LUKE
—Es la cuarta vez que suena esa maldita cosa. Contesta o apágala —gruñe Owen, cuando mi teléfono vuelve a sonar. Sólo que no quiero contestar, es Melanie, pero tampoco puedo apagarlo. Andy me escribirá cuando ella y Santi estén listos.
—¿Quién demonios es? Tú nunca dejas de tomar una llamada y tampoco le das el número a quien no quieres que te llame. —Como respuesta para Adrián, me encojo de hombros. Shane, quién ha estado observándome con cuidado responde por mí.
—Es Melanie.
Ante la mención del nombre de mi ex, todos en la sala me miran acusadoramente. Owen es el primero en hablar después de unos minutos.
—¿Le diste tu número? ¿Estás hablando con ella nuevamente? —brama y patea un cojín de su lado—. No puedo jodidamente creer que estés hablando con esa perra nuevamente. ¿Acaso olvidaste lo que nos hizo?
—No. No lo he olvidado. Pero eso fue en el pasado, éramos niños.
—Oh si claro. La excusa perfecta "Éramos niños". Ella no se creía una niña cuando se aprovechó de mi condición y metió mi polla en su coño.
—Owen —advierto.
—¿Por qué te está llamando, Luke? ¿Andy sabe que estás en contacto con ella? —La pregunta de Alex es inocente pero da pie a que Owen me mire con mayor ferocidad y Shane niegue con su cabeza.
—No, no lo sabe. Melanie es una vieja amiga. Y creo que puedo tener amigas.
—¿Vieja amiga? —exclama con disgusto mi mejor amigo—. Esa bruja no es una vieja amiga y lo sabes. Y después de lo que le hiciste a Andy cuando su magia negra te encantó y te hizo ignorar a la mujer de tu vida. No creo que ella esté muy contenta de saber que lleva llamándote casi toda la tarde.
—No es así...
—¿Entonces cómo es? —Por fin Shane se decide hablar.
—Ella ya no es la misma, sí. Está en la ciudad con su mamá. Tiene cáncer. Está sola, su padre falleció hace cinco años.
—Lo siento por los padres, no por ella —gruñe Owen y colma mi paciencia.
—¡No seas un jodido imbécil!
—Yo no soy el que está siendo un imbécil, aunque si me están jodiendo y bien jodido.
—Cállate.
—No entiendo.
—¿Qué no entiendes, Adrián?
—Por qué ella está buscándote. Es decir, yo en sus zapatos, después de haber hecho la cagada que ella hizo, jamás volvería a intentar cruzarme con mi ex.
—Exacto —acuerda Alex—. Lo mismo pienso yo. A no ser que no me corra sangre en el rostro. Hombre, lo que ella hizo fue... sí. Si eso me pasa a mí, mandaría a vetarla de por vida.
—Ella estaba arrepentida, y todavía lo está. Se dejó envenenar y tú lo sabes Owen.
—Lo único que yo sé, es que si Andy se entera, vas a estar en problemas y si no haces algo al respecto; esa mujer será una piedra en tu zapato.
—Sólo quiere recuperar a sus viejos amigos. Sabes lo unidos que éramos Owen, está sola.
—Pues que se una a f*******: o a Twitter. Y deja de dar excusas por ella. Si ya terminamos aquí me largo.
—Espera —llama Archer antes de que desaparezca—. Recuerden que deben estar aquí en tres semanas. Empezaremos la gira nacional. Disfruten sus vacaciones.
—No dudes de ello —responde y se va.
El resto de mis amigos sigue mirándome con reproche. No entiendo como pueden ser tan insensibles, siendo artistas y todo. Sí, Meli se equivocó y sí, no está claro porque regresó, excepto por la condición de su madre. Pero tampoco puedo ser desagradecido con ella, sin su ayuda, hoy no seriamos lo que somos y bueno, compartí muchas cosas con ella; antes que mi novia fue mi amiga y ahora ella necesita un apoyo. No voy a negárselo.
Tomando el teléfono mientras entro en mi auto, marco su número. Responde al segundo timbre.
—Hola Lucas. Lo siento si interrumpía algo.
—No te preocupes. Estaba en una reunión por eso no vi las llamadas.
—Oh. Bueno, si sigues ocupado no te molesto más.
