Las gotas de agua cayeron sobre el agua de la tina, Keira con la mente nublada, las diminutas hondas esparciéndose era lo que llamaba su atención. Keira se movió, quiso suspirar pero se detuvo en cambio se quejó suavemente, sus piernas se encontraban maltratadas al igual que sus brazos y rostro, su cabello empapado caía a los lados, se encontraba lástimada, entristecida. Sus labios pálidos, resecos en una linea recta. —Se me hace tarde maldición.— Escucho aquella voz grave y ronca. Keira volvió a moverse soltando más quejidos bajos abrazándose así misma, pegando un poco sus piernas contra su pecho usando sus brazos para sostenelas, cuidando de no lastimar su vientre. —¿Donde están mis putas llaves?— Se quejó su esposo. Pudo escuchar como el pomo de la puerta giraba. —¿Sabes donde está

