Capítulo 2 - Coqueteo
Decidiendo no meterse en una discusión que a él no le incumbía de ninguna manera, Alex siguió su camino hacia su próxima clase. Justo antes de que el profesor entrara al aula para poder dar comienzo a la clase, la misteriosa y hermosa chica con la que la profesora Karol discutía en los pasillos, apareció por la puerta.
Las miradas de todos, tanto hombres como mujeres, se dirigieron de inmediato hacia ella. Parecía una modelo, cabello rubio, con un cuerpo esbelto, de 1,65 metros de altura, con algunas curvas, sutiles pero bien definidas y unos ojos color caramelo, que eran hipnóticos. A los hombres en el aula se les caía la baba; después de todo, era indiscutiblemente hermosa. Las mujeres, en cambio, la observaban con abierta curiosidad y recelo, pues su atractivo era tal que incluso aquellos que estaban con sus parejas al lado, no podían evitar mirarla con abierto deseo.
La joven escaneó la habitación con la mirada hasta encontrar un asiento vacío, cercano a la pizarra, el cual casualmente estaba justo al lado de Alex, a quien observo con atención rápidamente. Con una elegancia que parecía ensayada, ella caminó hasta allí, como si estuviera desfilando en una pasarela, dejando a todos los hombres un tanto sorprendidos y excitados, puesto que era muy candente y no hacía nada para disminuir lo que provocaba en ellos. Después de todo, ella era una ferviente admiradora de la idea de que observar y mostrar no hacía daño a nadie.
Al sentarse, ella levantó la vista hacia el costado en que estaba Alex, notando de inmediato que él la observaba detenidamente. De inmediato, le puso una sonrisa coqueta en sus labios. El hombre a su lado era toda una maravilla para los ojos, rubio, ojos azules, alto y sobre todo era extremadamente sexy, por lo que quiso rápidamente presentarse:
—Hola, guapo. Soy Lourdes. ¿Tú cómo te llamas?
Alex le devolvió la sonrisa de inmediato al escucharla hablar con él. Era más que obvio que ella se sintió atraída por él, nada más verlo, y ese hecho era algo que a él le gustaba. No había nada más interesante que ver lo que uno podía provocar en el otro, después de todo.
—Hola, preciosa. Soy Alex… ¿Eres nueva, verdad? —preguntó, pues hoy era la primera vez que la veía en la universidad y, mucho más aún, en esa clase que ahora parecía iban a compartir.
—Sí, es mi primer día aquí. Me trasladé de otra universidad—respondió ella, llevándose un mechón de su sedoso y largo cabello rubio detrás de la oreja con un gesto que pretendía ser tímido, aunque Alex pudo ver a través de ella con mucha claridad.
—¿Y por qué el cambio de universidad?
—Oh, bueno… Mi hermanastra consiguió empleo aquí como profesora suplente —contó ella, poniendo los ojos en blanco al hablar de su hermanastra—. Cuando la administración se enteró de nuestra relación y mis notas, le ofrecieron un cupo para mí. Se supone que todos los profesores tienen este beneficio de tener la oportunidad de que un pariente estudie aquí con una beca; siempre y cuando tenga buenas notas.
Al escucharla, Alex arqueó una ceja. No podía ser coincidencia que antes, ella discutiera con Karol en los pasillos como si se conocieran, y que ahora, su hermanastra sea una profesora suplente en esta universidad.
—¿Profesora suplente? ¿Te refieres a la profesora Karol? —preguntó queriendo confirmar si sus sospechas eran ciertas.
Lourdes asintió, pero su expresión se ensombreció por un instante. A pesar de su rápida recuperación, el disgusto en sus ojos no pasó desapercibido para Alex.
—Sí, ¿la conoces? —preguntó queriendo saber cómo era que se conocían ellos dos.
—Es suplente de mi profesora. O sea que, ahora, es mi profesora. Estuve en su clase más temprano —respondió él, omitiendo intencionalmente que las había visto juntas en el pasillo, discutiendo acaloradamente, aunque no se estuvieran gritando a la cara. Era más que evidente que ahí, no había amor de hermanas y él no se quería involucrar en eso.
—Ah, sí… Es una buena profesora. Tienes suerte de ser su alumno, sé que se esfuerza mucho en su trabajo.
En ese instante, Alex notó que, aunque Lourdes no parecía tenerle demasiado aprecio a su hermanastra, sí admiraba su dedicación y empeño como docente, estaba claro en su forma de expresarse de ella. Y eso, de alguna forma, le pareció interesante. Esta chica después de todo no parecía ser mala, ni mal intencionada; lo que le agradaba.
—Lo que no recuerdo es su apellido —comentó Alex, pues era verdad que no lo hacía y ahora quería saberlo. Era algo que necesitaba con todas sus fuerzas.
—Oh… Su apellido es Echegaray —dijo ella y aprovechó para decirle el suyo también—. Y el mío es Ocampo.
Al terminar de hablar, estiró la mano hacia él en forma de saludo, queriendo tocarlo, por un instante, aunque sea. Como todo un caballero, Alex sujetó su mano y la estrechó con suavidad mientras aprovechaba para hacer lo mismo.