—No —respondo rápidamente antes de que cuelgue—. Ya he salido. ¿Dime que necesitas?
—Oh. Sólo quería hablar con alguien. Mamá tuvo quimio hoy y ha estado un poco mal. Estar aquí encerrada es... —suspira y me siento un poco triste por ella—. Sé que ella extraña a papá y quiere estar con él, pero aun decide luchar por mí. No es fácil verla como lucha por vivir.
—Lo siento mucho Meli, tu madre no merece esto. Es la persona más noble que conocí.
—Lo sé. —Su voz se entrecorta—. Si pudiera cambiar de lugar lo haría. Ella es mucho mejor persona que yo.
—No digas eso, Mel. Tú también lo eres.
—He cometido demasiados errores, Lucas. Mi madre es una santa y yo sólo tengo que seguir viéndola consumirse. Es... a veces siento que no puedo. Yo sólo... no sé.
Se escucha tan sola y triste. Reviso la hora y aún falta un par para que Santi haya salido de estudiar.
—¿Dónde estás?
—Estoy en casa.
—Bien. Dame tu dirección y alístate, vamos a comer un helado para subirte el ánimo.
—¿En serio?
—Estoy hablando en serio.
—Muchas gracias. Sigues siendo un gran amigo. —Me da su dirección y la anoto en mi GPS.
—Estaré en quince minutos contigo.
Conduzco hacia la zona oriente y cada vez que veo el aspecto del lugar donde vive Meli, maldigo a los infiernos. Es horrible. Estoy a dos cuadras de su casa y todo lo que veo son basuras, grupos de pandillas y pobreza. Aprieto mi mandíbula cuando veo como un hombre arrastra a otro fuera de su sucio porche y se van a los golpes. ¿Qué mierda está haciendo Melanie aquí?
Cuando llego a la dirección que me dio, es aún peor. Primero, la puerta a medias del edificio, luego la horrible fachada y por ultimo; cuando bajo del auto y camino hacia la entrada, veo que hay una mujer dándole sexo oral a un hombre cerca del árbol y frente al apartamento del primer piso. Donde ella vive.
Paso por encima de unos escombros en el pasillo y camino hacia la puerta. Sólo espero que en estos minutos no estén desbalijando mi auto. Toco y unos segundos después la puerta es abierta por ella. Se ve increíble en su vestido blanco y flores. Tal como en la secundaria. Sonrío y saludo.
—Hola Meli. ¿Lista?
—Si —chilla y su emoción es contagiosa. Me da un beso en la mejilla y toma mi mano halándome a salir pronto del lugar. Al parecer, ella tampoco está muy a gusto aquí.
—Oye, ¿Dónde está el fuego?
—Oh. Lo siento. —Se sonroja y sonrío.
—No te preocupes. Vamos.
Cuando ve mi auto, sus ojos se abren un poco. Un hombre viejo la saluda con la mano. Corresponde y luego sube al asiento. Corro hacia el lado del conductor, preguntándome que hace alguien como ella aquí, quién es el tipo y como es que este lugar siquiera se sostiene.
—Es el señor Wilson. El casero. Es un buen hombre —responde a mi pregunta no formulada del anciano.
—Bien. —Arranco al auto y la llevo hacia al centro para comer algo.
—Es un buen vecindario. —Justo en ese momento pasamos por la casa del hombre anterior. Sigue pelando a puños con el otro, pero ahora hay dos mujeres en la misma situación. Me vuelvo hacia ella y levanto una ceja—. Está bien —Se sonroja—, no es lo mejor. Pero teniendo en cuenta todo el dinero que gasto en los medicamentos de mamá y las deudas que dejó papá... es lo que puedo permitirme. —Se encoje de hombros restándole importancia y eso me cabrea aún más.
—Si necesitas ayuda puedes pedirla, Meli. No te la voy a negar.
Sus ojos se humedecen y me parte el corazón. —Gracias. Aprecio mucho tu ayuda. No puedo creer que aun quieras verme después de lo que hice.
—Eso es pasado Meli, ya lo olvidé.
—Yo no. Fui una horrible persona. —Incomodo por sus palabras y por recordar el pasado me remuevo un poco en mi silla.
—Lo pasado pisado. —Eso es lo que dice Andy. Mierda, Andy.
