archivos viejos debe ser agotador.
-¿Qué haces?- Miraba aquel baso de café sobre el escritorio aquel baso tenía un enorme gracias escrito en el
-Esto es para ti, solo creo que tal vez…
-No tenías que hacerlo- Me sentía extraño, bien y al mismo tiempo mal, que ella tuviera ese tipo de detalle conmigo fue dulce, pero luego la forma en la que me miró, fue como si esperara algo de mi, algo que no podría darle, -No lo quiero, gracias- Le devolví el vaso y la bolsa, sonreí y espere que ella entendiera, pero ella se quedó mirando, al menos unos segundos lo hizo, tal vez creyó que era un chiste, pero luego entendió que no fue así, ella tomó el baso y la bolsa, se despidió de Carlos y mi padre y se fue por la puerta
-¿Qué acaba de pasar?- preguntó Carlos
-No lo se- Mi padre me miró, -¿Ella no te agrada?
-No quiero que malinterprete nada, somos compañeros, así que…
-¿Malinterpretar?, niño no te ofendas, pero el que lo malinterpreto fuiste tú, ella solo te agradeció por hacer el trabajo, no fue más allá de eso- Carlos le dio un sorbo a su café, -Los niños de hoy en día son muy lentos- Luego sonrió, -Que buen café- Sentí una palmada en mi espalda, miré y era mi padre
-Los hombres no somos muy buenos leyendo a las mujeres, cuando creemos que todo está bien, en realidad todo está mal, sus indirectas a nosotros básicamente son invisibles ante nuestros ojos y cuando creemos ver algo en realidad eso no está allí.
-¿Qué?- Miré extrañado a mi padre, -No entiendo.
-Hablo de que creíste que Mía estaba interesada en ti, pero en realidad solo te agradeció, te asustaste y la alejaste- Él sonrió, -Creo que te asusta que alguien se vuelva tan importante para ti, después de lo de tu madre tú no volviste a conocer personas y te volviste más frío, como si no quisieras volver a sentir una perdida- Esas palabras fueron tan exactas, mi padre podía comprenderme, tal vez porque el se sentía igual, -Tienen que aceptar que las personas van y vienen, es natural, pero no puedes seguir cerrándole la puerta a todo el mundo, Mía está esperando que abras tu puerta, pero sigues así, ella se irá- Di un paso atrás y miré a Carlos, él solo susurró:
-Hazlo- Luego sonrió, solo me dirigí a la puerta y una vez que la abrí, yo estaba corriendo por aquellas calles buscándola, estaba seguro que la encontraría, ella no podía ir tan lejos, no había pasado tanto tiempo, fue entonces cuando la vi caminando sola, -¡Mía!- Grite sin pensar, había llegado hasta ella, -Mía- intentaba respirar y hablar al mismo tiempo