-¡Erick!- Corrió hacia mi y me abrazó
-¿Papá?
-Lo siento, es que recibí informes de los pueblos vecinos y nos notificaron la desaparición de una estudiante.
-¿Y te preocupaste porque?
-Hijo, podrían secuestrarte.
-Papá, el pueblo vecino está a veinticuatro kilómetros, si me secuestraran, cosa que no sucederá porque siempre estoy acompañado, claramente gritaría o lucharía, además si desaparezco todos los sabrían y el sujeto no podría huir de aquí, todos nos conocemos y un extraño llama demasiado la atención, si logra salir de este pueblo aun estaríamos en carretera, porque no hay nada cerca, así que cálmate.
-Bueno, tienes conocimiento en defensa personal y traje varias armas de defensa.
-Gas pimienta, manopla de acero, una alarma persona y…- Permanecí en silencio por un momento, -¿Una maldita navaja?, ¿Estás loco?, si me ven con esto, seré yo quien esté preso.
-Te sacaré y no tendrás antecedentes- Él solo sonrió
-Claro, usaré todo excepto por la navaja.
-Pero es importante.
Tome la bajaba, una cinta y la pegue debajo de la mesa, -Si alguien entra a la fuerza, sabré que la navaja está debajo de la mesa, ¿Contento?
-Está bien, pero Erick, hablo enserió, presta atención al menos por estos días, no te distraigas, el secuestro de aquel estudiante alarmó a todo el pueblo.
-Si papá- Parecía más preocupado de lo normal
-¿Golpeaste a los idiotas?
-No, lo olvidé, pero si estoy cerca de ella no la molestaran como antes.
-¿Entonces estás cerca de la chica?, ¿Puedo saber quién es?
-No se si la conoces.
-Soy el oficial de este pueblo, conozco a todos.
Lo miré por un momento, tal vez él sepa algo de su familia, -Es Mía Díaz.
-La hija de Charlotte y hermana de Liam.
-¿Los conoces?
-Liam es el mecánico, reparó varias veces la patrulla y Charlotte fue la enfermera que atendió a tu madre en el hospital, claro que los conozco, recuerdo a la pequeña Mía, siempre esperaba a su madre en los turnos nocturnos con su hermano, ¿Es a ella a quien acosan?
-Si, un par de idiotas.
-Sera mejor que tú los pares, si su hermano se entera no se si esos chicos salgan vivos.
-¿Su hermano mayor?
-Liam, es muy sobreprotector, pero es un buen chico, me alegra que seas amigo de Mía.
Solo sonreí, -Iré a dormir.
-Descansa hijo.
-Adiós- Aquella noche me recosté en mi cama y solo pensé, ¿Cómo era posible que todos conocieran a Mía y su familia, excepto por mi?, pero luego recordé que la enfermedad de mi madre empeoró al mismo tiempo que ellos se mudaron al pueblo y por un tiempo, nada existió para mí, me dormí pensando en las posibilidades de haberla conocido en el hospital o al menos hablarle en la escuela, pero cuando mi madre falleció solo deje que las personas más cercanas a mi existieran y le cerré la puerta todos los de afuera, ahora solo me queda conocerla.
Al día siguiente teníamos deporte después de la clase de biología, el equipo de fútbol jugaría con la escuela del pueblo vecino, Marcos es nuestro jugador estrella así que la escuela espera que al menos él se luzca.
-¡Sorpresa imbécil!- Alan me abrazo por detrás
-¿No deberías hacerle esto a Leila?- Pregunté mientras miraba que asientos que estaban vacíos
-Estoy reuniendo valor para invitarla en San Valentín, ¿Crees que sea buena idea chocolates y una tarjeta?
-No se, dale la tarjeta primero y los chocolates después, aunque no se la diferencia- Vi a Mía sentada sola en los últimos asientos, ella me miró y me hizo una señal para que me sentará a su lado.
-Espera- Alan me tomó del brazo, -Mira- Eran Gustavo y Alex, estaban entrado de nuevo a la escuela y Gustavo tenía un balde, -Se supone que todos debemos estar afuera, ¿Quieres espiarlos?