Tengo que decirle que estoy con Meli, no quiero secretos entre nosotros. Le envío un mensaje, ya que no responde a su teléfono.
Yo: Nena, estoy en una heladería con Meli. No te enojes, no pasa nada. Yo te amo a ti. Te hago saber porque no tengo nada que ocultarte.
No responde inmediatamente y creo que tal vez sea porque está con la nariz metida en el computador escribiendo su novela. Nos sentamos en una mesa fuera de la vista del público —no quiero fotos mías en internet y que empiecen rumores— y pedimos nuestros helados.
Meli me actualiza sobre lo que ha hecho estos últimos años. Después de graduarse del colegio se fue para la costa y estudió licenciatura en preescolar, desempeñó su profesión por tres años hasta la muerte de su padre y ahora, con la enfermedad de su madre se ha dedicado a ella totalmente viviendo de la pensión de sobreviviente que dejó su padre; pero con tantas deudas, no es suficiente. Acaba de encontrar un trabajo como profesora suplente en la escuela prescolar de la comuna donde vive y por eso se ha mudado aquí. Estuvo a punto de casarse hace dos años, pero todo acabó y el prometido se marchó para Alemania.
Le cuento sobre mi vida, sobre lo que he hecho estos últimos años y sobre Andy. De lo que ella es para mí y cuanto la amo a ella y a Santi.
—Me alegro mucho por ti, Lucas. Te lo mereces.
—Gracias. ¿Nunca me dirás Luke, verdad? —Jamás, desde que nos conocemos me llamado Luke, para ella yo siempre he sido Lucas.
—No. Todos conocieron a Luke, pero yo conocí a Lucas. Ese chico tímido, inteligente y talentoso. Lucas, mi Lucas. —Me remuevo un poco por sus palabras y por las imágenes que vienen a mi mente de esa época. La historia entre ella y yo es... Demasiado.
—Si bueno, ya no soy ese mismo chico. Aunque sigo siendo bueno.
—Lo sé. —Pone su mano sobre la mía—. Tú nunca dejarás de ser ese noble y sencillo chico, dispuesto a ayudar a quien lo necesite. Es por eso que eres especial y único. Andrea es muy afortunada de tenerte...
Miro sus ojos tristes, sé que se arrepiente de lo que hizo. Pero eso ya pasó, ya está perdonada y no voy a negarle ni mi amistad ni mi ayuda a una persona que ha significado tanto en mi vida. No importa si no resultó como yo quería.
¿Se puede ser amigos de tus ex, no?
Eso espero.
ANDY
Porque dos corazones, uno de cartón y el otro de fuego no pueden amarse, uno de ellos sería consumido por el otro. Y a eso no podría llamarse amor. Sin embargo, mi terco y acartonado corazón grita... ¿Acaso no podríamos soportar su fuego?
Termino una página más del libro. Sólo cuatro capítulos más y listo. Sonrío a la pantalla y bebo lo último de mi café, reviso el reloj y corro. Voy cinco minutos tarde para recoger a Santi.
Bajo corriendo hasta la sala y tomo el bolso, el móvil que dejé cargando y las llaves. Conduzco como Paul Walker en Fast and Furius y llego en once minutos a la escuela.
—¡Hola! —saludo agitada a mi hijo y a la profesores Marie—. Lo siento, a ambos. Estaba terminando el capítulo del libro y...
—¿Ya lo terminaste?
—Hmm, quedan cerca de cuatro o cinco capítulos, Marie.
—¡Ohhh por Dios! Muero, muero.
—No te preocupes, falta poco. —Sonrío ante su entusiasmo—. ¿Cómo se comportó Santi hoy? —Me siento al lado de mi pequeño y beso sus mejillas. Ríe cuando le hago cosquillas.
—Muy bien. Es un increíble niño.
—Lo es. Bien vamos a casa entonces.
—¿Y Luke? —pegunta mientras caminamos al auto.
—Debe estar cerca. Vamos a llamarlo. —Tomo mi móvil y veo que hay un mensaje de Luke. Sonrío y me dispongo a leerlo.
La sonrisa muere cuando me doy cuenta de que trata el mensaje.
Está con Meli.
Y eso no me gusta nada, nada.
¿Acaso es equivoco pensar mal de una ex?
Por supuesto que no lo es. Esa perra...