—Morgan… Alex Morgan… —dijo guiñándole un ojo de la forma más sexy que ella había visto alguna vez.
Justo cuando terminó de hablar, el profesor de aquella clase entró al aula, haciendo que tanto Alex como Lourdes tuvieran que poner en pausa su conversación. Sin embargo, cuando la lección terminó, dos horas después, ambos continuaron charlando mientras se dirigían hacia la cafetería para almorzar. Aprovecharon el momento para conocerse más, charlando más íntimamente sobre sus vidas.
Fue durante esta conversación que Alex se enteró de que, tanto Karol como Lourdes, provenían de una familia humilde, que había hecho grandes sacrificios para darles las mejores oportunidades en la vida. Y aunque la relación entre ellas no era precisamente la más cercana, ni la mejor, Karol había tenido la generosidad de conseguirle a ella un lugar en la universidad donde iba a trabajar.
Además, se enteró de que Ignacio, el padre de Karol, se había casado con Roberta, la madre de Lourdes, hacía unos catorce años. Sin embargo, Karol no se mudó con ellos hasta que cumplió quince; antes de eso, vivía con su madre.
Lo que nadie sabía era que su vida en ese tiempo no había sido nada fácil. Pero como Lourdes desconocía por completo esa parte de su historia, jamás hizo el esfuerzo de llevarse bien con su hermanastra, y menos aún al notar que ella tampoco parecía interesada en hacerlo.
Un rato después, ya estando en la cafetería, Alex no pudo evitar notar cómo Lourdes se le insinuaba descaradamente, coqueteándole sin ningún filtro en cada oportunidad que tenía. Y él, como un completo tonto que pensaba más con otra parte de su cuerpo que con su cerebro, terminó sonriéndole y correspondiendo al coqueteo descarado de ella. Sin embargo, ni siquiera la belleza de Lourdes lograba borrar de su mente a la mujer que realmente lo traía vuelto loco desde hace unas horas, Karol, su profesora.
Como si la hubiera invocado al pensar en ella, en ese mismo instante, Alex, al levantar la cabeza, vio a la profesora entrar por la puerta de la cafetería. Su mirada recorrió rápidamente el lugar hasta posarse en la mesa donde él estaba. Su expresión cambió de inmediato cuando frunció el ceño al ver cómo Lourdes y él se tomaban de las manos, sin notar cómo Alex la observaba desde allí, percatándose de su cambio al instante.
Al verla así, Alex sintió un impulso inmediato de apartar la mano de Lourdes de la suya, no queriéndole dar una impresión equivocada a Karol. Le gustaba demasiado ella como para arruinar cualquier pequeña posibilidad que pudiera tener, solo por estar tonteando con su hermanastra. Él entendía perfectamente que, quizás, todo quedaría como una simple fantasía en su cabeza, sin posibilidad de volverse realidad. Aun así, no podía evitar pensar que, si ella llegaba a insinuarse de alguna manera, él no dudaría en avanzar.
Lourdes, sin notar la incomodidad de Alex ante la presencia de su hermanastra en la entrada de la cafetería, lo sujetó con más firmeza al verlo alejarse, atrayéndolo de vuelta hacia ella. Luego, con un aire coqueto, le pasó una mano por el cabello, acariciándolo con ternura y le sonrió como si estuviera completamente enamorada de él, a pesar de que apenas y se conocían desde hace unas dos horas.
Desde su posición, Karol observó la interacción con una punzada en el pecho que no podía explicar. No estaba segura de si lo que sentía eran celos o simplemente un poco de disgusto ante la repentina cercanía entre ellos. Hasta hace poco, Alex se había mostrado especialmente atento con ella, cosa que ella había notado y le había encantado. Ahora, aunque tenía claro que nunca haría nada con un alumno, no podía evitar sentir que él la estaba despreciando en este instante y lo que era peor aún, era que lo hacía eligiendo a alguien más joven y más bonita, siendo ella su propia hermanastra.
Frustrada y con el corazón increíblemente lastimado, Karol se alejó de la cafetería con paso apresurado. No tenía ánimos para acercarse y soportar otra discusión con Lourdes, y mucho menos para quedarse a ver cómo esa niña mimada se llevaba la atención de alguien que, aunque no quería admitirlo, le parecía interesante y le había gustado, a pesar de ser más joven que ella y sobre todo su estudiante.
Su corazón, que había sido lastimado hace muchos años, no dejándole espacio para el amor, inesperadamente, hoy había latido como un loco por él y ahora parecía gotear sangre por la interacción que vio entre Alex y Lourdes. No entendía qué le pasaba, pero sabía que necesitaba un poco de tiempo a solas para reflexionar, por lo que se marchó en dirección hacia la que sería su oficina a partir de ahora.
Estaba tan sumida en sus pensamientos mientras se iba, que se olvidó completamente la razón por la que había ido a la cafetería en primer lugar y es que la madre de Lourdes, Roberta, la estaba buscando y no la podía localizar. Sin embargo, al recordarlo una hora después, le importó un carajo. Después de todo, no era su problema.