Me pareció más entretenido ver qué estaba haciendo esos idiotas, -Vamos- Recuerdo que cuando la volví a ver antes de irme, su sonrisa desapareció, como si esperara que fuera a sentarme a su lado, por un momento me peso haberla dejado, ni siquiera conteste su saludo, cuando volvimos a la escuela escuchamos un pequeño alboroto
-¡Te dije que no lo hicieras!- Gritó Alex
-No es nada, solo se mojo un poco, ¿Por qué actúas así?, ¿Qué te pasa? - Una vez que Gustavo dijo eso Alex dejó de hablar y simplemente salieron del salón y nos vieron, pero simplemente avanzaron, entramos al aula solo para ver qué el agua de aquel balde la habían descargado dentro de la mochila de Mía
-Hijos de perra- Alan estaba furioso, yo solo corrí hasta su mochila intentando salvar algo, Alan tomo el balde y yo la mochila para cargar el agua de la mochila de nuevo en el balde
-¿Qué hacen?- Ambos miramos la puerta, era el profesor
-No es lo que creé- Dijo Alan
-¿Entonces que es?- Preguntó el profesor, estaba furioso, nos tomo a ambos del brazo y nos llevo dirección, -Se quedarán aquí y esperarán a sus padres.
-Profesor…
-¡Cállate Alan!, lo que hicieron…- Sólo suspiro, -Hablaré con Mia- La espera pareció una eternidad, mi padre y el padre de Alan hablaron con la directora y el profesor, cuando volvimos a clases las cosas de Mía no estaba y ella tampoco, cuando volví a casa le expliqué a mi padre lo que había sucedido y me creyó, lleve un bloc de hojas, una carpeta nueva y otras cosas más para Mía, la espere en mi pupitre, pero cuando entro al aula se sentó lejos de mi y sola, Alan me miró de lejos, él también había traído varias cosas para que reponga lo que perdió, ni siquiera me miró, espere el receso, pero ella se fue primero, esperamos a que Leila hablara con ella
-Ella está enojada y no quiere hablar con ustedes- Leila nos devolvió las cosas, -Tampoco quiere aceptar esto.
-¿Pero le dijiste que no lo hicimos?- La miré esperando que me dijera que si, pero simplemente no contesto
-¿No nos crees?- Alan parecía estar destrozado
-Chicos se que no lo harían, pero el profesor dice que los vio y no se a quien creerle, lo siento- Ella volvió al aula, deje la bolsa debajo del pupitre de Mía, pero en el segundo receso ella lo dejo en mi silla, era la primera en salir del aula, por tres días no logré ningún proceso con ella, pero la persona que más tiempo pasaba con ella era Marcos, así que decidí acercarme a él
-Marcos- Lo llame y creí que obtendría una respuesta hostil de su parte, pero fue lo contrario
-¿Qué sucede?- Preguntó mirándome serio
-Yo no lo hice y Alan tampoco, solo quiero que ella lo sepa.
-Escucha, te creo, yo te creo todos los hacemos, crecimos juntos y se como eres, pero Mía no, la molestaron tanto que no confía en nadie y quiero que tenga amigos así que te ayudaré, solo esfuérzate más.
-Lo are- Marcos espero al receso y le pidió a Mía que lo esperara, él iría a buscar algo en ese momento fui con ella, -Mía- Ella se levantó rápidamente, pero tome su mano, -Por favor escúchame, Alan y yo no fuimos, fueron Alex y Gustavo, intentamos arreglar lo que hicieron, pero el profesor llegó y creyó que fuimos nosotros, ni siquiera nos dejó explicarlo, jamás te haríamos algo así, por favor créeme- Ella me miró solo un momento
-Te creo, solo dame tiempo- Aunque pidiera tiempo, yo sonreí
-Si, tomate el tiempo que quieras.
-¿Puedo irme?
-¿Qué?- Ella miró su mano y note que no la había soltado, -Si, lo siento- Volví a sonreír y al otro día la espere en mi pupitre, pero ella siguió sentándose lejos, espere al receso para hablar, -Mía- Solo me miró, -¿No volverás a sentarte conmigo?
-No, lo siento.
-Entiendo- Me levanté y volví a mi lugar, dos días y Mía ni siquiera me miraba, saludaba a Marcos, Leila, Luis, hasta a Julieta quien no contestaba sus saludos, excepto a mi y Alan, me sentía rechazado, pero aún teníamos que hacer el trabajo de historia juntos, -Mía, ¿Cómo aremos el trabajo?
-Si quieres, yo lo are.
-Debemos hacerlo juntos.
-Hoy no puedo y mañana será difícil.
-Tomate el tiempo que quieras, falta un poco para hacerlo, yo estaré disponible cuando tú lo estés- Ella sonrió y asintió, luego se fue, -Eso fue un progreso- Esa tarde fui a mi casa a buscar un par de documentos que me pidió mi padre, -Aquí está todo- Se lo deje sobre el escritorio, -Me iré a casa y…
-Quédate, pasamos muy poco tiempo juntos- Quería irme, pero me miró como si este fuera un momento de padre he hijo
-Claro, ¿Quieres que haga algo?
-Puedes revisar estos documentos conmigo, eran homicidios que no se habían resuelto, había pasado unas tres horas y ya había anochecido, fue una noche muy tranquila
-¿Cómo te fue con tu reconciliación con Mía?
Suspiré, -Me cuesta acercarme a ella, Marcos me dijo que la molestaron mucho así que le cuesta confiar en las personas.
-Ya veo- Miró la hora, -¿Tienes hambre?
-No realmente.
-Yo si tengo, hay un café que vende comida muy rica, encargaré algo y la repartidora es muy bonita, tal vez ella alivie tu corazón roto- Dijo mi padre en todo de burla
-Cállate- Solo reí, había pasado media hora, mi padre parecía entusiasmado y eso era raro en él, escuché la puerta abrirse, aunque no estaba interesado en ver quien era, aquella vos tomo toda mi atención en un segundo
-¡Mía!, a tiempo como siempre.
-¿Mía?- Ella está aquí, con la remera del café a un par de cuadras de la estación, una gorra, su cabello castaño atado, un delantal pequeño atado a su cintura, bolsa de papel con el cello del café y un vaso de café grande.
-Señor Gómez, aquí está su pedido.
Él miró la bolsa, tenía facturas, pero parecía buscar algo más, saco una pequeña cápsula de crema, -Supongo que el baso grande solo trae una cápsula.
-Señor, sabes las reglas- Dijo Mía, mirándolo, luego sonrió de una forma un poco maliciosa, extendió su mano, -Solo para usted- Le entregó otra cápsula de crema, mi padre sonrió de la misma forma
-Mía, eres la única a la que le dejaría pasar un delito- Su confianza y aquellos chistes, verlos me hizo preguntar, ¿Desde cuándo tienen este tipo de relación?, hasta que mi padre interrumpió mis pensamientos, -Mía, ¿Conoces a mi hijo?
Ella me miró y aquella sonrisa desapareció, -Si, es un compañero de clase.
¿Un compañero de clase?, aún debe estar enojada pensé -¿Nadie te acompaño?
-No, pero de igual forma en media hora termina mi turno y me iré a casa, gracias por su compra señor Gómez- Ella sonrío y se dirigió a la puerta
-¡Te acompaño!- Deje los documentos y me dirigí a su lado, -Enseguida vuelvo- Mi padre solo sonrió, lo dije por impulso, pero quería quitarme este peso de encima, no quería que ella me odiara, una vez que salimos de la estación, Mía me miró
-No tienes que acompañarme.
-Yo quiero algo del café, olvidé pedírselo a mi padre y aprovecharé para comprarlo.
-¿Qué quieres?
-¿Qué me recomiendas?
-¿Te gusta lo dulce?
-Prefiero lo salado.
-Café n***o y media luna salada con queso- Ella me miró con una sonrisa, -A menos que quieras comida, puedo recomendarte algo.
-El café y la media luna está bien- Habíamos llegado al café
-Bien, te lo envolverme para llevar y…
-Lo comeré aquí- Ella me miró, -Me senté en la mesa y espere, Mía fue a la cocina y me trajo todo
-¿Necesitas algo más?
-No, gracias- Ella volvió al trabajo, mientras tomaba el café la miraba sonreírle a los clientes, explicar las comidas, todos los clientes la llaman por su nombre y tal vez unos siete de ellos le hicieron el mismo chiste horrible, pero ella sonreía, como si fuera la primera vez que los escuchaba, el tiempo paso tan rápido que comenzaron a cerrar el lugar
-¿No le dijiste a tu padre que volverías?- Me dijo Mía mientras limpiaba la mesa
-Que atenta eres, pero dijiste que faltaba poco para que acabe tu turno así que te acompañaré a tu casa.
-Que atento eres, pero no lo necesito- Ella tomó la tasa y el plato, sonrió levemente y se fue a la cocina, después de aquel comentario, no pude evitar sonreír, salí del restauran y espere afuera, no quería que se me escapara. Mire a todas las personas que salían de aquel café, hasta que Mía salió, -¿Sabes que hora es?- Le pregunté al asustarla
-¡Erick!- Colocó la mano en su pecho, -Me asustaste.
-Son las una de la mañana, ¿A esta hora vuelves sola todas las noches?
Ella solo desvío la mirada, -Tienes que volver con tu padre, seguro está preocupado- Saco de su mochila una linterna
-¿Una linterna?
-La calle a mi casa es oscura, no hay luz y no suele verse nada, por eso mi madre, hermano y yo siempre tenemos linternas- Ella sonrió levemente, -Vuelve con tu padre, de seguro está esperándote.
-Mía, no quiero que te sientas incomoda, solo quiero que llegues bien, es todo- Ella siguió el camino de tierra hasta el maizal del señor José, después de pasar por aquel cultivo, ella podría llegar a su casa
Me miró y sonrió, -Desde aquí estaré bien.
-¿Tu madre o hermano te esperaran fuera de tu casa?
Mío desvío la mirada, -Están trabajando, pero no pasa nada, mi casa está a unos treinta metros.
-Mía…- Ambos escuchamos varios ruidos cerca de nosotros, como si alguien caminara dentro del maizal, al principio creí que podría ser un animal, pero comenzamos a escuchar como si arrastrara algo y las hojas secas lo delataran, -¿Alguien más vive por aquí?- Pregunté aterrado pero Mía negó con la cabeza, seguíamos caminado y aún podíamos escuchar los crujidos de las hojas por más débiles que fueran pero en el momento en el que dejamos de caminar, aquel ruido también se detuvo en ese momento mire a Mía y note que no podía moverse, tomé con fuerza su mano y comencé a correr
-¿A dónde vamos?- Preguntó Mía mientras corría de la mano conmigo
-Con mi padre- A medida que avanzaba por las calles podía ver los folletos con la cara de la joven desaparecida, ¿Cuándo los habían colocado?, ¿Pasaron tres días y aún no aparece?, solo quería creer que escapó a una fiesta o con algún chico que le gustaba mucho, no quería creer que un enfermo estaba secuestrado jóvenes ni saber que hacía con ellos, pero algo de aquella joven llamó mi atención y eran los sutiles rasgos que concordaban con Mía, habíamos llegado a la estación
-Volviste- Ambos estábamos agitados y mi padre se preocupó, corrió hacia nosotros, -¿Qué sucedió?
-Había algo en el maizal del señor José- Abrí un poco la puerta para ver si nos había seguido
-¿En el maizal?, ¡Carlos!- Mi padre llamo a su compañero
-¿Qué sucede?- Preguntó Carlos
-En el maizal del señor José hay alguien, mi hijo escucho algo, tenemos que revisar.
-Podrías ser un animal.
-¡También una persona!- Tomó su arma, -Es solo por precaución, Mía vive cerca de ese maizal.
-Bien- Carlos tomó su arma, -Iremos a revisar, quédense aquí adentro hasta que volvamos, cuida a tu novia Erick- Dijo Carlos
-Ella no…- Pero se habían ido, -No importa- Miré a Mía, -¿Estás bien?